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SCOTT NEARING Y JOSEPH FREEMAN

LA DIPLOMACIA DEL DOLAR

SCOTT NEARING Y JOSEPH FREEMAN

LA DIPLOMACIA DEL DOLAR

ESTUDIO SOBRE EL IMPERJALISMO YANQUI

M. AGUILAR EDITOR | MARQUES DE URQUIJO, .30 > MAD

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Imprenta de J. Pueyo.—Luna, 29. Madrid.

PREFACIO

Hemos adoptado el título de LA DIPLOMACIA DEL DÓLAR para este volumen, porque resume con más precisión que cualquier otro el crecimiento de los intereses económicos de los Estados Unidos en el extranjero, y el apoyo militar y diplomático que les presta el Gobierno Federal. No se ha llegado a hacer un es- tudio amplio sobre los intereses económicos extraterritoriales de los Estados Unidos. Los documentos oficiales, con ineigni- ficantes excepciones, no han sido publicados desde el año 1915. Así, pues, LA DIPLOMACIA DEL DÓLAR no constituye una historia del imperialismo yanqui, sino una descripción de ciertos ca6os típicos en que los intereses económicos y diplomáticos de los Estados Unidos han entrado en pugna con los intereses econó- micos y políticos de ciertos países «inexplotados». Hemos selec- cionado estos casos, en primer término, porque representan distintas fases del desarrollo imperialista, y en segundo lugar, porque disponíamos de suficientes materiales de primera mano para llevar a cabo un estudio lo bastante competente. La His- toria del imperialismo yanqui todavía está por escribir.

Este libro persigue dos objetos fundamentales: el primero, señalar hasta qué punto siguen los Estados Unidos una políti. ca imperialista, y el segundo, poner de relieve algunas de las más elocuentes características de la política exterior de los Es- tados Unidos.

Los autores no reclaman la originalidad de las ideas ni de los materiales reunidos en este volumen; pero, que ellos sepan, en ningún sitio han aparecido estos datos en la misma forma y con igual propósito general. Siempre que ha sido posible he- mos utilizado las fuentes de información directa, haciendo cons-

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tar los datos tomados de fuentes secundarias. En la bibliogra- fía que figura al final del volumen aparecen referencias com- pletas que abarcan prácticamente todas las citas.

Diseminados en el texto se intercalan varios mapas y diagra- mas, a fin de sintetizar ciertos aspectos del problema, que se prestan a esta forma de estudio. Algunos de los documentos de más difícil acceso se incluyen en el Apéndice.

Hemos de expresar aquí nuestro agradecimiento a las di.- versas personas que nos han ayudado generosamente en la pre- paración de este volumen. Melchor Guzmán y Adrián Richt con- siguieron y tradujeron muchos de los documentos latinoameri- canos, y Adrián Richt preparó gran parte del material referen- te a Cuba. Roberto W. Dunn permitió a los autores utílizar la información estadística que en breve aparecerá bajo su nom- bre en forma de libro. El manuscrito fué leído, en todo o en parte, por los profesores Edwin M. Borchard, Charles A. Beard, Harry Elmer Barnes, Raymond L. Buell, Edward Mead Earle y Thomas S. Adams, así como por Lewis Gannett y James Wel- don Johnson. Sin comprometerse en cuanto a la interpretación, las afirmaciones y conclusiones que presentaba el manuecrito, todos ellos hicieron indicaciones útiles.

Los autores dan las gracias a Miss Ann Coles, que preparó los mapas y diagramas; a Miss Ruth Stout, que puso a máqui- na el manuscrito en su forma final, comprobó las referencias y leyó las pruebas, y a Miss Natalie Brown, que preparó el ma- nuecrito para el editor. La señorita Marion M. Shields y sue ayu- dantes efectuaron un inmenso trabajo al escribir a máquina el primitivo manuscrito.

Debemos especial mención de reconocimiento a la División de Economía de la New York Public Library. Todos los miem- bros de esa oficina se han mostrado corteses, pacientes y ex- tremadamente eerviciales para localizar el material y compro- bar la gran cantidad de datos que aparecen en las siguientes páginas.

Los AUTORES.

New York, 10 de junio de 1925,

INTRODUCCION

LA RECIENTE EXPERIENCIA IMPERIALISTA

Una tras otra, las principales naciones de Europa han salido del feudalismo; han atravesado las revoluciones comerciales e industriales y han entrado en el período del imperialismo finan- ciero. En el curso de esta transformación, el centro del poder económico pasó primero de los terratenientes a los comercian- tes y manufactureros, y después a los hanqueros (1). Durante este proceso, la Europa Occidental desarrolló un sistema econó- mico bajo el cual el camino hacia la renta y el poder consistía en el dominio de diversas formas de riqueza industrial: recur- sos, herramientas, maquinaria, bancos, mercancías, todas las cosas de que depende para vivir la masa de los hombres.

Los propietarios de la riqueza nueva o «capital», como se le llamó para distinguirlo de la «tierra», que constituía la base de la propiedad en la sociedad agrícola, se convirtieron, por ia posesión del capital industrial, en los dueños de los gran- des excedentes económicos, resultado de la producción mecá- nica. Sobre sus hombros pesaba la responsabilidad de invertir estos excedentes dentro del mercado local, o de exportarlos a «inexplotados» territorios extranjeros.

Los dueños del capital no gozaban de entera libertad para decidir. La necesidad económica determina que toda sociedad moderna e industrial debe desarrollar mercados extranjeros para sus productos excedentes; dehe controlar las fuentes de materias alimenticias, combustible, minerales, madera y otras

(1) Hilferding, Rina: Kapital. Hovson, Erolu/ion of Modern Capitalism. Veblen, The Engineers and the Price System.

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materias primas; debe buscar negocios para la inversión del ca» pital sobrante. Los capitalistas europeos ee vieron, pues, obli- gados a buscar mercados, materias primas y oportunidades de inversión, muchas de las cuales hallaron en las Américas, Asia, Africa y Australia, en donde los negocios iniciados o las utili- dades del capital invertido proporcionaban las mayores venta- jas. En estos puntos de máximo rendimiento se colocó el capital y se vendieron los productos.

Hacia 1914, los intereses económicos habían obligado a los principales grupos de empresas de Europa a hacer grandes in- versiones en el extranjero, en uno o más de los continentes por explotar: Africa, Asia, Australia y las Américas (1). De acuer- do con el dicho de que «la bandera sigue al capitalista», cada una de estas naciones industriales organizaba una maquinaria naval y militar suficientemente grande para proteger en el ex- tranjero los intereses de sus comerciantes y capitalistas. Entre 1870 y el principio de la guerra mundial, la construcción de esta maquinaria militar constituía la partida más grande en el presupuesto de cada una de las principales naciones europeae. Una vez creada, la maquinaria militar se utilizó, primero, para desempeñar un papel más o menos importante en la vida inte- rior de los países en que los propietarios de la maquinaria mi- litar tenían importantes intereses económicos; y segundo, para defender la propiedad de los capitalistas contra un posible ata- que de los rivales que quisieran ingerirse en sus negocios.

El papel que el país capitalista desempeñaba en la vida del territorio por explotar variaba desde la pequeña intriga políti- ca hasta el establecimiento de la soberanía. El más próspero de los países industriales, la Gran Bretaña, se hizo. con un im- perio «en el que nunca se pone el sol», y que comprende algu- nos de los mejores vergeles de la tierra. Lilliam C. Knowles (2) ha efectuado recientemente un estudio en el que describe deteni- damente este proceso imperialista.

La expansión económica y el desarrollo del imperialismo finan- ciero no se hallaban circunecritos a Europa. Cuando ee abrió el Japón a la influencia occidental, los miemos fenómenos se re-

(1) Hobson, Export of Capital. Hebson, Imperialism. (2) Knowles, Economic Development of the British Overseas Empire. 0

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pitieron allí. Por virtud de la revolución industrial, una socie- dad feudal y agrícola se convirtió en una comunidad comer- cial y manufacturera, con un excedente económico creciente, una población en aumento, una clase capitalista y el consecuen- te ensanchamiento de intereses imperialistas (1).

Este proceso de descubrimiento de mercados exteriores, de establecimiento de intereses económicos permanentes en el ex- tranjero y del ejercicio de la presión política sobre las regio- nes en que existen los intereses económicos, ha encontrado su principal expresión en Europa, pero no es peculiar a una na- ción, sino que corresponde a cierto grado de desarrollo del ex- cedente económico. J. A. Hobson (2) hace notar que el imperia- lismo «implica el uso de la maquinaria de gobierno por inte- reses particulares, principalmente capitalistas, para conseguir beneficios económicos fuera de eu país». W. S. Culbertson (3) describe el imperialismo como la «expresión económica de la civilización occidental allende los mares». La primera de estas definiciones interpreta el imperialismo como una aventura mer- cantil; la segunda lo presenta como una fase inevitable del capitalismo. Históricamente, sería exacto decir que el imperia- lismo significa la elevación de la clase mercantil al poder. Visto desde este punto (4), el imperialismo se convierte en una fase que atraviesa la sociedad en cierta etapa de su desarrollo económico (5).

Los Estados Unidos, como el Japón y las naciones europeas, han atravesado las etapas económicas que siguieron a las revo- luciones comerciales e industriales; como las naciones europeas, han establecido un sistema que coloca la riqueza excedente en manos de una reducida clase particular de capitalistas; como ellas, se han dedicado a multiplicar el capital en el interior. ¿Hasta qué punto han seguido su ejemplo de buscar mercados extranjeros, de exportar capital y de abrir nuevos horizontes al negocio yanqui en países extranjeros? La respuesta ha de hallarse en la reciente historia económica y diplomática de los Estados Unidos.

(1) Viallate, Economic Imperialism, pág. 72 y siguientes. (2) Hobson, Imperiíalism, pág. 100.

E Annals, vol. 112, pág. 124.

4) Wissler, Man and Culture, pág. 347.

(5) Lenin, Imperialism, the Final Stage of Capitalism,

PRIMERA PARTE

EL FONDO ECONOMICO DEL IMPERIALISMO YANQUI

CAPITULO PRIMERO

La expansión económica de los Estados Unidos 1.—CINCO GENERACIONES DE EXPANSIÓN

Los intereses económicos yanquis han ido en aumento ince- sante desde mediados del siglo xviir, en que los escasos colo- nos esparcidos a lo largo de la costa del Atlántico penetraron en el interior y atravesaron las montañas Allegheny. Primero vino la colonización del territorio Noroeste; después, el movi- miento hacia el Sudoeste. El tercer período, que terminó en la última década del siglo pasado, fué cuando la oleada de hom- bres y capital, surcando los llanos y atravesando lag montañas Rocosas y las sierras, pasó al Pacífico. Luego, en los prime- ros años de la nueva centuria, empezó el cuarto período de ex- pansión—el movimiento de las empresas yanquis hacia regio- nes en donde no ondeaba la bandera de los Estados Unidos. Este último período se denomina generalmente el período del imperialismo económico.

Antes de 1900, había negociantes yanquis en países extran- jeros e ingenieros e industriales norteamericanos que habían penetrado en Méjico, Cuba, Hawai, Canadá y otros territorios vecinos. Sin embargo, no se había exportado un capital de con- sideración, puesto que la demanda local de capital cubría con exceso la cantidad existente del excedente de inversión,

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Durante la media centuria que ha transcurrido desde la or- ganización de la Standard Oil Co. (1870), la vida económica de los Estados Unidos se ha desarrollado con extremada rapidez. . La conversión del país, de una nación inexplotada, agrícola y deudora, que exportaba materias primas y pedía prestado capi- tal para su fomento, en una nación desarrollada, manufacture- ral y acreedora, que exporta manufacturas y capital e importa materias primas, fué acelerada por la guerra. El movimiento, sin embargo, se hallaba en plena marcha antes de empezar la guerra, y con y sin ésta tenía que haber continuado, a causa de la estratégica posición económica que ocupan los Estados Unidos.

2.—LA POSICIÓN ECONÓMICA DE LOS ESTADOS UNIDOS

La fuerte posición económica de los Estados Unidos se debe á sus abundantes recursos v materias primas; a su extenso equipo de maquinaria y capital; a la organización de su fuer- za de trabajo, y a la eficiencia productora resultante. Estos tres elementos han proporcionado un enorme volumen de ri- queza, de rentas y de excedentes invertibles, que han hecho po- sible eu rápido progreso y su transformación en una fuerza económica mundial.

La posición económica natural de los Estados Unidos es muy fuerte: una enorme área de tres millones de millas cuadradas, agrupadas compactamente alrededor de un valle central ribe- reño de gran fertilidad; gran variedad de climas; numerosos y excelentes puertos; una red de ríos; abundancia de madera; grandes yacimientos de combustible y metales importantes.

El segundo punto de importancia a que se debe la posición económica de los Estados Unidos es el equipo mecánico por me- dio del cual se efectúa la producción. Durante los años que pre- cedieron a la guerra hispanoamericana, los Estados Unidos to- davía no tenían todo el capital necesario; pero podían pedirlo prestado a Europa en grandes cantidades. Luego, en años pos- teriores, cuando una gran parte del excedente de los países europeos se invertía en preparativos militares y navales, el re- lativo aislamiento de los Estados Unidos hizo posible que este

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país dedicara prácticamente todo su excedente a la construcción de maquinaria y equipo.

Resulta muy difícil hablar de las ventajas económicas resul- tantes, en términos de ganado, maquinaria agrícola, hornos de fundición, husos de algodón, etc. Mientras que los Estados Uni- dos poseen solamente el siete por ciento de la tierra del mundo y el seis por ciento de la población mundial, cuentan con la tercera parte de las líneas ferroviarias, con la cuarta par- te de las líneas telegráficas, con la sexta parte de las oficinas de correos del mundo y con las cuatro quintas par- tes de los automóviles existentes. No existen en forma comple- ta estadísticas del total del capital industrial y del equipo. Pero el valor del capital industrial era de mil setecientos mi- Tones en 1870, de nueve mil ochocientos millones en 1900, de diez y ocho mil cuatrocientos millones en 1910 y de cuarenta y cuatro mil quinientos millones en 1920 (1).

La masa humana es la fuerza que hace moverse al engra- naje social, y la pericia de la masa humana es el elemento deter- minante en la eficiencia económica. Hay en los Estados Uni- dos unos cuarenta y cinco millones de personas empleadas con remuneración, además de veintiún millones de amas de casa que no trabajan por remuneración. De los cuarenta y cinco millo- nes, dos séptimas partes se encuentran en la agricultura, tres séptimas partes en la industria y el resto se distribuye entre al comercio, los transportes, la minería, el servicio doméstico y las profesiones liberales. Esto constituye una gran masa de hombres y mujeres competentes, acrecentada durante una cen- turia por la constante afluencia de adultos procedentes de Europa.

Europa ha proporcionado grandes sumas de capital a los Estados Unidos. Se pagaban intereses sobre los préstamos y al fin de cuentas se devolvía el capital. Entre 1830 y 1920, Europa ha ¡proporcionado unos treinta millones de inmigrantes a los Estados Unidos, por Jos que éstos no han pagado nada. Estas comtribuciones humanas han sido especialmente abundantes en años recientes. Entre 1870 y 1900 vinieron de Europa a los Es- tados Unidos 10,7 millones de inmigrantes. Entre 1900 y 1920 lle- garon 12,5 millones. Estos inmigrantes, en su mayor parte adul-

(1) Statistical Abstract, de los Estados Unidos, 1923.

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tos, fueron educados y preparados a expensas de Europa, y luego, en la flor de la edad, vinieron a los Estados Unidos a emplear sus energías en construír la industria yanqui.

La combinación de recursos abundantes, gran equipo de ca- pital y una fuerza de trabajo en alto grado organizada, ha dado por resultado un incremento enorme de la productividad yan- qui. Hacia la época de la guerra hispanoamericana (1898) ee dió a las industrias yanquis una base eficaz. Durante los quin- ce años siguientes, mientras la población del país aumentó un treinta por ciento (1),

La producción de trigo.............o.ooococommmmmmo. aumentó 70 por 100 » » MA » 27 »

» » » algodÓN........ocooncoconocom.o » 58 »

» » CATDÓN.....oocoococcccoroncconos » 90 »

» » » Petróleo.........o..o..moommons..o> » 317 »

n » » hierro en bruto............. » 69 »

» » A » 131 »

» » o » 89 »

» » » COMENÍO.....oooccconcnconocnnos » 406 »

Estas ganancias, unidas a las obtenidas durante el período de la guerra, han colocado a los Estados Unidos en tal situa- ción, que produce la cuarta parte del trigo del mundo, la mitad del hierro y del carbón, las tres quintas partes del aluminio, el cobre y el algodón, las dos terceras parte del petróleo, las tres cuartas partes del maíz y las nueve décimas partes de los auto- móviles.

3.—RIQUEZA, RENTA Y EXCEDENTE

Según el censo (2), la riqueza de los Estados Unidos en 1922 era de 322.000 millones de dólares. De esta suma, 176.000 millones corresponden a bienes raíces y cultivos; 19.900 millones, a ferro- carriles y sus equipos; 15.800 millones, a maquinaria, herramien- tas y utensilios fabriles; 15.400 millones, a tranvías y otros ser- vicios públicos, y 36.000 millones, a productos y mercancías. Los

(0 Star Statistical Abstract, de los Estados Unidos, 1923.

Oficina del Censo de los Estados Unidos, Estimated Na- tional Wealth, 1924.

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vestidos, los adornos personales, los muebles, los automóviles -perticulares, etc., gsumaban eolamente 40.000 millones, o sea me- nos de la octava parte de la totalidad.

Es difícil establecer comparaciones con otros países, debido al caótico estado de Europa. Harvey E. Fisk ha procurado ven- .cer esta dificultad reduciendo los cálculos de riqueza de la post- guerra a un denominador común de valores, en dólares, en 1918, Sebre esta base, las cifras que establece para calcular la rique- -za de la postguerra son (1):

Gran Bretaña......o.o......omo........ $8 70.000 millones. FTADCÍA: encia » 57.900 AleMania .......oocconcconccnononccanniono » 65000 RUSIA ad » 45.000 Mala as » 21.250 JADÓN. aiii a » 15.000 Austria-Hungría ....................... » 14.000 B6IICA> sis » 5.000 Estados Unidos.......................... » 230.000

O. P. Austin, perito de estadísticas en el National City Bank, de New York, ha hecho el siguiente cálculo :

Cálculo de riqueza nacional (en billones de dólares).

1922 1912 Estados Unidos..................oooocoocoo.». 320,8 186,3 Reino Unido.................oooooccaccoooo.».. 88,8 79,3 ETADCÍA insta 67,7 57,1 ATOMADÍA: iii ia 35,7 77,8 A 25,9 23,0 RUGÍA. ita tia 56, 1 CAnadé: ud 22,1 10,9 IDOL rias 21,9 CHIA: sunt 19,1 ATRODIIDA: cutis 13,2 11,7 Blu isla 13,0 AUStraHa: iia ds 9,7 6,1

(1) Ingalle, Wealth and Income, 2.* ed., pág. 350. Fisk, In- ter-Ally Debts, pág. 263.

36 SCUTT NEARING Y JOSEPH FREEMAN

La riqueza -total de los Estados Unidos ha ido aumentando econ gran rapidez. En 1850 se calculaba en 7.000 millones de dólares; en 1870, en 30.000 millones; en 1900, en 88.000 millones, y en 1922, en 322.000 millones (1). Ha habido un aumento corree- pondiente en las rentas de los Estados Unidos, desde 31.400 mi- llones de dólares en 1910, 36.000 millones en 1915, a 72,000 millo- nes en 1920 y 59.000 millones en 1922 (2). Es imposible decir exactamente qué parte de esta renta constituye un excedente aprovechable en empresas fuera de los Estados Unidos. Ingalle trata de resolver la cuestión calculando los «ahorros que se ob- tienen cada año de la renta nacional» (3).

Renta total. Ahorros.

(Millones.) 10 ira lisis 33.000 5.000 A 33.000 5.000 A 45.000 14.000 AIN. rs 61.000 22.000 A 72.000 11.000 LR ar aa 59.000 5.000

Estos guarismos de riqueza y rentas no pasan de ser cálculos aproximados; pero dan una idea de las posibilidades de exce- dente de riqueza en los Estados Unidos, especialmente en com- paración con la riqueza y la renta de las principales naciones de Europa.

La fase de producción de excedente de riqueza a que ahora han legado los Estados Unidos, coloca a este país automática- mente en la categoría de los grandes imperios financieros. Este punto lo expresa claramente W. S. Culbertson, en su análisis de las tres épocas principales del reciente desarrollo económico del mundo occidental. La primera es el período de la conquista te- rritorial; la segunda, el período del desarrollo de la eficiencia productiva; la tercera, «el crecimiento de un tipo moderno de

(1) National City Bank, Economic Conditions, Dic. 1924, pá- gina E 8) Statistical Abstract.

3) Ingalls, supra, pág. 203.

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imperialitmo económico. Las raíces de este desarrollo se hallan e la natúraleza del mismo capitalismo. La organización capi- tálista de la producción mecánica tiende a producir más mercan- efás de las que pueden venderse con beneficio. El capital tam- bién tiende a acumularse rápidamente. En otras palabras, el tonstemo, tanto de las mercancías como del capital, tiende a quedarse atrás de la producción. Por consiguiente, la clase ca- pitalista que dirige los negocios modernos busca constantemen- nuévos mercados para vender su mercancía y nuevas posibi- dades para -invertir su capital excedente» (1). Dado que los Estádos Unidos han llegado a la época del imperialismo finan- ciero, su política econónrica exterior ha de seguir las tres direc- ciones siguientes :

"" TS busca de los recursos y las materias primas de que depende la vida de la indústria del país.

- 22 La buscá de mercados que consuman la producción ex- cedente. .-

-3.5 "La busca de oportunidades cxtraterritoriales para em- srerider negocios. Esta última se considera algunas vecég como fa buscá de inversiones, pero es algo más: es una busca de ntévos campos en que puedan llevarse a cabo empresas mer- cantiles, manufactureras, mineras, madereras, etc.

- Eétas tres líneas expansión son las que siguen ahora las empresas yanquis. Detrás de estas empresas están los inmensos foúádos de.riquezá y excedente que le proporcionan fuerza motriz.

4.-—AMPORTACIÓN DE MATERIAS PRIMAS Y ALIMENTICIAS

Todas las naciones industriales se ven obligadas a importar algunas de las materias primas de que se hacen los productos industriales, y algunas de las alimenticias de las que depende la subsistencia de la población industrial. Los Estados Unidos no constituyen ninguna excepción a esta regla general.

Hay dos grupos de materias primas que se compran fuera de los Estados Unidos. Primero, las que los Estados Unidos no producen en absoluto, como el caucho, el yute, la seda y el acei- te de coco (que se produce en grandes cantidades en Filipinas).

(1) Annals, vol. 112, pág. 5

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Segundo, las materias primas que se obtienen en los Estados Unidos, pero en tan pequeñas cantidades o en tan malas con- diciones que resulta más barato comprarlas en el extranjero. En esta segunda clase se encuentran la pulpa para hacer papel, el petróleo, el mineral de hierro, el estaño, el níquel, el platino, el antimonio, el asbesto, el plomo y el nitrato. También se im- portan, en gran escala, lanas, pieles y cueros, debido a la es- casez de la producción doméstica.

Aunque los Estados Unidos producen suficiente cantidad de alimentos para mantener su población, hay ciertos productos alimenticios que se importan en muy grandes cantidades, entre ellos carne, pescado, queso, café, aceite de oliva, cacao, azúcar, plátanos, limones, dátiles e higos.

Desde mediados del siglo pasado, las importaciones de los Estados Unidos han experimentado un desarrollo significativo. En 1850, las «materias primas para ueos industriales» consti- tuían solamente el 6,8 por 100 de las importaciones totales, mientras que las «materias alimenticias manufacturadas en todo o en parte» llegaban al 12,4 por 100; las «manufacturas para ulteriores usos industriales» comprendían el 15,1 por 100, y las «manufacturas listas para el consumo» llegaban al 54,9 por 100 del total. Frente a un 7 por 100 de materias primas, los Estados Unidos importaban más del 82 por 100 de manufactu- ras o semimanufacturas.

En 1910, la situación había cambiado grandemente. Las im- portaciones de «materias primas para usos industriales» cons- tituían el 36,4 por 100; «las manufacturas listas para el consu- mo» habían bajado a 23,6 por 100, mientras que los demás ar- tículos se mantenían en las mismas proporciones. Durante este período, por lo tanto, el objetivo de las compras que los Esta- dos Unidos hacían en el extranjero se desplazaba de los ro ductos manufacturados a las materias primas (1).

El valor de las materias primas importadas aumentó de 1850 a 1920 casi en 150 veces. El valor de los productos manu- facturados sólo aumentó, durante el mismo período, nueve veces.

Este cambio en el carácter de las importaciones yanquis, de productos manufacturados a materias primas, ha produci-

-—-—

(1) Statistical Abstract, 1922, pág. 666.

LA DIPLOMACIA DEL DÓLAR 19

do forzosamente un cambio correspondiente en las fuentes ex- tranjeras de adquisición de los Estados Unidos. Los produc- tos manufacturados venían de los países industriales «le Euro- pa. Las materias primas venían, principalmente, del Canadá, Méjico, América Central, Antillas y Filipinas.

5.—LOS MERCADOS EXTRANJEROS

La presión para la venta de artículos en el extranjero pro- viene de dos causas. Por una parte, el excedente de lo que pro- duce la industria altamente especializada no puede muchas veces realizarse dentro del país mismo en que se produce. En segundo lugar, las materias primas y otros productos de ori- gen extranjero sólo pueden pagarse, a la larga, con la exporta- ción de mercancías. De aquí que los intereses mercantiles de toda gran nación económica la obliguen a vender fuera de las fronteras nacionales. Durante la época de la guerra mundial, - los Estados Unidos se convirtieron en la primera nación del mundo, después de la Gran Bretaña, en cuanto a comercio exterior.

Como otros países industriales, los Estados Unidos han sido, durante una centuria, una nación exportadora ; pero el carác- ter de sus exportaciones, especialmente desde mediados del si- glo xix, ha sufrido una modificación muy considerable.

Hace unos setenta años, casi las dos terceras partes del to- tal de exportaciones yanquis eran materias primas para usos industriales, y más de las cuatro quintas partes de las expor- taciones eran materias primas y alimenticias. Las manufactu- ras listas para el consumo constituían solamente poco más de una décima parte del total de las exportaciones en este período.

A fines del siglo, las manufacturas listas para el consumo habían aumentado a cerca de una sexta parte del total, mien- tras que las materias primas para usos industriales habían bajado a una tercera parte del mismo. De 1910 en adelante, el cambio fué rápido. Las materias primas bajaron «a una cuarta parte del total. Las materias primas y los productos alimenti- cios en bruto constituyen en conjunto menos de las dos quin- tas partes de las exportaciones, mientras que las materias ali- menticias, manufacturadas en todo o en parte, las manufac-

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turas para ulteriores usos industriales y las manufacturas listas para el consumo, comprenden ahora más de las tres quintas partes de todas las exportaciones yanquis (1).

Mientras los Estados Unidos exportaban materias primas y alimenticias, el destino lógico de ellas era Europa. La tranefor- mación en la vida económica yanqui, que ha hecho a los Es- tados Unidos a su vez ocupar un lugar principal entre las na- ciones industriales, ha desplazado la mayor parte de las ex- portaciones del campo de las materias primas al de las mate- rias manufacturadas, y asimismo ha desplazado forzosamente el mercado de sus exportaciones.

La forma dramática en que ha ocurrido este cambio de des- tino de las exportaciones puede ilustrarse con los guarismos que demuestran las exportaciones a los dietintos continentes (2). Desde 1850, las exportaciones a la América del Sur han sido relativamente constantes. En esa fecha, el 5,9 por 100 de todas las exportaciones americanas iban a América del Sur. En 1922, el porcentaje fué otra vez de 5,9 por 100. Mientras tanto, ha habido variaciones. Las exportaciones a Africa comprendían el 1,5 por 100 del total en 1922. Desde 1895, han sido relativa- mente constantes. Las exportaciones a Oceanía fueron del 2,7 por 100 en 1922. Han aumentado un poco. El verdadero cam- bio en las exportaciones de los Estados Unidos puede cono- cerse comparando las exportaciones a Europa con las exporta- ciones a la América del Norte y a Asia. Durante los primeros años del imperialismo americano, las tres cuartas partes del total de exportaciones americanas iban a Europa. Actualmente, esta proporción se ha reducido a cerca de la mitad. Durante el mismo período, las exportaciones a Asia han aumentado cinco veces y las de Norteamérica han subido de una sexta parte a una cuarta parte del total. Europa, centro industrial, absorbe, principalmente, materias primas y alimenticias. Asia y las Américas, mercados de artículos manufacturados, han atraído la atención creciente de los negociantes americanos.

Europa es todavía el mejor mercado para los productos yan- quis. Su población compra aproximadamente la mitad de los artículos que exportan los Estados Unidos. De esta mitad, más

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(1) Statistical Abstract. (2) Foreign Commerce and Navigation.

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de las dos quintas partes corresponden al Reino Unido, mien- tras que la séptima parte la consume Alemania. El Reino Uni- do, Alemania y Francia juntos compran las siete décimas par- tes del total de exportaciones que envían los Estados Unidos a Europa. En 1922, había siete naciones europeas, cada una de las cuales compraba mercancías de los Estados Unidos por valor de más de 50 millones de dólares. El Reino Unido encabe- za la lista con 855 millones de dólares; España la cierra con 7/1 millones de dólares.

Las exportaciones americanas a América del Norte van prin- cipalmente al Canadá, que absorbe más de la mitad del total de las exportaciones destinadas a las naciones norteamericanas. Agréguense a esto Cuba y Méjico, y se tendrá más del 90 por 100 de las exportaciones a la América del Norte.

El total de exportaciones a la América del Sur equivale so- lamente a la mitad de las exportaciones efectuadas al Canadá. La Argentina, Chile, Brasil y Colombia son los principales merca- dos. Las exportaciones a Asia ee circunscriben en realidad a Chi- na y al Japón, absorbiendo este último país la mital del total de las exportaciones a Asia. Casi todas las exportaciones a Oceanía fueron a Australia y a Nueva Zelandia, a razón de cuatro por uno. Africa no ofrece en realidad ningún mercado para los : artículos americanos.

El cambio en el tipo de los artículos exportados y en el desti- no de las exportaciones es harto evidente. Los Estados Unidos dejan de exportar materias primas para el uso de naciones industriales; se procuran sus propias materias primas; impor- tan aquellas de que carecen, y venden los productos manufac- turados.

6.—LA EXPORTACIÓN DE CAPITAL

La exportación y la importación de artículos pueden sola- mente implicar una relación tconómica transitoria. El comer- ciante, en el mejor de los casos, no es demasiado permanente. La exportación de capital, por el contrario, significa que los capitalistas yanquis han adquirido minas, ferrocarriles, hacien- das, fábricas y otras propiedades de carácter permanente, fuera del territorio en el que el Gobierno de los Estados Unidos ejerce su jurisdicción. Las empresas yanquis han traspasado las fron-

92 SCOTT NEARING Y JOSEPH FREEMAN

teras de los Estados Unidos y buscan oportunidades de negocios en los yacimientos petrolíferos de Méjico, en los ingenios de azúcar de Cuba y en las líneas ferroviarias de Centroamérica.

Frecuentemente se ha descrito esta fase del desarrollo eco- nómico (1). Las principales naciones induetriales de Europa lo han experimentado todas, cuando el excedente económico ha po- dido encontrar un mejor mercado para inversiones en el extran- jero que dentro de su propio territorio. Al principio del siglo actual, los Estados Unidos habían alcanzado esta etapa en su desarrollo económico, y las experiencias de la guerra compri- mieron en una década lo que en circunstancias ordinarias hu- biera abarcado un período mucho más largo. Hoy los Estados Unidos, como nación capitalista de primera fila, se encuentran, no sólo con unos veinte mil millones de dólares de intereses eco- nómicos en el extranjero, sino también con una demanda siem- pre creciente de nuevas inversiones. Los Estados Unidos se han convertido en exportadores de capital, y lo seguirán siendo mientras haya excedentes de capital que busquen inversiones y mercados en que poder hacer dichas inversiones.

Durante los años 1904 y 1905 ee levantaron varios emprésti- tos japoneses en los mercados financieros de Norteamérica y Europa, y en marzo de 1907, cuando fueron amortizados 115 millones de dólares de estos empréstitos, la mitad de la carga fué asumida por banqueros yanquis. Estas operaciones pueden considerarse como la primera verdadera aventura de los finan- cieros yanquis en el campo de las finanzas internacionales (2).

Los capitalistas yanquis poseían en 1900 obligaciones extran- jeras por valor de unos 500 millones de dólares, distribuídos en la siguiente forma: del Canadá, 150 millones; de Méjico, 185 millones; de Cuba, 50 millones; de otras naciones latinoameri- canas, 55 millones; de Europa, 10 millones, y de China y el Japón, 5 millones (3). Como compensación a esta tenencia de obligaciones, había unos 3.000 millones de dinero extranjero invertido en obligaciones yanquis, principalmente ferrovia-

(1) Hobson, Export of Capital, caps. 1 y II. Comisión Na- cional Monetaria de los Estados Unidos. Publications, vol. 20, pág. 155.

(2) Annalist, vol. 16, pág. 452.

(3) Fisk, Inter-Aly Debts, pág. 306.

LA DIPLOMACIA DEL DÓLAR 23

| Productos agricolas Incremento en su volumen de 1850 a1920

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25 SCOTT NEARING Y JOSEPH FREEMAN

INDUSTRIA - 1850-1920

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1909 1959 1869 1879 1 ws

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LA DIPLOMACIA DEL DÓLAR 25

Desarrollo de la población de los Estados Unidos de 1800 a1920

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MILLONES DE PERSONAS

Incremento de la riqueza de los Estados Unidos de 1850 a 1920

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26 SCOTT NEARING Y JOSEPH FREEMAN

Mineria | Incremento de la produccion de 1850a 1920

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LA DIPLOMACIA DEL DÓLAR 4

rias (1). Sir George Paieh calcula el total de inversiones extran- jeras en los Estados Unidos en 6.000 millones de dólares (2). La Bankers Trust Company sugiere la posibilidad de 7.000 millo- nes (3). Esta situación hacía de los Estados Unidos un deudor de cuantía del mundo extranjero.

A la década eiguiente subió rápidamente el volumen de las inversiones yanquis en el extranjero. En 1909 era de 2.000 millo- nes de dólares, y en 1913 había llegado a 2.500 millones (4). La mitad de esta suma se hallaba en la América latina y más de una cuarta parte en el Canadá. La guerra con España, en 1898, había dado a los Estados Unidos las Filipinas, Puerto Rico y un protectorado temporal en Cuba; Hawai había sido anexio- nado durante la guerra, y así se había puesto la base política para la expansión económica, al mismo tiempo que el desarro- llo económico de los Estados Unidos proporcionaba un gran fondo de excedentes para inversiones.

Los Estados Unidos eran todavía deudores del extranjero en 1913; pero el total de las inversiones yanquis en el extran- jero aumentaba más rápidamente que el total de las inversio- nes extranjeras en los Estados Unidos.

La guerra de 1914 facilitó grandemente la transformación de los Estados Unidos, de nación deudora, en nación acreedora.

Durante los años de la guerra, los Estados Unidos, no sola- mente recobraron unos tres billones de obligaciones yanquis poseídas en el extranjero, sino que adelantaron además al ex- tranjero, en forma de materiales, créditos, etc., unos nueve bi- llones de dólares. Durante los cuatro años y medio de la gue- rra, las exportaciones de los Estados Unidos llegaron a 22.974 millones de dólares, mientras que las importaciones fueron de 11.166 millones, lo que dejaba un saldo de 11.000 millones a fa- vor de los Estados Unidos (5).

Esta tendencia a hacer inversiones en el extranjero, estimu-

bdo, 265 de Export of Capital, cap. VI. Yale Review, vol. 9, páge (2) Comisión Nacional Monetaria de los Estados Unidos, 8 DR oa ág. 310.

( isk, supra, pág.

(2) Ta, np e

5) AñO cla ción Económica Americana, Proceedings, 1920, pá- gina 22.

28 SCOTT NEARING Y JOSÉPH FREEMAN

lada por la guerra, siguió operando aún después de que la de- presión de 1920 a 1921 redujera la prosperidad de la postguerra. D. R. Criesinger (1), inspector del Tesoro de los Estados Uni- dos, resumió «nuestra contribución financiera al extranjero», de agosto de 1914 a agosto de 1922, como sigue:

Milo de dólares Obligaciones yanquis recobradas del extranjero......... 3.000 Empréstitos oficiales yanquis............oococcioonncocnnncnncinnnss 10.000 Intereses devengados sobre los MiSINOS...........o.o..omooo.... 2.000 Créditos comerciales abiertos en el extranjero............... 3.000

Obligaciones de dólares compradas a naciones ex-

(FAnjeras.: ninio 2.731 Obligaciones de moneda extranjera vendidas aquí...... 620 Moneda extranjera comprada por los Estados Unidos. 500 21.851

Las exportaciones de capital yanqui, después de la guerra, han sido grandes. Las obligaciones extranjeras emitidas en los Estados Unidos sumaron (2):

622 millones de dólares en 1920

675 1921 897 1922 398 1923 1.208 1924

Las emisiones de 1924 comprendían 567 millones de dólares Aa Europa, 244 millones al Canadá y Terranova, 207 millones a la América latina y 189 millones a Asia (3).

Estas obligaciones extranjeras, vendidas en el mercado yan- qui, «no representaban todo el éxodo del capital». «Además, du-

(1) Economic World, n. s. vol. 24, pág. 413. Review of Eco- nomic Statistics, vol. 1, pág. pág. 96 aa Reserve Bulletin, de los Estados Unidos, de 10, S. Commerce Reports, enero 26, 1925, págs. 184 POR Iba. pág. 186.

LA DIPLOMACIA DEL DÓLAR 29

rante el año se abrieron gran número de créditos bancarios a corto plazo y se hicieron considerables inversiones industriales directas. Pero es en extremo difícil obtener datos exactos de estas partidas» (1).

Además de estas compras de obligaciones y de estas opera» ciones de crédito, los intereses yanquis han proseguido la ex pansión de sus apropiaciones en el Canadá y la América lati- na. «Una Compañía norteamericana se ha hecho cargo de las líneas telefónicas de España». Y otros capitalistas yanquis han comprado a sus propietarios ingleses la Anglo-Chilean Nitrate and Railway Company (2).

Las exportaciones de capital en 1925 prometen exceder las de 1924. El 13 de marzo de 1925, el New York Times daba una Hasta de empréstitos extranjeros pendientes, que se elevaba a más de mil millones de dólares, y predecía que el total de obligaciones extranjeras que se venderían en los Estados Unidos en 1925 sería de más de billón y medio.

La década posterior a 1914 ha presenciado el reembolso de la deuda contraída por la industria yanqui con los capitalistas extranjeros, y la acumulación de obligaciones por valor de más de 20.000 millones, en manos de los industriales yanquis y del Gobierno de los Estados Unidos, contra los industriales y los Gobiernos de las naciones extranjeras.

7.—LOS CRÉDITOS DEL GOBIERNO DE LOS ESTADOS UNIDOS

El haber económico de los Estados Unidos en el extranjero se halla repartido aproximadamente por partes iguales entre las obligaciones contraídas por Gobiernos europeos con el Gobierno de los Estados Unidos y lose créditos comerciales, las inversio- nes y las empresas del mundo de los negocios. Esta clasificación económica conduce a una clasificación geográfica. Los créditos oficiales americanos se han abierto casi exclusivamente en Eu- ropa; el haber de los Estados Unidos en negocios extranjeros se encuentra principalmente en las Américas.

Las sumas que actualmente deben los Gobiernos europeos al

(1) U. S. Commerce Reports, enero 26, 1925, pág. 184. (2) Ibid.

30 SCOTT NEARING Y JOSEPH FREEMAN

Gobierno de los Estados Unidos se elevan a unos 12.000 millones de dólares. De esta suma, 9.500 millones representan emprésti- tos de guerra originales; unos 1.000 millones representan los créditos por excedentes de provisiones de guerra vendidos por el Gobierno de los Estados Unidos a Gobiernos europeos, y el saldo cubre los intereses devengados e insolutos.

- Los principales deudores son: la Gran Bretaña, con una deu- da total de 4.577 millones de dólares; Francia, con una deuda total de 4.137 millones; Italia, con una deuda de 2.097 millones, y Bélgica, con una deuda de 471 millones. Armenia, Austria, Checoeslovaquia, Estonia, Finlandia, Grecia, Hungría, Latvia, Lituania, Polonia, Rumania, Rusia y ES deben sumas mucho más pequeñas ie

: 8.—LA DISTRIBUCIÓN DE LAS INVERSIONES INDUSTRIALES

Las inversiones de capital yanqui en negocios extranjeros constituyen un hecho tan reciente, que todavía no han sido el objeto de estudios tan completos como Imperialism, de J. A. Hobson, o Export of Capital, de C. K. Hobson. Sin embargo, el Departamento de Comercio ha llevado a cabo algunas estadís- ticas, la Guaranty Trust Company y el Federal Reserve Board publican las listas de las emisiones de bonos de estados, muni- cipalidades y corporaciones, efectuadas por intereses extranje- ros en los Estados Unidos, y en varios estudios particulares se ha tratado, con alguna extensión, de las inversiones de capital en determinadas regiones.

W. R. Ingalls (2) calcula el total de las inversiones comer- ciales yanquis en las naciones extranjeras en 2.977 millones de dólares en 1916, y en 3.993 millones en 1920. Las inversiones en 1920 se distribuyen como sigue: América del Sur, 535 millo- nes; América Central, 93 millones; Canadá, 1.450 millones; Mé- jico, 800 millones; Cuba, 525 millones; Europa, 470 millones, con inversiones esparcidas por otros países.

La Bankers Trust Company (3) distribuye las «inversiones (1) Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, Annual Report, 1923, 24, . 230.

(2) Ingalle, Wealth and Income, cap. 1TI.

(3) Fisk, Inter-Ally Debts, pág. 310.

3 “LA DIPLOMACIA DEL .DÓLAR . 31

-del pueblo americano en países extranjeros en 1923», como 6i- gue: América del Norte, 3.556 millones de dólares; América Cen- trál, 4 millones; América del Sur, 823 millones; Antillas, 354

¡lones, lo que hace un total para las Américas de 4.737 mi- lMlones. En el mismo estado se calculaba en un millón las 'in- versiones en Africa; en 476 millones, las inversiones en Asia; en 2.194 millones, las inversiones en Europa, y.en 22 RE las de Oceanía.

Los cálculos del departamento de Comercio sobre las inver- siones yanquis son mucho más elevados que los de la Bankers Trust Company y, al parecer, con razón. Es difícil, por ejem» e read cómo las inversiones en la América Central pueden calcularse en cuatro millones y las inversiones en las Antillas en 354 millones, según la tabla de la Bankers Trust Company, cuando solamente las. propiedades de la United. Fruit Company en la América Central y las propiedades yanqui do azúcar en Cuba excederían con mucho esa suma.

El Departamento de Comercio calcula las inversiones: yan- quis en el extranjero a fines de 1924, como eigue (1):

¿BUDA dió 1.900 millones de dólares.

“Asia y Oceanía ........oo......... 69 » CM América Latina ....... As 4.040 » » Canadá y Terranova ............. 2.460 » JN

-9.—10S NUEVOS CAMPOS ABIERTOS AL NEGOCIO YANQUI

El comercio exterior y la exportación de capital han abierto nuevos y vastos campos al negocio yanqui. Las grandes can- tidades de recursos naturales, las grandes sumas de capital dis- ponible, y la eficiencia técnica de la industria yanqui crean ex- ceflentes que encuentran mejores oportunidades de inversión fupra de los Estados Unidos que dentro de su propio territorio. Lg coristante demanda de ciertas materias primas, tales como el caucho, el aceite y la seda, que no se producén en suficien- tes cantidades dentro de los Estados Unidos, obliga' a--las.em-

(1) Trade Information Bulletin. Estados Unidos. Núm. 340, ág. 12 a

2 SCOF? NUARING Y JOBBPH FREEMAN

presas americanas a buscar las fuentes de tales productos y adueñarse de ellas. Los empréstitos de guerra, la partida más grande en el haber exterior de los Estados Unidos, han coloca- do a diez y seis naciones europeas en la condición de deudoras del tesoro yanqui.

Los Estados Unidos, como otros países industriales que, de abastecedores de materias primas, pasan a sér vendedores de artículos manufacturados, tienen que efectuar esta transfor- mación en sus relaciones económicas. Las exportaciones de los Ertados Unidos en 1922 representaron más de la sexta parte de todas las exportaciones del mundo. En 1922 sumaban 3.765 millones de dólares, en comparación con 3,190 millones del Reíi- o Unido, 1.673 millones de Francia, 783 millones del Japón y $3 millones de Italia. Aunque estas exportaciones comprendían solamente un reducido porcentaje del volumen total de los pro- ductos económicos yanquis, los Estados Unidos han pasado a ser uno de los competidores en la lucha mundial por estaMe- cer y mantener mercados en el extranjero.

Se calcula que la renta de los Estados Unidos después de la guerra es tan grande como las de.la Gran Bretaña, Francia, Italda, Rusia y Alemania juntas. No hay manera satisfactoria de calcular los excedentes que estos pafíees pueden invertir; pero la posición de los Estados Unidos a 6u lado es harto evi- dente (1).

10.—LAS CONSECUENCIAS POLÍTICAS DEL. IMPERIALISMO ECONÓMICO

El Gobierno y los capitalistas de los Estados Unidos póseen títulos contra Gobiernos y bienes extranjeros por valor de más de 20.000 millones de dólares. La mayor parte de los emprésti- dos oficiales corresponden a Europa, y la mayor parte de las inversiones particulares, al Canadá y la América latina.

Estos hechos son indiscutibles; no son sino la estadística de los negocios americanos en el extranjero. Considerados, ein erabargo, desde un punto de vista social, constituyen la estruo- tura. económica del imperialismo yanqui.

Las actividades económicas se reflejan, tarde o temprano,

(1) Fisk, supra, pág. 265.

LA DIPLOMACIA DEL DÓLAR 33

en la esfera de la política. Es, pues, solamente cuestión de tiem- po que las inversiones de capital en el extranjero modifiquen la política exterior. Esto es un lugar común en Europa, en donde imperios como la Gran Bretaña y Francia están acostumbra- dos a tratar las cuestiones políticas que surgen en sue inver- siones de capital en el extranjero. Pero el problema es nuevo en los Estados Unidos. Apenas ha transcurrido una generación desde que los Estados Unidos se convirtieron en nación capi- talista; hasta la última década no han empezado a adquirir verdadera importancia en la vida pública de los Estados Uni- dos los problemas políticos suscitados por las inversiones en el extranjero. Aun cuando no es posible afirmar que exista una conexión inexorable en las relaciones entre las inversiones eco- nómicas y la diplomacia política, la experiencia de los Esta- dos Unidos, durante los últimos doce años, confirmada por la experiencia anterior de los imperios financieros europeos, pa- rece indicar un desarrollo que puede describirse brevemente como sigue:

1.2 Tiene lugar la emigración del capital; pero sin conse- cuencias políticas, como en las relaciones económicas existen- - tes entre los Estados Unidos y el Canadá. (Véase el capítulo 11.) | 2.2 El capital, al emigrar a naciones extranjeras, no tarda en volverse exigente para con los Gobiernos extranjeros den- tro de cuya jurisdicción se colocan las inversiones. Sus exi- _ gencias se apoyan en concesiones, contratos bancarios, etc. Si bien la distinción entre las emigraciones no políticas del capital y las emigraciones de capital que obedecen a conce- siones no es muy marcada, suele ponerse de manifiesto en la distinta conducta política observada. Bolivia se halla ahora en la mitad del camino entre la emigración pacífica del capital y el control político de los banqueros yanquis. (Véase el capíÍ- tulo 11.)

3.2 Los intereses yanquie han estado trabajando durante tres décadas para obtener concesiones en China. Sus esfuerzos para adueñarse del petróleo en el cercano Oriente han durado más de doce años. (Véase el capítulo 111.)

4.2 La afluencia del capital yanqui y la participación de sus representantes en la actividad política local conducen a la inter- vención activa en las cuestiones interiores de naciones extran- jeras, como en Hawai y Méjico. Esta intervención ha adoptado

3

34 SCOTT NEARING Y JOSEPH FREEMAN

la forma del fomento y apoyo de revoluciones. (Véase el capí- tulo IV.)

5.2 En donde los capitalistas yanquis no eon tratados satiefactoriamente por las autoridades locales, piden apoyo al Gobierno de los Estados Unidos. En muchos de tales casos la fuerza armada de este país ha intervenido en los asuntos inte- riores de naciones como Haití, Santo Domingo y Nicaragua. (Véase el capítulo V.)

6.2 Cuando un territorio ha aceptado el control de los Es- tados Unidos cesa la ocupación militar. (Véase el capítulo VI.)

7.2 El cuadro se completa con la conquista armada del te- rritorio (las Filipinas, capítulo VIT) y con la compra de terri- torio (las islas Vírgenes, capítulo VIT), sin consultar los deseos de los pueblos que se traspasan a la soberanía americana.

Este ciclo puede ilustrarse mejor con las relaciones entre los Estados Unidos y los países del mar Caribe, puesto que ad- quiere su máxima expresión en donde una nación fuerte trata con una nación débil. La guerra estableció importantes rela- ciones económicas entre los Estados Unidos y sue semejantes europeos, siendo el resultado una gran deuda hipotecaria a fa- vor de los Estados Unidos y en contra de Europa. (Véase el ca- pítulo VITT.)

Durante todo este proceso, los intereses económicos actúan de la mano de los funcionarios del Gobierno norteamericano. En el curso de esta cooperación se ha desarrollado una técnica imperialista, que ya se encuentra muy adelantada y que la aceptan y practican tanto los Gobiernos demócratas como los republicanos. (Véase el capítulo IX.)

OTRAS Y ¡ANTILLAS

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EN AMBAS AMERICAS

Los circulos indican el volumen aprox:mado

SEGUNDA PARTE

EL IMPERIALISMO YANQUI EN ACCION

CAPITULO PRIMERO La penetración económica

1.—LA PRIMERA CUÑA DEL IMPERIALISMO

La penetración económica pacífica, primera cuña del impe- rialismo, es una resultante de la emigración del capital.

En la actualidad, el capital es probablemente más flúido y más móvil que el trabajo. Durante el siglo pasado, el capital de loe países industriales llegó a los puntos más remotos de la tie- rra : primero, en forma de comercio y de transportes marítimos ; después, en empresas de minería, agricultura, manufacturas, etc. C. K. Hobson (1) da una relación detallada de las inversiones en Inglaterra de todo el orbe; el primer capítulo de este libro refiere cosa semejante respecto a los Estados Unidos, y el principio de la emigración del capital, con pequeñas variantes, puede apli- carse a todos los grandes países industriales. De la misma ma- nera que el capital flúido (crédito) se tranefiere de Nueva York v Boston a Kansas City y Denver, envíase de París y Londres a Buenos Aires, Ciudad del Cabo y Toronto. Las fronteras na- cionales dificultan el movimiento del capital; las guerras lo restringen temporalmente; pero, por regla general, es más fá- cil obtener el visado de una operación financiera que el de un

(1) Hobson, Export of Capital.

38 SCOTT NEARING Y JOSEPH FREEMAN

pasaporte de emigración. «En nuestros tiempos—escribe C. K. Hobson (1)—la emigración del capital se diferencia cada vez más de la emigración de las personas. Ha llegado a hacerse po- sible que los individuos puedan trasladarse de un país a otro, conservando todos sus derechos sobre el capital que deja tras de sí. De la misma manera, sin moverse de su país, los indi- viduos pueden enviar sue bienes al extranjero, conservando sue derechos sobre ellos y obteniendo una retribución periódi- ca por los servicios que prestan,

La emigración del capital puede estudiarse más claramen- te en el caso de dos países vecinos, como el Canadá y los Esta- dos Unidos, que poseen la misma lengua y las miema costum- bres mercantiles. En tal caso, dado un grado razonable de es- tabilidad y seguridad, el movimiento de capital es casi tan libre como entre los diversos Estados de la Unión Americana. Esto es especialmente cierto cuando hay excedente de capital de un lado de la frontera y escasez en el otro.

2.—LA AYUDA FINANCIERA DE UNA NUEVA CIVILIZACIÓN

El Canadá, como los Estados Unidos, fué colonizado y se halla habitado por europeos y sus descendientes, al contrario de lo que sucede en Méjico, en donde el 90 por 100 de la población es india. El industrialismo en el Canadá creció muy lentamente hasta 1900, y durante los últimos veinte años ha hecho gran- des progresos, sobre todo bajo la presión de las demandas de la guerra. Hace veinticinco años, los agricultores v banqueros de los Estados Unidos tenían dentro de sus propias fronteras amplio campo para su expansión. Con el agotamiento de las tierras libres, sin embargo, los abundantes e inexplotados re- cursos del Canadá adquirieron una importancia vital para los agricultores, mineros, madereros y otros negociantes yanquis.

El Canadá tiene medio millón más de millas cuadradas que los Estados Unidos; el total de sue tierras productivas se calcu- la en 537,8 millones de acres (en comparación con 293,8 millones en los Estados Unidos). La extensión forestal del Canadá se calcula en 800 millones de acres, comparada con 500 en los Es-

(1) Hobson, Export of Capital, páge. 77-78.

LA DIPLOMACIA DEL DÚLAR 39

tados Unidos. El Canadá posee la sexta parte del total de las reservas de carbón del mundo, y solamente en Terranova se encuentran 3.635 millones de toneladas de mineral de hierro frente a unos 4.200 millones en todos los Estados Unidos. E. C. Eckel (1) hace notar que existen a lo largo del Canadá, desde Nuevo Brunswick hasta la Columbia británica, yacimien- tos que aun no han sido bien estudiados.

Estas enormes extensiones de tierra agrícola y forestal y de yacimientos de carbón y de hierro hacen del Canadá el campo lógico de expansión para los Estados Unidos. Dentro de pocos años, los Estados Unidos ya no producirán suficiente trigo y car- ne para alimentar a 6u propia población. Entonces, el trigo ca- nadiense resultará indispensable. Ya en la actualidad la pro- ducción de madera de los Estados Unidos ha disminuido nota- blemente; y se recurre a las reservas forestales del Canadá para la industria del papel y para la de la madera labrada. En par- ticular, el carbón de Nueva Escocia y el hierro de Terranova constituyen ventajas económicas de extraordinaria importancia para la gran industria yanqui.

3.—LA CRECIENTE DEMANDA DE CAPITAL EN El. CANADÁ

. El Canadá, por su parte, no se ha dado prisa a desarrollar sus recursos. Aunque el territorio canadiense fué colonizado al mismo tiempo que el de los Estados Unidos, han intervenido varios factores que han impedido el crecimiento de la pobla- ción y de la industria canadiense. Actualmente, aun cuando el área del Canadá es mayor que la de los Estados Unidos, la po- blación constituye solamente un 7 por 100 de la de los Estados Unidos, y es igualmente notable la diferencia que hay entre las riquezas de ambos países. Con la terminación de las líneas del ferrocarril transcontinental a fines del pasado siglo, se estable- cieron las bases para una nueva expansión canadiense, en el curso de la cual tanto el capital inglés como el vanqui han pe- netrado en un grado considerable en el Dominio.

(1) Eckel, [ron Ores, págs. 378-3705.

40 SCOTT NEARING Y JOSEPH FREEMAN

4.—LOS BANQUEROS INGLESES PROPORCIONAN EL PRIMER CAPITAL CANADIENSE

Hasta 1900, el volumen del capital inglés invertido en el Ca- nadá fué reducido. Pero al abrirse el Oeste del Canadá, y con el desarrollo de la minería, la manufactura, la industria de la madera y la agricultura, se creó un nuevo campo de acción que los capitalistas ingleses aprovecharon gustosos. Fué tan répido el desarrollo de la demanda de capital en el Canadá, que en 1910 tenía el Canadá más capital inglés invertido que ningu- nu otra colonia inglesa (1).

En 1913 las emisiones canadienses en Londres sumaban 47 millones de libras esterlinas, de un total de 245 millones de 1- bras de las suscripciones de capital hechas en el Reino Unido, o sea casi la quinta parte del total. Este movimiento continuó hasta la víspera misma de la guerra: en los primeros seis me- ses de 1914 más de 38 millones de libras esterlinas de capital inglés encontraron la misma salida (2).

C. K. Hobson calcula (3) que en 1913 los capitalistas ingle- ses invirtieron 44 millones de libras esterlinas en el Canadá, frente a 18 millones de libras en Australia, 18 millones en los Estados Unidos, 15 millones en el Brasil, 11 millones en la Ar- gentina y cantidades menores en otros países. Calculaba el to- tal del dinero invertido en el extranjero por los capitalistas in- gleses, en 1913, en 515 millones de libras esterlinas en el Cana- dá, 378 millones de libras en la India y Ceilán, 370 millones en Africa del Sur, 319 millones en la Argentina y 754 millones en los Estados Unidos.

Al estallar la guerra, el Canadá era, por lo tanto, el prin- cipal recipiente de los nuevos fondos de inversión de la Gran Bretaña (la principal nación del mundo que entonces invertía dinero) y, con la excepción de los Estados Unidos, el Canadé tenía más inversiones inglesas que ningún otro país del mundo.

(1) Annals, vol. po 29 y siguientes, (5) Annals, 68, poe 3) Ibid., pág.

LA DIPLOMACIA DEL DÓLAR 41:

5.-—LOS CAPITALISTAS YANQUIS ENTRAN EN ESCENA

El Monetary Times Annual de 1914 calcula las inversiones de los Estados Unidos en el Canadá como sigue:

1 dt $ 279 millones. Diosas » 417 » MiB. ceo » 636 »

Las inversiones inglesas en el Canadá, en 1910, se evaluaron en 365 millones de libras esterlinas (1). Cinco años antes de la guerra las inversiones yanquis en el Canadá constituían me- nos de la sexta parte de las de la Gran Bretaña,. mientras que, al estallar la guerra, equivalían a la cuarta parte de las inver- siones británicas.

Ya 1914, sin embargo, la dependencia económica del Ca- nadá de los Estados Unidos era considerable. Mientras la ma- yor parte de eus exportaciones iba a las islas Británicas, la ma- yor parte de sus importaciones procedía de los Estados Unidos. Así, en 1913 las exportaciones de productos canadienses suma- ron un total de 356 millones de dólares, de los cuales casi la mi- tad (170 millones de dólares) fueron al Reino Unido y 140 millo- nes a los Estados Unidos. En el mismo año Canadá importó mer- cancías por valor de 671 millones de dólares, de los cuales dos terceras partes (437 millones) procedían de los Estados Unidos y solamente 139 millones procedían del Reino Unido (2). Así, pues, el Canadá pedía prestado en gran escala a la Gran Bre- taña y empleaba parte del dinero en pagar las mercancías que compraba a los Estados Unidos.

Mientras tanto, se producían otros dos movimientos de im- portancia. Agricultores del Oeste Central emigraban a la zona tríguera del Canadá, mientras que casas comerciales de los Es- tados Unidos establecían fábricas y sucursales en los principa- les centros comerciales del Canadá.

(1) Annals, 68, pés 218. (2) Canada Year Book, 1922-23, páge. 474.5.

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6.—LOS RESULTADOS DE LA GUERRA

La guerra aumentó la demanda de mercancías canadiensea. Las exportaciones del Canadá fueron de 377 millones de dóla- res en 1913 y de 1.179 millones de dólares en 1917 (1). Estas ex- portaciones consistían en parte en productos alimenticios y ma- terias primas, pero también representaban un gran incremento de la induetria manufacturera. Así, la producción de acero del Canadá fué de 743.000 toneladas en bruto en 1914 y de 1.695.000 en 1918 (2); las exportaciones de tejidos de algodón fueron de 356.000 yardas en 1914 y de 846.000 en 1917; las exportaciones de drogas y productos químicos se elevaron a 695.000 dólares en 1914 y 9.164.000 en 1917; las exportaciones de lanas en 1914 fue- ron de 81.555 dólares, y en 1917, de 725.148 (3).

La suma del capital invertido en las industrias manufactu- reras del Canadá aumentó de 1.959 millones de dólares en 1915 a 3.230 millones en 1919 (4). Una expansión por el estilo ocu- rrió en empresas mineras, de energía eléctrica y otras, que re- querían una gran inversión de capitales. Durante estos mismos años, el Canadá emitía empréstitos de guerra y hacía otras de- mandas extraordinarias de capital a eu población.

No había en el Canadá capital suficiente para satisfacer es- tas demandas. Ya no podía importaree de la Gran Bretaña, de- bido a las exigencias que allí imponía la guerra. Solamente ha- bía una fuente de la que pudiera obtenerse fácilmente, y eran los Estados Unidos. En el año 1919 la incursión del capital yan- quí en el Canadá se evaluó en 220 millones de dólares, y en 1920 subió a 325 millones (5). Ingalls calcula que en 1920 el total del capital yanqui en el Canadá era de unos 1.800 millones de dólares, frente a 279 millones en 1909 y 636 millones en 1913. Esto suponía un aumento de más del séxtuplo entre 1909 y 1920, yv de casi el triple entre 1913 y 1920.

Después de la guerra, en la primavera de 1920, sobrevino una época de depresión industrial, que díó an los Estados Uni-

1

PS a?

Canada Year Book, 19%?2-23, DA 470. Mineral Industry, 1923, pág Canada Year Book, 1918, páge. 308- 316. 1bid., 1922-23, págs. 415-416. Ingalle, Wealth and Income, págs. 61-2.

LA DIPLOMACIA DEL DÓLAR 43

dos nuevas oportunidades para invertir dinero en el Canadá. La desorganización de la vida económica en Europa hacía poco atrayentes las inversiones continentales. La evidente estabili- dad de la industria en el Canadá ofrecía un incentivo poco co- mún para la expansión económica .de los Estados Unidos en esa dirección. Los mismos canadienses 6e vieron obligados a recla- mar esta ayuda, porque como los hombres de negocios de to- dos los demás países habían ensanchado su radio de acción a un paso excepcionalmente rápido durante la guerra y con la depresión de 1920 muchos de ellos se encontraron en una sí- tuación en que no podían atender a sus compromisos. En con- secuencia, se vieron obligados a confiarse a la ayuda finan- ciera del centro financiero más fuerte de su vecindad, es de- cir, Nueva York. Por otra parte, al terminar las demandas motivadas por la guerra, muchas de las industrias manufac- tureras recientemente establecidas se encontraron sin merca- do para sus productos y se vieron obligadas a paralizar sus operaciones o a llegar a un arreglo con los bancos yanquis que pudieran sostenerlas durante el período de depresión (1). El American Economist manifiesta que entre 1920 y 1923 el por- centaje de la industria canadiense controlada por los Estados Unidos aumentó de un 50 a un 60 por 100. Según el Economás!, esto ee debía en parte a que los capitalistas canadienses no lo- graron conservar su posición económica frente al mal tiempo, y, en parte, al rápido movimiento de los industriales yanquis por establecer fábricas en territorio canadiense.

7.—LA NACIONALIDAD DEL CAPITAL CANADIENSE

Antes de la guerra la mayor parte del capital canadiense importado era inglés. Al final de la guerra (con exactitud en 1920), el volumen total del capital yanqui en el Canadá era pro- bablemente igual al del capital inglés. W. L. MacKenzie King (2) afirma en un artículo que: «En 1920 se estimaba que las inver- siones de los Estados Unidos en el Canadá llegaban a 1.272.850.000 dólares, siendo las principales partidas 714 millones de dóla-

o

(1) American Economist, vol. 71, págs. 61-2. (2) Manchester Guardian Commercial, vol. 7, pág. 370,

H SCOTT NEARING Y JOSEPH FREEMAN

res en bonos, 150 millones en sucursales industriales, 94.276.000 en inversiones de Compañías de seguros y 197 millones en los aserraderos y las minas de la Colombia Británica.» En el mis- mo artículo escribe Mr. King: «Antes de la guerra, y dyrante los primeros años de ésta, las inversiones inglesas en el Canadá excedían con mucho a las de los Estados Unidos. Pero hoy día las autoridades bancarias de Nueva York afirman que hay inver- tido tanto dinero norteamericano como inglés en valores fede- rales, provinciales, municipales e industriales. »

El capital manufacturero se halla todavía controlado por canadienses; pero los Estados Unidos han vencido a los capita- listas ingleses en este campo. En 1918, el 34 por 100 de los va- lores industriales del Canadá eran propiedad de yanquis (1).

El cómputo de las inversiones británicas y yanquis en el Ca- nadá en 1923 es como sigue (?):

Capital yanqui Capital inglés

(Eu millones de dólares)

FerrocarTiles..........oooo.oooocconccccccononos 425 850

Obligaciones nacionales y munici- Palin 701 456

Industrias:

Selvicultura........oooococccocccncccrnnccnno 32 60 Miner A. ii 235 100 PenqUET Macia 9 3 Servicios públicos ..........o.oooooooo..... 137 116 Otras industrias ............ooooooococooooo- 540 145 Hipotecas y terrenos ......m.oococccncooo 10 185 Bancos y Seguros ....omooccconcoconcnonos 30 80 2.478 1.995

(1) Canadá, Com. Int. Ser., Canada as a Field for British Branch Industries. (2) Financial Post Survey, 1925, pág. 19,

LA DIPLÓMACIA “DEL DÓLAR 45

Los mismos guarismos se resumen y comparan con los de 1918:

Inversiones extranjeras en el Canadá (en millones de dólares)

1918 0/0 1923 0/0

e A ÉXVP ns e

Gran Bretaña ........o..o.o.oonoconoccanoconoos 1.860 17 1.995 42 Estados Unidos ...+......ooooccocconcconnc ccoo 417 17 2.478 92 o A 140 6 323 6

100

2,417 100 4.79

8.—LA VENTA DE BONOS CANADIENSES

La rápida penetración del capital yanqui en el Canadá se pone de manifiesto con la venta de bonos canadienses durante los últimos quince años. En 1910, la sexta parte de los bonos ca- nadienses se vendían en el Canadá, un número insignificante en los Estados Unidos y el resto en la Gran Bretaña. Duran- te los años siguientes a la declaración de la guerra, el volumen de los bonos vendidos en el Canadá y en los Estados Unidos aumentó constantemente, mientras que el mercado inglés de bonos canadienses quedó prácticamente eliminado.

Resumen de las ventas de bonos en todos los mercados, de 1910 a 1924 (en millones de dólares) (1):

Ao Camada fac Unido Btados Unidos Total 1910............... 39,3 188,1 3,6 231,0 Wii ica 44,9 204,3 17,6 266,8 1912............... 37,7 204,2 30,9 272,9 MB... 45,6 277,5 50,7 373,8 Mii 32,9 - 185,9 53,9 272,9 OU tods 114,3 41,2 178,6 335,1 1916............... 102,9 5,0 206,9 356,9

(1) Monetary Times, vol. 74, núm. 2, pág. 80.

46 SCOTT NEARING Y JOSBPH FREEMAN

Año YC a Reino Unido redes Unidos Fotal Isra 548,3 5,0 174,7 726,0 A 727,4 14,6 33,3 775,4 iO ocsidaiaa 705,4 5,1 199,4 909,9 1920............... 101,8 » 223,0 324,9 12 Lriidds 213,3 12,2 178,1 403,6 is 250,2 » 242,2 492,4 Wei 427,9 24 84,5 514,8 O ci 336,8 3,6 239,5 579,9

Otro aspecto significativo de la venta de bonos lo proporciona el examen de la hacienda provincial y municipal del Canadá. El Federal Reserve Board (1) da una lista de los empréstitos pro- vinciales y municipales del Canadá pendientes de liquidación en los Estados Unidos. El número total de empréstitos es de 189. Su valor total es de 233.964.244 dólares. El mayor (provincia de Quebec) es de 7.000.000 de dólares. El menor (Prince Rupert B. C.) es de 2.500 dólares. Comprenden bonos de aguas, escuelas, cami- nos, luz y energía eléctrica, drenaje y otros. Seis de los emprés- titos se emitieron en 1913 y 1914; 58, en 1915 y 1916; 16, en 1917 y 1918, y 49, en 1919 y 1920.

9. —SUCURSALES INDUSTRIALES EN EL CANADÁ

No se ha publicado hasta ahora ningún estudio completo - sobre el número de sucursales de fábricas yanquis en el Cana- dá. G. W. Austen (2) declara que «hay seiscientas o setecien- tas gucursales de industrias americanas en el Canadá, perfec- tamente conocidas, tales como la International Harvester, la Canadian General Electric, la General Motors; pero hay cen- tenares de Compañías con nombres canadienses, directivas canadienses y supuestas gerencias canadienses que, en reali- dad, son dirigidas financieramente desde Nueva York, Chicago, Boston, Pittsburgo y otros centros».

(1) Federal Reserve Bulletin, de los Estados Unidos, vol. 7, págs. 9457. (2) American Economist, vol. 71, pág. 7, a

LA DIPLOMACIA DEL BÓLAR $

El Canadian Commercial Intelligence Service (1) hace notar la rapidez con que el capital yanqui ha invadido los campos canadienses. «Durante los años naturales de 1919 y 1920, la in- tromisión de industrias se hizo más patente que nunca. Por ejemplo, en esos años, solamente en Toronto se establecieron 46 industrias yanquis más, frente a 18 canadienses y cuatro inglesa6.» A. G. Sclater, del Unión Bank of Canada, calcula el número de sucursales industriales yanquis en el Canadá en «más de setecientas» y «este número aumenta de año en año» (2).

F. S. Chalmers resume como sigue la posición económica que ocupa la industria yanqui en el Canadá :

«Los Estados Unidos son dueños de la tercera parte de todas las industrias del Canadá y de la tercera parte de todas las minas en explotación; son dueños de una gran parte de las re- giones madereras que no pertenecen a la Corona, y tienen además extensa participación en estaciones de energía hidráu- lica, bienes raíces y otros valores canadienses. Los capitalistas americanos poseen, udemás, la tercera parte de todos los bonos emitidos por las Provincias canadienses, la tercera parte de todas las obligaciones emitidas por sus Municipalidades y ad- quieren cada vez más participación en los bonos del Gobierno del Dominio...

»Las inversiones inglesas en el Canadá son, en números re- dondos, de dos mil millones de dólares, cifra algo inferior a la de antes de la guerra. Puede asegurarse que las inversio- nes de los Estados Unidos en el Canadá ya han sobrepasado esa cifra y casi llegan a dos mil quinientos millones.

»Los imperialistas de fuste de Inglaterra acaso «vean con alarma» que los yanquis reemplazan a los ingleses en la pro- piedad de las empresas canadienees. Pero es inútil protestar o discutir. El capital no conoce el patriotismo... Las posibili- dades de inversiones en el Canadá, ajenas a fronteras (3) y fines políticos, han sido los factores básicos del movimiento. »

(1) Canadá, Com. Int. Ser., supra, pág. 117. E (2 a ES Commercial Supplement, septiem- re

3, 1924, . 38. (3) AA vol. 22, pág. 208.

ds SOOTT .NEARING Y JOSEPA FREEMAN

10.-—LA TÉCNICA DE LA PENETRACIÓN ECONÓMICA PACÍFICA

La abundancia de recursos, el desarrollo económico al mis- mo tiempo que el social y la proximidad del territorio canadiense se unen para hacer que el Canadá sea el depositario lógico de grandes cantidades de capital yanqui. Esta emigración del capital, que aun no lleva en actividad ni veinticinco años, ha alcanzado, sin embargo, tales proporciones, que muchas de las actividades económicas canadienses de importancia se encuen- tran ya bajo el dominio financiero de la banca y la industria yanqui. La introducción del capital yanqui en el Canadá ha sido detenida temporalmente por la rápida disminución de demanda de capital, debida a la depresión general que se ha producido en el mundo después de la guerra. Los capitalistas ingleses han sido eliminados en general del campo canadiense, y, en fin de cuentas, los recursos canadienses importantes ten- drán que ser explotados casi inevitablemente mediante la impor- tación de capital americano.

Estas emigraciones de capital han tenido lugar sin coac- ción alguna ni amenaza de coacción. Han ocurrido tan lógica- mente, como la emigración del capital de las comarcas del Este a las comunidades del Oeste. En este caso, la frontera se halla al Norte y la presencia de una barrera política no constituye ningún obstáculo serio. A pesar de los cambios que ha habido en la política de los Gobiernos de Ottawa y de Wáshington, las fuerzas económicas que estas emigraciones de capital repre- sentan siguen empujando a los intereses yanquis hacia el cam- pu canadiense.

11.-——LA PENETRACIÓN ECONÓMICA BAJO EL CONTROL DEL GOBIERNO

La penetración económica adquiere un aspecto político cuan- do se introduce capital en un país con permiso especial del Go- bierno. Estos permisos varían desde licencias a concesiones, pero en todo caso establecen relaciones entre el poseedor del permiso y el Gobierno que lo concede. Esto es especialmente exacto cuando el permiso es por tiempo ilimitado o indefinido. En tal caso, el poseedor del permiso se ve casi obligado a tomar

LA DIPLOMACIA DEL DÓLAR 49

las medidas necesarias para conservar relaciones de amistad con la autoridad que lo concedió.

Buen ejemplo de esto es un decreto ejecutiva que concede a la Swift C* el derecho de construír un muelle en el puerto de La Plata. El decreto está fechado en Buenos Aires el 22 de junio de 1918, y reza como sigue:

«El Jefe ejecutivo de la Nación decreta :

- »Art, 1.2? La concesión tendrá carácter precario, teniendo el Gobierno derecho de darla por terminada en cualquier tiempo que lo considere conveniente, sin que la Compañía concesiona- ria tenga derecho a reclamación alguna.

»Art. 2.2 El trabajo será ejecutado de acuerdo con los deta- lles de los planos adjuntos, y bajo la vigilancia de la Direc- ción General de Obras Hidráulicas, que puede introducir en él las modificaciones que estime necesarias. »

Las otras tres cláusulas del decreto estatuyen que la Com- pañía concesionaria debe pagar las contribuciones legales y ob- servar los reglamentos en vigor, y también debe pagar el costo de la inspección del trabajo por el Gobierno (1).

De manera parecida, la United Fruit C*”, con muelles en Sama (Cuba), pidió autorización al Gobierno para legalizar es- tos muelles. En consecuencia, se otorgó un decreto (núm. 283) con la misma facilidad con que una oficina yanqui otorgaría una licencia (2).

12.—EL EMPRÉSTITO BOLIVIANO DE 1922

Notablemente exigentes son las condiciones que de ordinario se imponen cuando los banqueros de una nación poderosa pres- tan dinero al Gobierno de una nación más débil. Numerosos em- préstitos de tal naturaleza han sido hechos en tiempos pasados por banqueros europeos (3), y en años recientes los banqueros americanos han entrado en ese terreno. La mayor parte de los empréstitos bancarios yanquis han sido hechos a Gobiernos de naciones latinoamericanas. Muchos de tales empréstitos exigen

(1) Argentina, Boletín Oficial, junio 27, 1918, en s. 608-9. (2) Cuba, Gaceta Oficial, julio 17, 1906, págs. 4 1-2. (3) Hobson, Imperialism, pág. 63 y siguientes. Viallate, Eco- nomic Imperialism, cap. III. 4

50 SCOTT NEARING Y JOSEPH FREEMAN

garantías que ponen a los Gobiernos deudores a merced del Sindicato bancario.

El empréstito boliviano de 1922 es una excelente ilustración del tipo del contrato bancario que frecuentemente se encuentra en los casos de empréstitos latinoamericanos.

Por ley de Bolivia de 24 de mayo de 1922, se autorizó un empréstito que no excediera de 33 millones de dólares. El con- trato del 31 de mayo de 1922, celebrado entre el Gobierno de Bolivia, por una parte, y la Stifel and Nicolaus Investment Co, Spencer Trask and C* y la Equitable Trust C*, por la otra, determinaba la emisión de 26 millones de dólares en bonos. Los términos del contrato exigen que el deudor pague anual- mente el 10 por 100 del capital original de la emisión, en abonos mensuales. Después de pagar el interés de 8 por 100, el saldo se convierte en fondo de amortización, que servirá para recupe- rar los bonos, después del 1. de mayo de 1938. La emisión se amortiza el 14 de mayo de 1947. Los bonos están libres de todo impueeto boliviano, actual o venidero (1).

Como garantía de que se pagará el empréstito de 1922, en cuanto a capital e intereses, la República de Bolivia «afecta y grava con un primer gravamen o prenda y cargo, a favor de los fideicomisarios, las siguientes acciones, fondos, rentas y contribuciones, como garantía del pago total del capital, pre- mio e intereses de los bonos y todos los demás gastos que re- quiera o sean incidentales a este contrato o al servicio del empréstito :

»a) Todas las acciones no menores de 114.000 del Banco de la Nación Boliviana, que pertenecen a la República y que ésta considera suficientes actualmente para controlar dicho Banco.»

La República se compromete a entregar al fideicomisario, se- gún el contrato, ya sea certificados al portador o certificados de títulos «que representen dichas acciones». Si el capital accio- nes del Banco de la Nación se aumentare en cualquier tiempo, durante la vigencia del empréstito, «la República adquirirá la proporción de acciones adicionales que sean necesarias para obtener dicho control; las acciones que así se adquieran se gra-

(1) Trade Information Bulletin, de los Estados Unidos, nú- mero 194, págs. 13-15. Bolivia, Hacienda, Memoria, 1922, pági- nas 41-140.

LA DIPLOMACIA DEL DÓLAR 51

varán inmediatamente como garantía para. el empréstito». De este modo, los que administran el empréstito tienen asegurado el control del Banco de la Nación Boliviana.

Además de estas acciones del Banco, la República ofrece como garantía para el empréetito :

«b) Todas las rentas que representan los dividendos de es- tas acciones.

c) Las contribuciones sobre concesiones o pertenencias mi- neras.

d) Las rentas del monopolio del alcohol.

e) El 9 por 100 de la rería que recibe la República del | mo- nopolio del tabaco.

f) Las contribuciones sobre Compañías que no sean mineras o bancarias.

y) El impuesto sobre la renta neta del Banco.

hh) El impuesto sobre hipotecas.

i) El impuesto sobre las utilidades netas de las Compañías mineras.

j) Todos los derechos de importación.

k) Todos los derechos de exportación.

l) Todos los fondos, rentas y contribuciones señalados ac- tualmente y en lo venidero por leyes especiales, para la cone- trucción del ferrocarril de Potosí a Sucre.

m) Las primeras hipotecas y gravámenes sobre todas las propiedades y utilidades de los ferrocarriles construídos de Vi- llazón a Atocha y de Potosí a Sucre, incluyendo sue franqui- cias y otras propiedades y sus ganancias netas. »

Si los ferrocarriles mencionados se vendieren como resultado de juicio hipotecario, «el comprador tendrá derecho a explotar dichos ferrocarriles durante un período de noventa y nueve años, a contar de la fecha de dicha compra», v la Compañía que se organice para explotar los ferrocarriles, «así como todo el ne- gocio y eus propiedades, estarán, en cuanto a dichos ferrocarri- les se refiere, libres de toda clase de contribuciones e im- puestos».

Como garantía adicional, la República se compromete a no contratar ningún empréstito exterior antes del 5 de diciembre de 1924, sin el consentimiento de los banqueros, y deepués de esa fecha, «y mientras queden pendientes bonos del actual em- préstito», la República no contratará nuevos empréstitos, a no

52 | SCOTT NEARING Y JOSÉPB FREEMAN

ser que, durante los dos años anteriores al empréstito proyec- tado, las rentas dadas en garantía para el servicio del actual empréstito hayan producido anualmente «por lo menos una vez y media la cantidad necesaria para el servicio del actual empréstito», y a menos que durante esos años la República haya obtenido las rentas suficientes para cubrir todos sus gastos generales ordinarios sin pedir prestado ni vender nada de ca- pital.

Estas condiciones ponen virtualmente en manos de los ban- queros acreedores el control del Banco de la Nación Boliviana, la propiedad y las rentas de ciertos ferrocarriles bolivianos y las rentas de la República, a la vez que prohiben prácticamente

todo empréstito adicional durante la vigencia del actual em- préstito.

13.—LA COMISIÓN FISCAL

Para la administración práctica de Jas condiciones que con- tiene el contrato del empréstito boliviano, see establece una Co- misión Fiscal Permanente, que consta de tres miembros. «El presidente de la República nombrará a los tres comisionados; de éstos, dos serán nombrados según las indicaciones de los banqueros.» Estos dos miembros de la Comisión recomendados por los banqueros pueden ser destituídos «en cualquier momento y petición de los mismos».

La Comisión «obrará por mayoría de votos, y nombrará pre- sidente y jefe ejecutivo a uno de los dos comisionados que hayan 6ido recomendados por los banqueros».

Este representante de los banqueros, mientras queden pen- dientes bonos del empréstito, será elegido miembro de la Junta Directiva del Banco de la Nación Boliviana, y la República adoptará las medidas necesarias para asegurar su elección y mantenerle en sus funciones.

La cláusula tercera de este artículo determina que «el costo total de la Comisión formará parte de los gastos del empréstito y será incluído en las sumas que han de depositarse mensual- mente en el Banco de la Nación Boliviana».

En cuanto a los deberes de la Comisión, son simples e in- clusivos. Mientras queden pendientes bonos del empréetito, y a partir lo más tarde del 1. de agosto de 1922, «la recauda-

LA DIPLOMACIA DEL DÓLAR 59

ción de todas las contribuciones, rentas e ingresos de la Na- ción será revisada y fiscalizada por la Comisión Fiscal Per- manente, cuya creación ha sido autorizada por la ley del 27 de marzo de 1922».

Estas disposiciones para la organización y funcionamiento de la Comisión Fiscal Permanente colocan todas las rentas de la República bajo el control de tres hombres, dos de los cuales son elegidos por los banqueros acreedores, y uno de estos dos, como jefe ejecutivo, forma parte de la Junta del Banco de la Nación Boliviana y' contribuye a determinar su política. Los gastos de esta Comisión se pagan con las rentas que la misma fiscaliza.

La Comisión Fiscal Permanente tiene la llave económica de la vida de la República, y los banqueros fiscalizan la Comisién. Hasta ahora no ha habido incidentes ni han surgido cuestiones políticas; pero este contrato de empréstito liga a los represen- tantes de los banqueros acreedores al corazón de la vida políti- ca de Bolivia al poner en sus manos el control de las rentas públicas de este país. Si surgiera algún incidente, los miem- bros de la Comisión se convertirían automáticamente en las figuras centrales del mundo político de Bolivia, y el emprés- tito de 1922 se impondría a todas las demás consideraciones pú- blicas. Esta circunstancia puede motivar un problema inter- nacional de primera magnitud entre el Gobierno de los Estados Unidos y el de Bolivia. Aun cuando este problema no llegue a plantearse, subsiste el hecho de que los representantes de un Sindicato bancario yanqui están administrando la Hacienda de una República hermana.

14.—LA PENETRACIÓN ECONÓMICA Y LA INTERVENCIÓN POLÍTICA

No hay línea divisoria entre la penetración económica y la intervención política. La práctica imperialista moderna exige a los Gobiernos «que protejan la vida y la propiedad». Por lo tanto, cuando una nación como los Estados Unidos llega al punto en que sus propietarios adquieren extensos intereses eco- nómicos fuera de las fronteras de la nación, la protección po- lítica de estos intereses es una consecuencia natural.

Laé invereiones en el Canadá, aunque son más extensas que

34 SCOTT NEARING Y JOSEPH FREEMAN

> las inversiones yanquis en cualquiera otra nación extranjera, aun no han ocasionado cuestiones políticas serias. Las inversio- nes latinoamericanas, por el contrario, han dado origen a varios enredos diplomáticos, que han acabado en el empleo del ejér- cito y la marina en numerosos casos. Aunque es imposible de- terminar el momento en que la penetración económica conduce a la intervención política, la historia del imperialismo moderno indica que dicho momento se ha alcanzado ya en casi todas partes. Y a decir verdad, las recientes relaciones de los Estados Unidos con la América latina indican que éstos llegarán a la intervención lo mismo que cualquier otra potencia imperialista.

CAPITULO II

Las esferas de influencia

1.—LAS ESFERAS EN CHINA

Los años que vieron abrirse los vastos recursos de China al capital internacional presenciaron también la aparición de dos nuevas potencias en el campo del imperialismo: el Japón, que avanzó a primera línea con su victoria en la guerra chinojapo- nesa de 1895, y los Estados Unidos, que surgieron como potencia de primera clase con su victoria sobre España en 1898. En este mismo año se entabló en China la «primera gran batalla por las concesiones».

.Con sus abundantes recursos y su población de 400 millones de habitantes, era China un lugar ideal para invertir el exce- dente de capital que se hallaba en manos de los negociantes y banqueros europeos y yanquis. Una nueva técnica imperialista hacía su aparición. «Los tiempos de la expansión territorial por medio del descubrimiento y la colonización o de la conquis- ta por la fuerza de las armas» cedieron el paso a «los astutos métodos del guante blanco para dominar naciones débiles y desprevenidas, mediante la insidiosa acción de las finanzas po- líticas» (1). Entonces se inventó una nueva terminología con frases tales como «esferas de interés» y «esferas de influencia», para designar las nuevas «conquistas hechas por el ferrocarril y la banca».

Una esfera de interés es una «porción de territorio dentro de la cual una nación ha declarado expresa o implícitamente que no permitirá a otra nación ejercer influencia política, y

(1) Far Eastern Review, vol. 1, pág. 277.

36 SCOTT NEARING Y JOSEPH FREEMAN

que ella tomará la delantera en la explotación de los recur- sos naturales» (1). El dominio de una esfera de interés se ejer- cía de la siguiente manera:

Primeramente, los capitalistas extranjeros se posesionaban de una base estratégica en la costa; a esto seguía la construc- ción de un ferrocarril, para explotar con provecho los recursos naturales y para dominar la vida económica de la «esfera». El paso siguiente consistía en establecer un Banco u obtener una opción privilegiada sobre empréstitos o concesiones, especial- mente los referentes a ferrocarriles y minas. Para proteger sus intereses particulares, los Gobiernos que apoyaban a los capi- talistas obligaban entonces a China a que se comprometiera a no enajenar el territorio que estaba bajo su control econó- mico, y firmaban convenios mutuos de respetarse las esferas de interés de cada uno.

2.—LA ESFERA DE INTERÉS YANQUI: MANCHURIA

ista nueva técnica imperialista se aplicó a la sumisión eco- nómica de China, después de que la guerra chinojaponesa de 1894-5 había demostrado la impotencia del Celeste Imperio. Ru- sia adquirió como esfera de interés la Manchuria del Norte y la Mongolia Exterior, con Puerto Arturo como base estratégica (2). El Japón adquirió la Manchuria del Sur y la Mongolia Interior con Formosa y las islas de los Pescadores como base estratégi- ca (3). Alemania arrendó Kiaocheu, y así obtuvo la península de Changtung como su esfera de explotación (4); la Gran Bre- taña, con su adquisición de Waihaiwai, reclamó el Valle del Yangtse, el Tibet y la provincia de Szechwan (5), mientras que Francia dominó la China del Sudoeste, incluyendo Kuantung, Kuangsi y Yunnan y Kuangchouang (6).

En esta «batalla de concesiones», que duró hasta 1900, los Estados Unidos no obtuvieron ninguna baee estratégica; pero

(1) Reinche, World Politics, pág. 114.

(2) MacMurrav, Treaties and Agreements, pág. 114. (3) Tbid., págs. 19-20.

(4) Jbid., pág. 112.

(5) Ibid., págs. i. 94, 104, 132.

(6) 1bid., págs. 28, 124, 128.

LA DIPIOMACIA DEL DÓLAR 57

su victoria en la guerra hispanoamericana les había dado las Filipinas. Estas islas, junto a 6u extensa custa del Pacífico, hi- cieron de los Estados Unidos una gran potencia en Oriente. Por otra parte, sus comerciantes llevaban operando en gran es- cala, principalmente con Manchuria, más de media centuria. De manera que cuando los financieros de las diversas poten- cias hicieron ofertas para la construcción de la gran línea cen- tral de Pekín.a Cantón, por Hankeu, la American Chinese Deve- lopment Company entró en escena. De esta Compañía formaban parte la Standard Oil C* y la American Sugar Refining €* (1). Los yanquis obtuvieron la concesión de la parte eur de esta línea en 1898 (2).

El contrato para la parte norte del ferrocarril fué concedido a una Compañía belga. La American China Development Com- pany hizo el gasto de levantar dos planos y conéetruír unas trein- ta millas de ferrocarril al norte de Cantón; pero la muerte de su animador, el ex senador Brice, la obligó a suspender los trabajos. En 1905, J. P. Morgan compró los intereses belgas (3), pero no siguió el proyecto, porque en aquel entonces no le inte- resaban las inversiones en China. Al fin de cuentas el con- trato del ferrocarril de Hankeu a Cantón quedó cancelado, y el Gobierno chino compró todas las propiedades de la Ameri- can China Development Company (4). Esta primera aventura de las finanzas yanquis en China acabó mal; pero se utilizó más tarde como precedente para reclamar la explotación de Man- churia, y resultó ser el principio de una lucha tenaz, llevada a cabo por los banqueros y por el Departamento de Estado, para obtener el contrel económico de esa comarca.

3.—LA POLÍTICA DE LA PUERTA ABIERTA

Un año después de que la American China Development Com- pany obtuvo la concesión para el ferrocarril de Hankeu a Can- tón, el secretario de Estado, John Hay, anunció a las grandes

(1) Reinsch, supra, págs. 128-9.

(2) MacMurray, Treaties and Agreements, vw. i, págs. 519-22.

e Croly, Willard Straight, pág. 287.

4) U. S., Foreign Relations, 1905, págs. 124-5. MacMurrav, supra, págs. 519-22.

58 SCOTT NEARING Y JOSEPH FREEMAN

potencias la política que el Gobierno de los Estados Unidos se- guiría respecto a la batalla internacional por la explotación de China. Con el objeto de impedir la partición de China, y espe- cialmente la absorción de Manchuria, que los hombres de nego- cios yanquis consideraban eu esfera particular de interés, el se- cretario Hay, en 1899, hizo la declaración formal de la Política de la Puerta Abierta (1). La Política de la Puerta Abierta reco- nocía intereses especiales y esferas de influencia; pero recla- maba la igualdad de privilegios para el comercio. En su aspecto formal, la proposición del secretario Hay pedía a las «distintas potencias que reclamaban esferas de influencia en China» que cada una, en su respectiva esfera de interés o influencia, de- clarara :

«Primero, que no intervendría de manera alguna en el trá- fico marítimo ni en los intereses invertidos en las llamadas «es- ferase de interés» o territorios arrendados a China.

»Segundo, que las tarifas chinas vigentes según tratados, se aplicarían a todas las mercancías desembarcadas o embarca- das en todos los puertos que estén dentro de las «esferas de in- terés» (a menos que sean puertos libres), fueren de la naciona- lidad que fueren, y que los derechos por ello causados serían recaudados por el Gobierno de China.

»Tercero, que no impondría derechos porteños sobre buques de otra nacionalidad que llegaran a algún puerto de tal «esfe- ra», mayores que los causados por buques de su propia nacio- nalidad, ni impuestos ferroviarios sobre líneas construídas, con- troladas o explotadas dentro de su esfera, para mercancías pertenecientes a ciudadanos o súbditos de otras nacionalidades, transportadas a través de esa esfera, mayores de los que se im- pusieran a iguales mercancías pertenecientes a sus compatrio- tas y transportadas por iguales distancias» (2).

El objeto de la doctrina Hay era sobrado evidente. Los hom- bres de negocios yanquis no tenían otra manera de obtener en- trada a los mercados de China. «Habíanse creado, debido a una variedad de circunstancias—según Thomas W. Lamont—, una serie de «esferas de influencia», que tendían todas a meno8ca- bar la independencia y soberanía de China. Esta política ser-

1) Overlach, Foreign Financial Control in China, pág. 199. 12) U. S., Foreign Relations, 1899, págs. 131-133, 142.

LA DIPLOMACIA DEL DÓLAR 59

vía para dividir a China comercialmente en compartimentos es- tancos, y las naciones que, como los Estados Unidos, no tenían compartimentos, no podían hacer mucho negocio» (1).

4.—LA REBELIÓN DE LOS «BOXERS»

Esta doctrina fué enunciada en una época en que los chinos empezaban a mostrar descontento por la explotación extranje- ra. El descontento culminó en el levantamiento de los boxers, en 1900. La rebelión fué sofocada por las potencias; pero sus resul- tados tuvieron importantes consecuencias para la política yan- qui en China. El secretario Hay aprovechó la oportunidad para reafirmar la doctrina de la puerta abierta, en una comunicación circular enviada a la Gran Bretaña, Francia, Rusia, Alemania y el Jápón el 3 de julio de 1900, en la que invitaba a las poten- cias para que «cooperaran a establecer la paz y eeguridad per- manentes en China, mantener la entidad administrativa y te- rritorial de China, proteger todos los derechos garantizados a las potencias amigas por los tratados y por el Derecho interna- cional y salvaguardar para todo el mundo el principio del co- mercio equitativo e imparcial con todo el Imperio chino» (2). Esta doctrina fué aceptada en el papel por las grandes poten- cias, principalmente porque «la balanza del poder en el mundo estaba en situación delicada y temían las consecuencias de una acción independiente» (3).

A pesar de la aceptación formal de la doctrina de la puerta abierta, los intereses yanquis en Manchuria siguieron amena- zados por los capitalistas rusos. En 1901, Rusia, aprovechándo- se de la rebelión de los boxers, estableció una medida de control militar en la provincia. Además, lo que es más importante, abrió en el mismo año el ferrocarril oriental chino y estableció el Banco rusochino; obtuvo el privilegio de importar petróleo, li- bre de derechos, en China, y como resultado disminuyeron las ventas de la Standard Oil C* en Manchuria (4).

(1) Lamont, New Consortium for China, pág. 2.

(2) U. S., Foreign Relations, 1901; -Appendizx. Affairs in China, pág. 12.

(3) Straight, Politics of Chinese Finance, pág. 3.

a Plebs League, Outline of Modern Imperialism, pági- na 48. Pan, Trade of the U. S. with China, págs. 227-232.

Ro SCOTT NEARING Y JOSEPH PREEMAN

La política de los Estados Unidos en China fué claramente formulada por el presidente Roosevelt, en un discurso que pro- nunció en San Francisco en 1903, y en el que proclamó que los Estados Unidos eran una gran potencia asiática :

«La extensión del área de nuestro territorio ha sido inmen- sa; la extensión del área de nuestra influencia, todavía mayor. La situación geográfica de Norteamérica en el Pacífico es tal, que puede asegurar el dominio pacífico de sus aguas en el futu- ro, sólo con que sepamos aprovechar con suficiente resolución las ventajas de esta situación» (1).

5.—EL PROYECTO DEL BANCO DE MANCHURIA

La lucha del capital yanqui por el control de Manchuria no empezó en realidad, sin embargo, hasta la guerra rusojaponesa de 1905, y pareció aniquilar temporalmente a uno de sus prin- cipales competidores en esa esfera. En esta guerra, que fué el resultado de las rivalidades rusas y japonesas en Manchu- ria, los japoneses recibieron cierto apoyo financiero de Eduard H. Harriman y sus banqueros Kulm, Loeb y Compañía (2). El Gobierno norteamericano tomó parte activa en las negociacio- nes. La terminación del canal de Panamá en esa época, pro- porcionaba a los Estados Unidos un punto estratégico para la lucha por la supremacía comercial y política del Pacífico. El tratado de paz se firmó en terreno americano, en Portsmouth (Nuevo Hampshire). Estos hechos no dejaban de ser eignifica- tivos. Los intereses yanquis se vieron atendidos con una rati- ficación de la doctrina de la puerta abierta en los artículos III 5 IV del tratado, alusivos específicamente a Manchuria, la es- fera de los Estados Unidos (3).

Inmediatamente después de firmado el tratado de Ports- mouth, Harriman redactó un memorándum para un convenio con el marqués Ito y el marqués Katsura, del Japón, para la propiedad mancomunada yanqui y japonesa del ferrocarril de Manchuria del Sur, junto con las distintas concesiones de

(1) Roosevelt, Works, v. i. p., pág. 393. (2) Croly, Willard Straight, pág. 239. (3) Bland, Recent Events in China, pág. 306.

LA DIPLOMACIA DEL DÓLAR 61

carbón, madera y minas que comprendía ese ferrocarril En la época en que se hizo este convenio, el ferrocarril era todavía propiedad rusa, pero había de ser traneferido al Japón, según el artículo VI del tratado de Portsmouth, no ratificado aún. Harriman quería el ferrocarril de Manchuria del Sur como par- te de su proyecto de ferrocarril alrededor del mundo; el Japón su mostró dispuesto a compartir el ferrocarril con los yanquis, mientras el tratado estaba ein ratificar. Pero un mes después de la ratificación del tratado, el Japón y China firmaron el conve- rio King, del 22 de diciembre de 1905, por el cual había de ex- cluírse el capital yanqui del ferrocarril de Manchuria del Sur. Poderosos estadistas japoneses se opusieron al proyecto, y éste nunca se aprobó (1).

Los financieros yanquis no abandonaron la lucha por el control de Manchuria. Cuando fracasó el proyecto del ferroca- rril de Manchuria del Sur, Harriman siguió otro camino para lograr su objeto. Sus planes recibieron poderosa ayuda del De- partamento de Estado, especialmente del cónsul general yanqui en Mukden, la ciudad principal de Manchuria. Después de una conferencia con Harriman en los Estados Unidos, el cónsul ge- neral firmó un convenio con el gobernador de Manchuria, Tang Shao Yi, para la creación de un Banco manchuriano con un ca- pital de 20.000.000 de dólares oro, que había de servir de agen- te financiero al Gobierno de Manchuria. Este Banco eería esta- blecido por financieros yanquis y había de estabilizar la moneda manchuriana y fomentar empresas ferroviarias e industriales, especialmente la línea de Hsin-Mintung a Aigun, que había de formar parte del proyecto del ferrocarril de Harriman alrede- dor del mundo. A tal fin se entregó un memorándum a Harriman en Jos Estados Unidos, el 7 de agosto de 1907. El mismo día, el cónsul general en Mukden escribió en su diario estas significa- tivas y proféticas palabras: «Tang aprueba el plan. Carta puesta en el correo. Grandes probabilidades. Su adopción sig- nifica que representaremos el principal papel en el desarrollo

de Manchuria. Nuestra influencia en China uumenta enorme- mente» (2).

(1) Brand, supra, págs. 309-10; Straight, supra, pág. 4; Croly, supra, pág. 239; Mac Murray, supra, vol. l, pág. 554, (2) Croly, supra, pág. 241.

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El cónsul general, Straight, regresó a Nueva York en 1908 con el proyecto de convenio para el Banco de Manchuria. Siguió una serie de conferencias entre E. H. Harriman, Jacob H. Schiff y Otto Khan, de parte de los banqueros, el Departamen- to de Estado de los Estados Unidos y el representante chino, el gobernador de Manchuria, Tang, que había venido a los Esta- dos Unidos con el objeto expreso de llevar a cabo la crea- ción del Banco de Manchuria. En ninguna ocasión negoció el re- presentante chino directamente con los financieros yanquis; todas estas negociaciones se llevaron a cabo por medio del De- partamento de Estado (1).

Sin embargo, fracasaron las negociaciones para el Banco de Manchuria, debido a la muerte del Emperador de China y de la Emperatriz viuda, en noviembre de 1908, y a la caída del Poder del partido que estaba negociando el empréstito chino (2).

En el mismo mes, el 30 de noviembre de 1908, el secretario de Estado, Root, y el embajador del Japón en Wáshington fir- maron un convenio, comprometiendo a sus Gobiernos a respe- tar sus respectivas esferas de interés en China. El tratado Root- Takahira ratificó el principio de la puerta abierta en el Pací- fico y comprometió al Japón y a los Estados Unidos a mantener el statu quo en esa región (3).

6.—LA LUCHA POR LOS FERROCARRILES DE MANCHURIA

La muerte de la Emperatriz viuda de China y la caída de Yuan-Shi-Kai del Poder en 1908, detuvieron las negociaciones para establecer en Manchuria un Banco controlado por finan- cieros yanquis. Pero Eduard H. Harriman y sus banqueros, «Kuhn Loeb y Cía.», no estaban dispuestos a abandonar sus planes para la explotación de Manchuria. Harriman insistía en su proyecto de un ferrocarril alrededor del globo. Pero tal ferro- carril necesitaba una línea que corriera desde un punto de la línea transiberiana a un puerto del Pacífico libre de hielo la mayor parte del año. Desde 1906 había estado negociando con

(1) Croly, supra, pág. 277.

2) Brand, supra, pág. 314; Straight, E ra, pág. 5

3) U. S., Foreign Relations, 1908, pág. 510; véase tam- bién apéndice ITI.

A AER

LA DIPLOMACIA DEL DÓLAR 63

el Gobierno ruso la compra del ferrocarril oriental de China. Rusia estaba dispuesta a vender esa línea, siempre que el Japón, su rival en Manchuria, abandonara eu ventaja estratégica ven- diendo a los banqueros yanquis el ferrocarril de Manchuria del Sur. El Japón rehusó hacerlo. El siguiente paso que dió Harriman fué proyectar una línea paralela, desde Chinchow, en el extremo del golfo de Petchili, a Aigun, en el río Amur (1).

Para llevar a cabo este plan con éxito, así como otras opera- ciones de más importancia en Manchuria, los banqueros yan- quis interesados necesitarían la más amplia cooperación posi- ble del Departamento de Estado. La nueva Administración les prometió su ayuda. Al aconsejar que no se redujeran los ar- mamentos. el presidente Taft, en su discurso inaugural del 4 ue marzo de 1909, declaró :

«En las controversias internacionales que probablemente surgirán en el Oriente por la cuestión de la puerta abierta y otras, los Estados Unidos pueden conservar intactos sus inte- reses y lograr que se atiendan sus justas demandas. Pero no podrán hacerlo si se sabe que no tienen intención de apoyar sus derechos y la defenea de sus intereses con algo más efec- tivo que protestas verbales y notas diplomáticas» (2).

Esta declaración de intenciones fué la primera confesión de política que, bajo la administración de Taft, se conquistó el título de «diplomacia del dólar». Pronto se presentó la oportu- nidad. En mayo de 1909, el Gobierno chino concertó con ban- queros alemanes, ingleses y franceses un empréstito para cons- truír los ferrocariles de Hukuang, que comprendían las líneas de Hankeu a Szech y de Hankeu a Cantón (3). Inmediatamente 3e organizó un grupo de banqueros yanquis para apoyar finan- cieramente cualesquiera concesiones de ferrocarriles que pudie- ran obtenerse del Gobierno chino por capitalistas norteamerica- nos. Este grupo lo encabezaban J. P. Morgan «€ C”, a quienes se conflió la gerencia del negocio, y comprendía a Kuhn Loeb 8 C*, el First National Bank, el National Citv Bank y a Eduard H. Harriman (4). Los banqueros yanquis empezaron inmediata- mente a luchar para que se les admitiera en el grupo interna-

(1) Croly, supra, pág. 297.

(2) U. S., Congressional Record, vol. 44, pág. 3.

(3) Blakeslee, Recent Developments in China, pág. 127. (4) Croly, supra, pág. 281.

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cional de banqueros que había de levantar el empréstito de Hukuang. El secretario Knox, cuatro días después de que se anunció que China había firmado un convenio con los banque- ros alemanes, ingleses y franceses, pidió a China que admitiera al grupo yanqui (1).

Sin embargo, como se había estado negociando el empréstito hacía varios años, los banqueros de los tres países y el Gobierno chino hicieron objeciones a la demora que resultaría al empren- der nuevas negociaciones para admitir a los banqueros yan- quis. Pero el Departamento de Estado insistió (2). Mientras el representante financiero del grupo Morgan negociaba con los hanqueros tripartitos en Londres, el secretario Knox hacía pre- sión diplomática sobre China. El encargado de Negocios norte- americano en Pekín recibió órdenes del Departamento de Esta- do de «advertir solemnemente al Gobierno de China que no parece haber ninguna razón para dudar de que, como resulta- do de las primeras conferencias celebradas en París y Berlín, el grupo norteamericano obtendrá de los banqueros europeos un convenio para la participación en el actual empréetito del capi- tal norteamericano». El enviado yanqui debía también informar a China de que «los norteamericanos verían con gusto la opor- tunidad de llegar a un arreglo para todo el empréstito, si así lo exigiera la resistencia de los individuos que se niegan a tratar la cuestión con amplio criterio» (3).

Otros enviados del Gobierno de los Estados Unidos se ocu- paban con igual actividad de luchar por que los banqueros yan- quis participaran en el empréstito Hukuang. El embajador Da- vid Jayne Hill informó al ministro de Negocios Extranjeros de Alemania de que no creía que su gobierno «encontraría posi- ble desdeñar los intereses del capital y las empresas yanquis en Oriente» (4).

Todos estos esfuerzos diplomáticos parecieron inútiles. El Go- bierno chino eludía la cuestión, esperando que las potencias se pelearan entre sí. En este momento intervino el presidente Taft. Rompiendo con todo precedente diplomático, envió un mensa-

(5) U. S., Foreign Relations, 1909, pág. 144.

2) U. S., Foreign Relations, 1909, págs. 144-178. (3) U. S., Foreign Relations, 1909, pág. 176.

(4) 1Ibid., pág. 151.

LA DIPLOMACIA DEL DÓLAR 65

je personal al príncipe Chung, regente del Imperio chino, en que de decía :

«Estoy preocupado con los rumores de que hay cierta opo- sición de prejuicios a que vuestro Gobierno acepte la equitati- va participación del capital norteamericano en el actual emprés- tito ferroviario... Envío este meneaje, no dudando que si refle- xionáis sobre los amplios aspectos de este asunto se obtendrán en seguida resultados satisfactorios para ambos países... He re- currido a esta comunicación directa y poco acostumbrada con vuestra alteza imperial debido a la gran importancia que con- cedo al resultado satisfactorio de nuestras actuales negocia- * ciones» (1).

Como resultado de esta presión, China y las cuatro poten- cias hicieron de la necesidad virtud. El grupo yanqui fué admi- tido. El 23 de mayo de 1910 se redactó en París un convenio pre- liminar para el empréstito Hukuang por banqueros alemanes, ingleses, franceses y yanquis (2).

Pero el convenio final para el empréstito Hukuang no se firmó hasta el 20 de mayo de 1911 (3). Fué firmado por el Go- bierno imperial de China, el Deutsch-Asiatische Bank, la Hong- Kong and Shanghai Banking Corporation, la Banque de 1'Indo- Chine y el grupo yanqui J. P. Morgan and C*, Kuhn, Loeb $ C*, First National Bank y el National City Bank. En este convenio el Gobierno imperial de China autorizó a los banque- ros de las cuatro potencias a emitir un empréstito en oro al 3 por 100 de 6.000.000 de libras esterlinas. El plazo del emprés- tito era de cuarenta años. La garantía había de coneistir en las contribuciones sobre likin, sal y arroz. Ingenieros ingle- ses, alemanes y yanquis habían de trabajar en los sectores en que 8us grupos se hallaban interesados. El empréstito se hizo ese año (4).

7.—LA CONCESIÓN DEL FERROCARRIL DE CHINCHOW A AIGUN (1909)

El antiguo cónsul general en Mukden, Willard Straight, era ahora agente del grupo Morgan en China. Había desplegado

(1) U.S., Foreign Relations, 1900, pág. YVÍS. (2) Tbid., 1910, pág. 280. (3) MacMurray, Treaties and Agreements, cap. I, pág. 866. (4) Lamont, New Consortium for China, pág. 3. 5

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gran actividad para conseguir la participación en el emprés- tito de Hukuang. También estaba negociando con las autorida- dades de Manchuria el proyectado ferrocarril de Chinchow a Aigun, que había de proporcionar al capital yanqui un punto estratégico contra sus rivales rusos y japoneses. El 2 de octu- bre de 1909 se firmó un convenio, según el cual el grupo Morgan había de proporcionar la euma necesaria para construír un fe- rrocarril entre Chinchow y Aigun (1), a cargo de una Compa- fía inglesa, Pauling « C*.

El convenio Chinchow-Aigun fué firmado el 2 de octubre de 1909 entre el virrey de Manchuria y el gobernador de Fengtien y el representante del grupo yanqui. Este grupo estaba forma- do por J. P. Morgan y Compañía, Kuhn, Loeb.y Compañía, el First National Bank y el National City Bank. También firma- ron el contrato los ingenieros ingleses, Pauling y Compañía. Según este convenio, las provincias de Manchuria y Fengtien habían de pedir prestada a los banqueros yanquis la suma ne- cesaria para construír el ferrocarril de Chinchow a Aigun, a un tipo que no había de exceder del 5 por 100. El Gobierno im- perial garantizaba los intereses y la amortización. La garan- tía había de ser la línea de ferrocarril. Al mismo tiempo, se redactó un convenio entre los banqueros yanquis y Pauling v Compañía, para que a lo menos la mitad del material y equi- po, comprados en Europa y América para la construcción del ferrocarril, había de ser yanqui, y de que determinados inge- nieros norteamericanos, recomendados por los banqueros yan- quis, serían empleados en la obra de construcción del ferro- carril (2).

Cuando el representante de Morgan regresó con el conve- nio del ferrocarril de Chinchow a Aigun en el bolsillo, el de- partamento de Estado peneó que ya tenía la manera de efec- tuar el viejo proyecto de Harriman de neutralizar los ferroca- rriles de Manchuria, poniéndolos en manos de un grupo inter- nacional. Así, pues, el 6 de noviembre de 1909, el secretario Knox envió una nota a Inglaterra, llamando la atención sobre el nuevo convenio firmado entre el Gobierno chino, los finan- cieros yanquis y la Compañía constructora inglesa, y hacien-

(1) MacMurray, Treaties and Agreements, vol. I, pág. 800. (2) MacMurray, Treaties and Agreements, vol. 1, pág. 802.

LA DIPLOMACIA DEL DÓLAR 67

do las siguientes proposiciones: Que se le proporcionara a Chi- na un cuantioso empréstito internacional de las potencias inte- resadas: 1. Para colocar a los ferrocarriles manchurianos bajo una administración económica, científica e imparcial, por me- dio de algún plan que invistiera a China de la propiedad de los ferrocarriles, mediante fondos que con tal objeto proporciona- ran las potencias interesadas deseosas de tener participación en el empréstito. 2. Tal empréstito había de ser por un perío- do amplio, que hiciera razonablemente seguro que se pagaría dentro del plazo fijado, y debería estar concebido en tales tér- minos que atrajera a banqueros y capitalistas. 3.? El sistema ferroviario sería controlado por súbditos de las potencias par- ticipantes durante el plazo del empréstito, y los Gobiernos inte- resados gozarían, durante dicho período, de las preferencias acostumbradas a favor de sus súbditos y materiales, sobre una base equitativa inter se. 4. El Japón y Rusia participarían en el plan, así como la Gran Bretaña y Alemania (1).

De esta manera, los banqueros yanquis, con. ayuda del de- partamento de Estado, esperaban impedir la absorción de Man- churia por Rusia y el Japón. Pero una vez más el Japón se negó a abandonar la ventaja que tenía en Manchuria, y Rueia no quería abandonar el Ferrocarril Oriental de China mientras el Japón conservara el de Manchuria del Sur (2).

Francia, aliada de Rusia, e Inglaterra, aliada del Japón, apoyaban a sus aliados, y así el proyecto de neutralización de Knox fué rechazado por las pdtencias interesadas. En lugar de ver sueltos a sus rivales en Manchuria, los financieros yan- quis, como resultado de la diplomacia de Knox, habían obliga- do a Rusia y al Japón a entenderse después de haber soeteni- do una cruenta guerra entre cinco años antes. El 4 de julio de 1910 Rusia y el Japón firmaron un convenio para respetar- se mutuamente sus esferas de interés en Manchuria.

Frustrado una vez más su intento de adquirir participación en los Ferrocarriles Oriental de China y del Sur de Manchu- ria, los banqueros yanquis volvieron a su contrato del 2 de oc- tubre; es decir, procedieron a la construcción del ferrocarril de Chinchow a Aigun. Pero el Japón y Rusia no solamente no

(1) U. S., Foreign Relations, 1910, pág. 234. (2) U. S., Foreign Relations, 1910, páge. 249-251.

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querían dejar a los banqueros yanquis controlar sus ferroca- rriles, sino que tampoco querían permitir que se construyera una línea rival. Aunque el contrato del 2 de octubre había sido ratificado por un edicto imperial chino, y China era nominal- mente una nación soberana, Rusia y el Japón protestaron ante el departamento de Estado, declarando que el proyectado ferro- carril de Chinchow a Aigun era contrario a sus intereses en Manchuria. Inglaterra, tácitamente, apoyó a su aliada, y como los Estados Unidos no estaban en condiciones de oponerse so- los a las tres grandes potencias, se abandonó temporalmente el proyecto de Chinchow a Aigun.

Pero el papel de los Estados Unidos en Oriente y las íntimas relaciones entre el Departamento de Estado y las casas ban- queras que habían hecho inversiones en esa parte del mundo se habían establecido ya firmemente. La política fué claramen- te expresada cuando W. W. Rockhill (1), ministro de los Esta- dos Unidos en China durante las negociaciones del emprésti- to de Hukuang y del ferrocarril de Chinchow a Aigun, dijo lo siguiente :

«Me parece evidente que mientras cerremos Jos ojos al he- cho indubitable de que, a lo menos en Oriente, de Stamboul a Tokío, la política, las finanzas y el comercio caminan de la mano, y de que ni se pueden cosechar debidamente utilidades del comercio ni puede mantenerse adecuadamente nuestra in- fluencia y prestigio, sin incurrir en responsabilidades inciden- tales a la actividad política y financiera, tendremos que con- tentarnos con desempeñar un papel modesto y sin relieve en Oriente, indigno, a mi parecer, de nuestra gran nación y de sus vastos intereses en el Pacífico.»

8.—EL EMPRÉSTITO DE LAS SEIS POTENCIAS

La batalla internacional por las concesiones financieras en el empréstito de Hukuang tuvo dos resultados inmediatos en China: primeramente, el Gobierno celeste quedó impresiona- do por el poder de los banqueros yanquis, apoyados por el Go- bierno de Wáshington para conseguir entrar en las combina-

(1) Overlach, Foreign Financial Control in China, pág. 214.

LA DIPLOMACIA DEL DÓLAR 69

ciones europeas para la explotación de China; y en segundo lugar, el Imperio se vió frente a frente con el espectro de una posible y probable bancarrota y con la posibilidad de que to- das las finanzas de China cayeran bajo el control absoluto de los capitalistas extranjeros (1). La dinastía manchú se tam- baleaba bajo el peso de la explotación extranjera; si no podía estabilizar la moneda del país, su ruina era inminente. Se ela- boró un plan para un empréstito de 50 millones de dólares, con el objeto de estabilizar la moneda y de desarrollar los recursos de Manchuria. La concesión financiera fué ofrecida al grupo yanqui. Este plan fué una nueva versión del convenio celebra- do en 1907 por el gobernador Tang, de Manchuria, y el cónsul general de los Estados Unidos en Mukden, para la creación de un Banco Manchuriano. En efecto, el grupo yanqui estaba in- tentando una vez más llevar a cabo su plan de conseguir una fuerte posición económica en Manchuria.

Cuando se conoció este plan en las cancillerías de Europa, los banqueros ingleses, franceses y alemanes sugirieron que el plan de estabilización monetaria y desarrollo de Manchuria po- dría emprenderse mancomunadamente por los financieros de las cuatro potencias. Al principio, el grupo yanqui se negó, aun- que no hacía mucho que acababa de invocar la política de la puerta abierta para obtener una participación en el emprésti- to de Hukuang. Después se vió obligado a aceptar la deman- da, por varias razones: la primera, por el deseo de las finan- zas yanquis de fortalecer su posición en Manchuria contra Ru- sia; la segunda, por la necesidad de limitar la lucha finan- ciera; y la tercera, por la imposibilidad para los banqueros yanquis de lanzar un volumen cuantioso de obligaciones chi- nas en el mercado americano, porque los Estados Unidos no habían hecho todavía grandes inversiones en obligaciones ex- tranjeras y las grandes industrias absorbían todavía el capital norteamericano.

La era de los trusts financieros internacionales había comen- zado (2). .

El 15 de abril de 1911 se redactó un convenio entre los ban-

(1) Bau, Foreign Relations of China, pág. 63. (2) Croly, Williard Straight, pág. 370. Bland, Recent Events in China, pág. 324.

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queros de los Estados Unidos, la Gran Bretaña, Alemania y Francia para emitir el empréstito monetario y de fomento de Manchuria (1). El convenio fué firmado por el Gobierno impe- rial chino, J. P. Morgan y Compañía, Kuhn, Loeb y Compañía, el First National Bank y el National City Bank; la British Hong-Kong and Shanghai Banking Corporation; el German Deutsch-Asiatische Bank y la Banque de 1'Indo Chine. El con- venio estipulaba un empréstito de diez millones de libras es- terlinas (aproximadamente, 50 millones de dólares) para uni- formar la moneda imperial china y proveer fondos para el fo- mento y desarrollo de empresas industriales en las tres pro- vincias de Manchuria. El tipo de interés había de ser de 5 por 100, y el plazo del empréstito, de cuarenta años. Como garan- tía, los banqueros de las cuatro potencias habían de recibir una hipoteca sobre las contribuciones al tabaco, la producción, el consumo y la sal. Se declaraba en el convenio que estas con- tribuciones estaban libres de cualesquiera otros empréstitos, gravámenes, cargas o hipotecas. En caso de defecto, los ban- queros habían de ejercer el primer derecho. China no podía abolir ni disminuír estos impuestos, sin permiso de los ban- queros.

Este drástico convenio fué conocido como «el empréstito mo- netario chino». Marcaba una nueva época en el control finan- ciero de China. Willard Straight, el cónsul general norteame- ricano que había negociado el convenio del Banco de Manchu- ria, era el representante financiero de J. P. Morgan and C*, y había negociado el empréstito monetario. Dos días después de que ee firmó el empréstito, escribió a Morgan: «El significado del convenio del empréstito que se firmó el sábado será com- prendido mejor dentro de cinco años que ahora. Es el primer resultado tangible de la nueva política inaugurada por el se- cretario Knox.» En su diario, el día de la firma del convenio escribió: «El empréstito monetario está firmado. La diplo- macia del dólar se ve al fin juetificada» (2). El convenio, en efecto, ponía el cimiento del primer coneorcio chino, que más tarde se convirtió en el actual consorcio. Intentaba crear un monopolio a favor de los banqueros de las cuatro potencias in-

(1) MacMurray, supra, vol. 1, ae 841. (2) Croly, supra, pág. 402.

LA DIPLOMACIA DEL DÓLAR 71

teresadas. El artículo 16 estipulaba que «si el Gobierno chino decidía invitar a los capitalistas extranjeros a participar con los intereses chinos en los negocios de Manchuria que se pro- yectaban con este empréstito, o que habían de emprenderse en conexión con él, ee invitaría primero a los bancos contratan- tes para tal participación.» De esta manera, los banqueros yan- quie estaban dispuestos a desdeñar la política de la puerta abierta que les había sido tan útil, cuando las otras potencias intentaban erigir un monopolio para la explotación de Man- churia. Rusia y el Japón protestaron contra el monopolio que habían negociado las finanzas yanquis y pidieron ser admiti- dos en iguales términos.

En medio de estas discusiones estalló la revolución china de 1911. La rebelión bóxer, acaecida once años antes, había sido una protesta contra la primera escaramuza de los negociantes europeos y yanquís por obtener concesiones. La revolución de 1911 fué una protesta contra la dinastía manchú, bajo cuyo gobierno débil y corrompido las intrigas de la segunda con- tienda por las concesiones habían convertido a China en va- sallo de las finanzas extranjeras. Cuando se estableció la Re- pública china y las diversas facciones pusieron término a sus diferencias, el gobierno de coalición, bajo Yuan Shi Kai, infor- al consorcio de las cuatro potencias de que China se proponía solicitar un empréstito de 125 millones de dólares para la reorga- nización general adminietrativa., También informó a los respec- tivos Gobiernos de los grupos de que era deseable que los ban- queros fusos y japoneses se incluyeran en el consorcio (1). Des- pués de largas y complicadas negociaciones, los chinos se mos- traron dispuestos 4 firmar un contrato que comprendía todas las exigencias de importancia de los banqueros de las seis potencias. Los términos del proyecto de convenio fueron apro- bados por los gobiernos, que insistieron además en que se em- plearan extranjeros en los puestos administrativos de impor- tancia y como recaudadores de contribuciones y superinten- dentes de aduanas (2).

Esto ocurría en 1913. En ese año, Woodrow Wilson empezó

8 Straight, Politics of Chinese Finance, pág. 11. (2) Blakeslee, Recent Developments in China, págs. 119-161. U. S., Foreign Relations, 1913, págs. 170-171.

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su primer período como presidente de los Estados Unidos:. Los banqueros yanquis preguntaron al nuevo presidente cuál sería su actitud hacia el proyectado empréstito de las seis poten- cias. La forma de esta consulta consistió en un ruego a la nue- va administración para que ésta pidiera al grupo yanqui que participara en el empréstito. Dos semanas después de haber tomado posesión, el presidente Wilson hizo su declaración de la nueva política del Gobierno norteamericano respecto a: las inversiones en China, y en ella retiraba el apoyo oficial al gru- po yanqui, que encabezaban J. P. Mergan C*. La declaración rezaba en parte: «Hemos sido informados de que, a petición de la administración anterior, cierto grupo de banqueros nor- teamericanos se comprometió a tomar parte en el empréstito que ahora solicita el Gobierno de China... Este grupo de ban- queros ha preguntado a la actual administración si también les pediría que participaran en el empréstito... La adminis- tración ha decidido no hacer semejante petición, porque no aprobaba las condiciones del empréstito ni las responeabili- dades que claramente se le dijo implicaría para ella semejante petición.

»Las condiciones del empréstito nos parecen afectar muy de cerca a la independencia administrativa de China; y esta ad- ministración no cree que debe, ni aun indirectamente, apoyar esas condiciones. La responsabilidad que asumiría haciendo esa petición a los banqueros para que emprendieran el emprés- tito podría verosímilmente llevarla al extremo, en alguna cir- cunstancia desgraciada, de intervenir por la fuerza en las cues- tiones financieras, y aun políticas, de esa gran nación orien- tal, que ahora despierta a la conciencia de su fuerza y de sus obligaciones para con su pueblo. Las condiciones implican no solamente el empeño de sus contribuciones particulares, algu- nas de ellas anticuadas y onerosas, para garantizar el emprés- tito, sino también la administración de dichas contribuciones por agentes extranjeros. La responsabilidad que adquiriría nues- tro Gobierno, por su parte, al favorecer un empréstito de esta manera conseguido y administrado, es harto notoria y contra- ria a los principios sobre que descansa el Gobierno de nuestro pueblo» (1).

(1) American Journal of International Law, vol. VH, pági- nas 335-341. | |

LA DIPLOMACÍA DEL DÓLAR 73

Esta condenación oficial de la táctica y miras del imperia- lismo financiero contenía un importante pasaje, que demos- traba que el principal motivo en que se fundaba era el hecho de que la primera actuación de Wilson representaba los intereses industriales, más bien que los financieros del país. «El Gobier- no de los Estados Unidos—decia—está muy deseoso de fomen- tar las más extensas e íntimas relaciones comerciales entre su país y la República china. La actual administración estimula- y apoyará las medidas legislativas necesarias para propor- cionar a los comerciantes, industriales, contratistas e ingenie- ros norteamericanos las facilidades, bancarias y de otra índole económica, de que ahora carecen, y sin las cuales sufren se- rias desventajas, en comparación con sus rivales» (1). |

Como resultado del retiro del apoyo oficial, el grupo ban- cario yanqui se retiró del consorcio de las seis potencias, indi- cando con elo la necesidad del apoyo diplomático que tenía el imperialismo financiero. La retirada del grupo yanqui dejó un consorcio de cinco potencias, «bajo cuyos auspicios el lla- mado empréstito reorganizador de 25.000.000 de libras se llevó a cabo en 1913» (2). Por otra parte, aunque en aquel enton- ces no cristalizó la ambición de las finanzas yanquis de explo- tar a China, el hecho sirvió para demostrar claramente el pa- pel dominante que el capital yanqui empezaba a desempeñar en Oriente. Este papel agudizaba de día en día su conflicto con el Japón, que también aspiraba a dominar el Pacífico. Un editorial acerca del empréstito de las seis potencias, publica- do en el Asahi Shimbun (periódico japonés), de Osaka, en mayo de 1912, decía -lo siguiente:

«Como los Estados Unidos no tienen concesiones territoria- les ni facilidades geográficas, se han constituído en guías po- líticos y financieros de China... Por medio de una diplomacia atrevida e intefigente han obligado al Japón, a Rusia y a In- glaterra, cuyos derechos e intereses predominan, a colocarse en segunda fila» (3).

Al estallar la guerra mundial en 1914—punto culminante en el choque de intereses imperialistas en diversas partes del mun-

(1) American Journal of International Law, vol. VII, págl- nas 338-9.

-(2) Lamont, New Consortium for China, pág. 4.

(3) Bland, Recent Events in China, pág. 331.

74 SCOTT NRARING Y JOSEPH FRÉEMAN

do y 'no menos en China—se paralizó la caza activa de concesio- nes. Los Estados Unidos, el único país capitalista que no in- tervino por cierto tiempo, hicieron algún negocio durante la matanza. En mayo de 1916, la American International Corpo- ration, una sucursal de Morgan organizada para hacer nego- cios en el extranjero, obtuvo el contrato para un empréstito al Gobierno chino para la explotación del Gran Canal del Sur, en la provincia de Chantung. El convenio estipulaba un emprés- tito de tres millones de dólares, al 7 por 100, por treinta años, garantizado con los terrenos y los impuestos sobre los terre- nos que favorecía la explotación del canal, y por los deréchos e impuestos de éste (1). En el mismo mes, la Siems and Ca- rey C*%, de Chicago, obtuvo una concesión pera construír 1.500 millas de ferrocarril en China (2).

El año 1917 halló a los Estados Unidos tomando parte actí- va en la guerra mundial. También encontró a Rusia en me- dio de una revolución social y alejada, por lo tanto, del con- curso imperialista en China. Los dos rivales que quedaban en Manchuria podían ahora llegar a un arreglo. Ya se ha indi- cado que, cuando se llega al punto máximo en la lucha por las esferas de interés, los grupos contendientes convienen respetar- se recíprocamente sus esferas. Con el objeto de llegar a un acuerdo sobre China, llegó a los Estados Unidos una misión japonesa, dirigida por el vizconde lIehii, y el 2 de noviembre firmó con el secretario Lansing un convenio secreto, que había de tener muchísimo alcance.

El convenio Lansing-Ishii comprometía francamente a los Estados Unidos a aceptar el imperialismo en Oriente. Según sus cláusulas, los Estados Unidos reconocían «que el Japón tiene intereses especiales en China, particularmente en los lu- gares contiguos a sus posesiones». Aunque negaba toda inten- ción de infringir «la independencia o integridad territorial de China», ambos Gobiernos se comprometían a observar la polí- tica de la puerta abierta, o sea «de igualdad de condiciones para el comercio y la industria». Los dos Gobiernos también convinieron en oponerse a que cualquiera otra potencia ad-

ed

0 Ad Treaties and Agreements, cap. II, pági- o Ibid., págs. 1.313-1.324.

LA DIPLOMACIA DEL DÓLAR 75

quiriera privilegios que infringieran la poca independencia que tenía China o perjudicaran el principio de la puerta abierta (1). Semejante convenio era evidentemente una intromisión en los asuntos políticos de «esa gran nación oriental», que Wilson había desaprobado cuatro años antes. En efecto, China pro- testó contra el convenio Lansing-Ishii, declarando que «no aca- taría ningún convenio celebrado por otras naciones, y que sólo respetaría los especiales intereses de otra nación, motivados por la proximidad territorial, en cuanto fuere estipulado por los tratados existentes» (2).

En 1919, en la Conferencia de la Paz, de París, se hicieron tentativas por resolver las contradicciones originadas por el conflicto de los intereses imperialistas en China. Uno de los problemas más agudos se refería a la provincia de Changtung. Esta había sido la esfera de influencia alemana desde 1898. En 1914, el Japón se aprovechó de que la guerra había estallado para posesionarse del puerto arrendado de Kiauchow, en Chang- tung, y hacer extensivo su control a otras partes de la pro- vincia, estacionando tropas en puntos estratégicos. El 18 de enero de 1915 el Japón presentó a China veintiuna reclamacio- nes, pidiendo que los privilegios de Alemania en Changtung se transfirieran al Japón, y exigiendo privilegios adicionales, que ponían en manos del Japón el control absoluto de la pro- vincia. El Japón pedía, entre otras cosas, el control de la Man- churia del Sur y de la Mongolia interior del Este, lo que supo- nía prácticamente el monopolio de las concesiones ferrovia- rias, mineras y financieras, así como el control de la policía y del ejército (3). A estas reclamaciones siguió un ultimátum amenazando con la acción. China se vió obligada a firmar tra- tados concediendo.lo pedido el 25 de mayo de 1915 (4).

Durante las negociaciones, el Gobierno de Wáshington no- tificó al Japón y a China que los Estados Unidos «no pueden reconocer ningún" tratado o compromiso que haya sido hecho o que pueda ser hecho por los Gobiernos de China y el Japón, infringiendo los derechos adquiridos por tratados por los Esta- dos Unidos y sus ciudadanos en China, la integridad política

(1) U. S. Congress, 66: 1, Sen. Doc., 106, pág. 225.

2) Bau, Foreign Relations of China, pág. 81.

13) MacMurray, Treaties and Agreements, cap. II, pág. 1.231. (4) MacMurray, Treaties and Agreements, vol. 11, pág. 1.216.

76 SCOTT NEARING Y JOSEPH FREEMAN

o territorial de la República de China, o la política interna- cional, relacionado con China, que comúnmente se llama la po- lítica de la puerta abierta» (1).

El Japón, decidido a conservar Changtung si los udiudos ga- naban la guerra, se fortificó con un tratado secreto con la Gran Bretaña que apoyaba sus designios (2). Cuando la Conferen- cia de la Paz en París trató la cuestión de Changtung, los dele- gados japoneses amenazaron con retirarse de la Conferencia y boicotear la proyectada Liga de Naciones ei las pretensiones del Japón respecto a Changtung no eran ratificadas. El presidente Wilson convino en apovar al Japón, principalmente por miedo a que si el Japón se retiraba de la Conferencia de la Paz «em- pezaría a buscar alianzas por su cuenta en Oriente» (3).

9.—EL NUEVO CONSORCIO

La victoria del Japón en la Conferencia de la Paz fué un gol- pe para la política de la puerta abierta de los Estados Unidos y para los intentos de los negociantes y financieros yanquis de deshacer las esferas de influencia en China. Pero esta victoria fué contrarrestada por la formación del consorcio chino de 1920. Bajo la presión de Norteamérica, China había entrado en la guerra a favor de los aliados en 1917. Para ayudar finan- cieramente a China, el Departamento de Estado, en 30 de ju- nio de 1918, convocó a los representantes de los banqueros ame- ricanos que habían estado interesados en las inversiones en China. El grupo se hallaba formado por treinta y seie bancos, que encabezaba un comité gerente de siete instituciones, que eran: J. P. Morgan $ Compañía, Kuhn, Loeb y Compañía, el National City Bank, el First National Bank, el Chase Nationa) Bank, el Continental and Commercial Trust and Savings Bank, de Chicago; Lee, Higginson y Compañía y el Guaranty Truet

Y

Company, de Nueva York (4). Los banqueros estaban dispues-

-

(1) MucMurray, Treaties and Agreements, vol. II, pág. 1.236.

(2) Baker, Woodrow Wilson, World Seltlement, vol. 11, pá- gina 250.

(3) Baker, Woodrow Wilson, World Setilement, vol. 11, pá- “na 258.

(4) Lamont, supra, pág. 4.

LA DIPLOMACIA DEL DÓLAR 7

tos a organizar una combinación con objeto de emitir emprés- titos chinos en las condiciones expresadas en una carta que es- cribieron al Departamento de Eetado, el 8 de junio de 1918 (1). Estas condiciones eran:

1.2 Que los empréstitos chinos se emitieran por un grupo de cuatro potencias, compuesto de «financieros reconocidos por los respectivos Gobiernos de la Gran Bretaña, Francia, el Ja- pón y los Estados Unidos».

2.* Que todos los miembros del grupo yanqui abandona- ran las concesiones de empréstitos que tuvieran, y que todos los empréstitos hechos a China se consideraran negocios del grupo de las cuatro potencias.

3.2 Que el Gobierno de los Estados Unidos «estuviera dis- puesto, en principio, a reconocer el cainbio en nuestras rela- ciones internacionales, tanto diplomáticas como comerciales, originadas por la guerra».

4.2 Que el Gobierno de los Estados Unidos, «al tiempo de la emisión, declarara al público que el empréstito se hacía por indicación del Gobierno» (2).

El secretario de Estado, Lansing, accedió a esta franca de- manda de que el Gobierno apoyara a los banqueros en sus ne- yocios en China. En una carta que envió al día siguiente, 9 julio, declaró:

1.2 Que «el Gobierno había sugerido que se hiciera este em- préstito y no vacilaría en declarar formalmente el hecho al ha- cerse la emisión». |

2. Que el Gobierno «está dispuesto a ayudar, de toda ma- nera apropiada, y a hacer activas y vigorosas indicaciones y adoptar las medidas necesarias para asegurar el cumplimien- to de contratos equitativos, hechos de buena fe por sus ciuda- danos en tierras extranjeras» (3).

El Departamento de Estado se dirigió formalmente a los Go- biernos interesados en el plan, v por la correspondencia que siguió puede verse de qué manera tan completa había cam- biado el Gobierno su política desde que Woodrow Wilson retiró su apovo al antiguo empréstito de las seis potencias de 1913.

(1) Carnegie Endowment for International Peace, The Con- sortinmn.

(2) Ibid., Carnegie Iindowment, supra, pág. 2.

(3) Ibid., páge. 3-5. !

78 SCOTT NEARING Y JOSEPH FREEMAN

No 'solamente estaba Wáshington dispuesto a apoyar a los banqueros, sino que en 8 de octubre de 1918 se notificó al mi- nistro de Negocios Extranjeros de Inglaterra que:

«Puede decirse definitivamente que el Gobierno de los Es- tados Unidos no quería significar que el control extranjero de la recaudación de rentas u otras obligaciones especiales, em- peñadas de consentimiento mutuo, había de ser necesariamen- te censurable, ni tampoco lo sería el nombramiento de un con- sejero extranjero, según los términos de un empréstito espe- cial, como, por ejemplo, para fiscalizar la introducción de re- formas monetarias» (1).

Mientras los Gobiernos se cambiaban notas sobre el consor- cio, los banqueros de las cuatro potencias interesadas se re- unieron en París para diecutir las condiciones. Thomas W. La- mont, de J. P. Morgan y Compañía, que se hallaba a la sazón en París como consejero financiero de los delegados yanquis, tomó la parte principal en la Conferencia de banqueros, en re- presentación del grupo yanqui. El 12 de mayo de 1919 la Con- ferencia redactó un convenio preliminar.

Tenían que vencerse dos serios obstáculos antes de que pu- diera llegarse a un verdadero acuerdo. Para vencer estos obe- táculos se coligaron los banqueros yanquis y el Departamen- tao de Estado. «En los meses siguientes siguió una extenea co- rrespondencia diplomática entre los cuatro Gobiernos interesa- dos, tomando la delantera los Estados Unidos» (2).

El primer obstáculo era que los Gobiernos francés e inglés no estaban dispuestos a garantizar apoyo diplomático exclusi- vo a sus respectivos grupos. El proyecto del convenio de los banqueros, que se redactó en París el 12 de mayo, estipulaba que los grupos interesados tenían derecho al apoyo diplomé- tico exclusivo de sus respectivos Gobiernos. Los Estados Uni- dos estaban dispuestos a conceder tal apoyo al grupo Morgan. En relación con esto, debe recordarse que por aquel entonces la guerra había hecho a los banqueros yanquis acreedores de todas las potencias europeas, y que ya habían declarado que el Japón y dos Estados Unidos tendrían que ayudar a los gru- pos francés y británico del consorcio. Francia e Inglaterra, sin

(1) Carnegie Endowment, supra, pág. 15.

(2) Lamont, supra, pág. 7.

. , : LA DIPLOMACIA DEL DÓLAR 79

embargo, no.estaban dispuestas a conceder a sus grupos el mo- nopolio de los empréstitos chinos. Declaraban que a otros gru- pos ingleses y franceses que quisieran invertir dinero en China se les permitiera hacerlo. El plan del grupo Morgan acabó por triunfar. Una transacción propuesta por el Departamento de Estado y aceptada por los Gobiernos inglés y francés estipula- ba que:

«Los Gobiernos de cada uno de los cuatro grupos partici- pantes se comprometen a dar todo su apoyo a los miembros de sus respectivos grupos del consorcio en todas las operacio- nes que se emprendan según las resoluciones y acuerdos del 11 y 12 de mayo de 1919, respectivamente, tomados por los ban- queros en París. En caso de disputa para obtener algún con- trato especial de empréstito, el consorcio contará con el apoyo colectivo de los representantes diplomáticos de los cuatro Go- biernos en Pekín, con el objeto de que obtenga - dicho con- trato» (1). | |

El segundo obstáculo era más serio, desde el punto de vista de los banqueros yanquis y de las relaciones internacionales. El Japón, queriendo monopolizar Manchuria y Mongolia, pro- puso que estas dos regiones se excluyeran de las operaciones del consorcio. Inglaterra y los Estados Unidos protestaron en seguida contra tal pretensión. El grupo de financieros yanquis también protestó. Los intereses de Morgan y el Departamen- to de Estado llevaron a cabo mancomunadamente intrincadas negociaciones. Thomas W. Lamont notificó a los banqueros ja- poneses que «Mongolia y Manchuria son partes importantes de China, y que cualquier intento para excluírlas del radio del coneorcio tenía que ser inadmisible» (2). El secretario Lan- sing escribió al Gobierno japonés que, en vista del convenio Lansing-lehii, el Japón «podía, con toda seguridad, fiar en la buena fe de los Estados Unidos y de las otras dos potencias asociadas en el consorcio de que se rehusarían a apoyar cual- quiera operación «que fuera contraria a los imereses vitales del Japón» (3). Mientras tanto, Lamont, «con la aprobación del Departamento de Estado de Wáshington» (4), fué personalmen-

(1) Great Britain, Miscellaneous, núm. 9 (1921), pág. 32. (2) Carnegie Endowment, supra, pág. ?1.

(3) Carnegie Endowment, supra, pág. 39.

(4) Lamont, supra, pág. 8.

80 SCOTT NEARING Y JOSEPH FREEMAN

te al Japón. Después de dilatadas negociaciones, se llegó a una transacción, que aceptaron todas las potencias interesadas. El papel del Departamento de Estado en las negociaciones finan- cieras de caráoter internacional se halla concisamente expre- sado en eu memorándum del 3 de abril de 1920, que declara que «el Gobierno norteamericano está dispuesto a sujetarse a las condiciones de la transacción propuesta por Mr. Lamont en Tokío» (1). Por esta transacción, el ferrocarril del Sur de Man- churia y otras varias líneas «en las que los japoneses ya ha- bían hecho mejoras de importancia» (2) se excluían del radio del coneorcio; pero el proyectado ferrocarril de Taonanfú a Jehol y el proyectado ferrocarril que unía un punto del de Tao- nanfú a Jehol, con un puerto de mar, habían de incluírse en las operaciones del consorcio (3).

Habiendo renunciado el Japón a sus pretensiones sobre Man- churia y Mongolia, el grupo yanqui estaba ya en disposición de cerrar el trato. El 15 de octubre de 1920 fué redactado y fir- mado el convenio del consorcio chino en el edificio de la Cámara de Comercio de Nueva York, por representantes de la Hong- Kong and Shanghai Banking Corporation, la Banque de 1'Indo Chine, el Yokohama Specie Bank Limited, y del grupo yanqui, a saber: J. P. Morgan and C*, Kuhn, Loeb and Co, el Natio- nal City Bank, el Chase National Bank, el Guaranty Trust Co, de Nueva York; Lee Higginson and C* y el Continental and Commercial Trust and Savings Bank, de Chicago.

Después de firmado el convenio, China recibió la primera notificación formal del consorcio (4). Hasta entonces, no se había consultado a «esa gran nación oriental», cuya soberanía había sido tantas veces garantizada por el Departamento de Estado.

10.—CHINA COMO ESFERA DE INFLUENCIA YANQUI

El convenio del coneorcio, apoyado por la dominante posi- ción económica de los Estados Unidos, consigue el objeto que

(1) Carnegie Endowment, ds: pág. 54. (2) Lamont, supra, pág.

(3) Carnegie Endowment, Ia pág. 61. (4) 1bid., pág. 73.

LA DIPLOMACIA DEL DÓLAR 81

desde 1900 procuraban alcanzar los capitalistas yanquis y el Departamento de Estado. China se ha convertido en una es- fera de influencia yanqui (1).

El objeto del consorcio, según el convenio, es negociar y ejecutar negocios de empréstitos chinos, en particular emprés- titos al «Gobierno de China, o a Departamentos del Gobier- no chino, o a provincias de China, o a Compañías o corpora- ciones poseídas o controladas por o en nombre del Gobierno chino, o del Gobierno de una provincia china». Los artículos 3.* y .4.2 estipulan la completa igualdad entre los grupos en to- dos los negocios emprendidos por el consorcio, y conceden a cada grupo libertad para negarse a participar en cualquier ne- gócio que no quiera emprender. El artículo 5. estipula que, en cuanto sea posible, las partes de una operación no serán con- juntamente responsables, sino que cada grupo estará obligado a liquidar sus propios compromisos. Según los artículos 6. y 7.*, un grupo que no pueda emitir bonos chinos en su propio mercado puede pedir a los otros grupos que incluvan su pes- ticipación en su propia emisión. Esta última estipulación revela la. verdadera situación actual en Oriente. Los Fstados Uni- dos, acreedores de medio mundo, se han puesto a la cabeza como la potencia occidental predominante en Oriente.

«A causa de la guerra, los mercados inglés y francés tal vez no puedan en algunos años por venir comprar ninguna gran cantidad de obligaciones extranjeras en China ni de ninguna otra nación. El grupo yanqui, por tanto, ha tenido que saltar, por la fuerza de las circunstancias, de una posición borrosa en el viejo coneorcio, a otra de primera importancia en: el nuevo.

»En éste, los Estados Unidos, representados por su grupo, harr de estar en condiciones de desempeñar un papel muy ac- tivo. Si ee encuentran en tales condiciones, podrán desa1roliar, con sus experimentados compaferos de la Gran Bretaña, Fran- cia- y el Japón, un amplio y seguro plan para el fomento eco- némico y financiero de China... Por medio de sus represen- tantes en Pekín podrán ejercer, sistemáticamente, su influen- cia sobre los revueltos elementos actuales» (2).

(1) Carnegie Endowment, supra, pág. 67. (2) Lamont, supra, págs. 17-18.

8? SCOTT NEARING Y JOSEPH FREEMAN

El nuevo consorcio es, pues, el fruto de las dos políticas más importantes que ha intentado el Departamento del Estado res- pecto a China. Primeramente señala el triunfo de la «puerta abierta», puesto que da al capital americano libre acceso a los mercados de China; en segundo lugar, revive el proyecto de neutralización de Knox, puesto que todos los ferrocarriles y otros servicios públicos, construídos por el consorcio, estarán controlados internacionalmente, con América y el Japón a la cabeza (1). Las antiguas esferas de influencia quedarán abo- lidas, y China se convertirá en una esfera de influencia, que explotará un trust financiero internacional. «Ya no veremos es- feras de influencia erigidas en China» (2). Desde que el pre- sidente Roosevelt convirtió la indennnización bórer en un fondo para la educación de estudiantes chinos en los Estados Unidos, este país ha sido el amigo tradicional de China, actitud que no ha sido modificada por incidentes como la ley de exclusión de los chinos de 1905. Sin embargo, el nuevo consorcio no. debe considerarse «una institución de caridad», según Thomas W. Lamont, porque de ninguna manera puede funcionar si no ofre- ce un buen margen de beneficios» (3). Según el nuevo consor- cio, el grupo yanqui se convierte en el principal factor para la construcción de los ferrocarriles de Hukuang, por una par- ticipación en los cuales luchó tanto en 1909. La formación del consorcio fué apadrinada por la administración de Wilson; el 31 de marzo de 1921 el secretario de Estado, Charles E. Hu- ghes, notificó a J. P. Morgan C* que aprobaba los fines del consorcio (4). El éxito de los financieros yanquis al hacer de China una esfera internacional de influencia económica, dejan- do con ello libre el paso al capital yanqui, fué reconocido di- plomática e internacionalmente en la Conferencia del desarme celebrada en Wáshington, del 12 de noviembre de 1921 al 6 de fe- brero de 1922. Es significativo que la Conferencia haya exami- nado la cuestión de los armamentos y el Extremo Oriente.

Los convenios a que llegó la Conferencia respecto al Extre- mo Oriente, señalaron el triunfo de la política yanqui. Una vez más se ratificó la política de la puerta abierta, y se rea-

El Lamont, supra, pág. 14. 2) Ibid., pág. 17.

(3) Idem.

(4) Carnegie Endowment, supra, pág. 74.

LA DIPLOMACIA DEL DÓLAR 83

lizó el antiguo proyecto de Knox de detener la lucha por las esferas de influencia.

El tratado de las cuatro potencias, firmado en la Confe- rencia por Jos Estados Unidos, Francia, Inglaterra y el Ja- plón, obligaba a las potencias a mantener el statu quo en el Pacífico. Los cuatro Gobiernos se comprometieron «a respe- tarse sus derechos, en relación con sus posesiones y dominios insulares, en la región del Océano Pacífico». Un tratado com- plementario estipulaba que los términos «posesiones y domi- nios insulares» se referían, en el caso del Japón, solamente a la parte meridional de pen Formosa e islas de los Pescadores.

La parte más importante del tratado, para los Estados Uni- dos, era la cláusula IV, que establecía que, tan pronto como el tratado fuera ratificado por las cuatro potencias, «cesaría el convenio entre la Gran Bretaña y el Japón, que se firmó en Londres el 13 de julio de 1911» (1).

Teniendo al Japón como el rival más formidable “de las finanzas e intereses políticos de los Estados Unidos en el Ex- tremo Oriente, el senador Lodge pudo manifestar francamen- te al Senado, el 8 de marzo de 1922, que «el punto principal y más importante del tratado era la conclusión de la alianza anglojaponesa. Este era el objeto principal del tratado», El senador Lodge agregó que «ula alianza anglojaponesa coneti- tuía el elemento más peligroso en nuestras relaciones con el Extremo Oriente y el Pacífico» (2).

El tratado de las nueve potencias, firmado en la Conferen- cia de Wáshington, ee refería directamente a China. Los Esta- dos Unidos, Bélgica, Inglaterra, Francia, Italia, el Japón, Ho- landa, Portugal y China firmaron el tratado. Las potencias convinieron en respetar la soberanía, independencia e integri- dad territorial y administrativa de China; una vez máe se comprometieron a observar el principio de la puerta abierta. Ninguna de las potencias había de aprovecharse del caos que reinaba en China, para -obtener privilegios especiales contra- rios a las demás potencias. En cuanto a las esferas de influen-

1) U. S. Congress, 67, 2. Sen. Doc., 126, págs. 889-91. 2) U. S., Congressional Record, vol. LXIÍ, March 8, 1022,

págs. 3.547-3. 552,

84 SCOTT NEARING Y JOSEPH FREEMAN

cia y a la lucha por concesiones, el tratado estipulaba que ningún Gobierno buscaría ni ayudaría a sus ciudadanos a buscar especiales ventajas comerciales o económicas sobre los ciudadanos de las demás potencias. Los Gobiernos interesa- dos no habían de'«apoyar ningún arreglo, verificado por sus respectivos súbditos entre sí, tendientes a crear esferas de in- fluencia, ni permitir el goce de oportunidades mutuamente ex- clusivas, en partes estipuladas de territorio chino». China se comprometió a no dar preferencia indebida a ninguna de la. potencias para el uso de sus ferrocarriles (1).

China pidió a las potencias representadas en la Conferen- cia de Wáshington que demostraran su respeto a su integri- dad territorial y administrativa, devolviéndole el derecho de fijar sue propias tarifas arancelarias y aboliendo los tribuna- les extranjeros en territorio chino. Las tarifas de China en los puertos del tratado estaban fijadas en un máximo de 5 por 100 ad valorem por el tratado anglochino firmado en Nankín en 1842. Este convenio arancelario fué “incorporado al tratado de 1844 entre China y los Estados Unidos (2). La: fiscalización de la recaudación de Jos derechos aduaneros chinos data de 1853, cuando Shanghai fué tomado por los rebeldes de Taiping y se cerraron las aduanas. Los cónsules extranjeros empezaron a recaudar los derechos, y al año siguiente, los cóneules de los Estados Unidos, Inglaterra y Francia lograron tratados con China que estipulaban el establecimiento de una junta de ins- pectores extranjeros de aduanas. En 1858, los extranjeros em- pezaron a ingresar en la administración de las aduanas chi- nas, y en 1922 el ministro de Negocios Extranjeros de China pudo declarar que ni uno solo de los cuarenta y cuatro comi- sionados para las tarifas aduaneras en los puertos de los tra- tados era chino (3). En la Conferencia de on los de- legados chinos sostuvieron que la actual tarifa del 5 por 100 constituía una continua pérdida financiera para su Gobier- no, y que China no podía ser lo estable que las potencias de- clfan que querían que fuera si no recobraba su autonomía arancelaria. La Conferencia no devolvió a China su derecho

(1) U. S. Congress, 67, 2: Sen. Doc., 126, págs. 893-6. (2) Ibid., pág. 172. | (3) Tbid., pág. 187.

LA DIPLOMACIA DEL DÓLAR 85

de fijar sus aranceles, pero estipuló una revisión de las tari- fas arancelarias para que en realidad equivalieran al 5 por 100 en las actuales circunstancias financieras mundiales, y la celebración de una conferencia que tratara de la cuestión de las tarifas (1).

Asimismo se quejaron los delegados chinos de que los Tri- bunales extraterritoriales, sostenidos por las potencias ex- tranjeras en China, constituían una violación de su soberanía, y pidieron su abolición. Los Estados Unidos habían obtenido derechos extraterritoriales por el tratado de 1844. Otras poten- cias obtuvieron el mismo privilegio poco después. En el tratado comercial de 1903 con China, los Estados Unidos prometieron renunciar a los derechos extraterritoriales, «cuando creyeran que el estado de las leyes chinas, la reforma de eu administra- ción y otras consideraciones permitían hacerlo» (2). Los mie- mos términos constaban en el tratado comercial anglochino de 1902 (3) y del chinojaponés de 1903 (4). La Conferencia de Wáshington no abolió los derechos extraterritoriales, pero adop- una resolución que estipulaba que se crearía una comisión que tratara la cuestión, especificando que las potencias extran- jeras quedaban en libertad para aceptar o rechazar las reco- mendaciones de dicha comisión (5).

Por muchos conceptos, la Conferencia de Wáshington logró en lo político lo que el grupo de banqueros Morgan había logra- do ya económicamente por el consorcio chino. No solamente salió fortalecida la política de la puerta abierta, sino que las potencias se comprometieron a no buscar nuevas esferas de influencia en China. Sobre este último punto hizo hincapié el presidente Harding en una carta recomendando al Senado que ratificara los tratados de la Conferencia de Wáshington. Tam- bién declaró que el tratado de las nueve potencias reemplaza- ba al convenio Lansing-Ishii de 1917, que reconocía los especia- les intereses del Japón en China (6). El 16 de abril de 1923 se anunció que los Gobiernos de Wáshington y Tokío habían con-

e

(1) U. S. Congress, 67, 2; Sen. Doc., 126, páge. 897-901. (2) MacMurray, Treaties and Agreements, vol. 1, pág. 431. (3) Tbid., pág. 351.

(4) Ibid., pág. 414.

(5) U. S. Congress, 67: 2; Sen. Doc., 126, páge. 903-4.

(6) U. S., Congressional Record, vol. LXIT, pág. 3.559.

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venido formalmente cancelar el convenio Lansing-Ishii. Sin embargo, el convenio Root-Takahira de 1908, que comprometía a los Estados Unidos y al Japón a conservar el statu quo en el Pacífico, sigue todavía en vigor (1).

La influencia del consorcio chino se hizo sentir en el conve- nio de Chantung, que fué uno de los resultados de la Confe- rencia de Wáshington. A las negociaciones entre China y el Japón, referentes a Chantung, asistieron primero el secretario de Estado Hughes y eir Arthur Balfour, y después otros repre- sentantes norteamericanos e ingleses, El resultado fué un arre- glo que privó al principal rival de los Estados Unidos en el Extremo Oriente de una importante base estratégica, y entregó al consorcio algunas de las concesiones que el Japón había mo- nopolizado. El convenio entre China y el Japón estipulaba la devolución de Chantung a China y la retirada de las tropas ja- ponesas de la provincia. China, además, había de comprar al Japón el ferrocarril de Chantung, que corría de Teingtao a Tsinanfu, con dinero prestado por el Japón a un plazo de quin- ce años (2). Se convino, sin embargo, que «las concesiones re- ferentes a los dos ramales del ferrocarril de Tsingtao-Tsinanfu, a saber, las líneas de Teinanfu a Chunteh y de Kaomi a Hsu- choufu, fueran abiertas a la actividad común de un grupo finan- ciero internacional» (3). Como el consorcio tiene el monopolio de empréstitos chinos, los banqueros yanquis pueden quedar grandemente interesados en estas líneas ferroviarias.

El abiertamente confesado propósito de los Estados Unidos de lograr ascendiente en el Pacífico, que ha sido rigurosamente perseguido por la inseparable combinación de las finanzas y la diplomacia, les ha hecho chocar repetidas veces, primero con Rusia y el Japón, y después con el Japón solo. Ya en 1907, el barón Kaneko declaró: «Debemos hacer todo lo posible por disputar a los Estados Unidos este dominio del Pacífico, y ha- cer también lo que podamos por el control de los mercados del Extremo Oriente» (4). Más recientemente (1919), el profesor John Dewey, al regresar del Extremo Oriente, ha escrito :

«En ohsequio a la verdad, hay que declarar que tado resi-

- e A PP o

(1) New York Times, abril 16 1923, pág. 3 : 1.

(2) U. S. Congress, 67, 2; Sen. Doc., 126, págs. 125-31. (3) Ibid., pág. 128.

(4) Pacific Era, vol. 1, pág. 15.

LA DIPLOMACIA DEL DÓLAIR 87

dente en China, sea chino o norteamericano, con quien he ha- blado durante. las últimas cuatro semanas, ha confesado su creencia de que se ha introducido en China la semilla de una gran guerra futura» (1).

El Japón considera el Extremo Oriente como su imperio económico exclueivo. Ha desarrollado una doctrina Monroe asiá- tica, que proclama. que «Asia es para los asiáticos». Su intento de mantener a Mongolia y a Manchuria fuera del radio del nue- vo consorcio, formó parte, en efecto, de eu lucha por conser- var el dominio económico exclusivo en el Extremo Oriente, de manera muy parecida a como los Estados Unidos ee reservan el derecho exclusivo de dominar en el hemisferio occidental. La presión ejercida por el grupo Morgan y el Departamento de Es- tado para que el Japón retirara sue pretensiones, constituyó un reto a los planes imperialistas del Japón.

11.—LA ESFERA DE INFLUENCIA EN EL CERCANO ORIENTE

Las inversiones yanquis en el Cercano Oriente, especialmen- te en tabaco y petróleo, han convertido a este sector del mundo en una «esfera de influencia» yanqui. Hasta qué punto se ha mostrado dispuesto el Gobierno de Wáshington a apoyar a los capitalistas yanquis en esa región, puede verse en la siguiente declaración hecha por la Oftcina norteamericana de Informa- ción Naval:

«Tenemos extensos intereses en el Cercano Oriente, especial- mente en tabaco y petróleo. A principios de 1919, varios destro- yers norteamericanos fueron enviados a Constantinopla para hacer servicio en el Cercano Oriente. Representantes de inte- reses comerciales nortamericanos investigaron con eumo cui- dado la posibilidad de explotar los recursos económicos de esa parte del mundo. La Marina dió toda clase de ayuda a estos representantes, transportándolos a varios lugares y dándoles todo género de informes acerca de actividades comerciales, ob- tenidos por los oficiales de Marina en sue frecuentes viajes por el mar Negro... La Marina no solamente ayuda a nuestras casas comerciales a obtener negocios, sino que cuando se pre-

(1) Dewey, China, Japan and the U. $. A.

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sentan oportunidades comerciales se da a las casas norteame- ricanas noticia de ello y todos los informes posibles... Siempre hay un destróyer en Sansum (Turquía), para cuidar de los intereses norteamericanos de tabaco en ese puerto... Las Com- pañías tabacaleras norteamericanas, representadas allí, cuen- tan prácticamente con el efecto moral que supone tener en el puerto un buque de guerra, para que su tabaco esté listo para el embarque» (1).

Uno de los oficiales de Marina de servicio en aguas turcas obtuvo una concesión que ponía enormes fuentes de riqueza a la disposición de los capitalistas yanquis. En 1909, este oficial, el contraalmirante Colby M. Chester, obtuvo un convenio preli- minar del Gobierno turco para la construcción de un puerto y ferrocarriles y la explotación de minas por capital yanqui. El presidente Roosevelt apadrinó la empresa. Al regreso de 6u viaje alrededor del mundo, la flota americana recibió órdenes de detenerse en Smirna y embarcar varios oficiales turces «en interés de la concesión norteamericana» (2). Los intentos que hicieron los intereses de Chester por que el convenio fuera ra- tificado, encontraron eeria oposición por parte de la Compañía de Ferrocarilcs de Bagdad, que era un grupo de capitalistas alemanes. También se demoró la ratificación a causa de la re- volución turca.

Izn 1910, el nuevo ministro de Obras Públicas firmó el con- trato, que fué sometido al Parlamento turco para su ratifica- ción. Esta victoria de los capitalistas yanquis sobre los alema- nes se debió en gran parte a la ayuda del Departamento de Estado.

Durante las negociaciones, el secretario Knox, dispuesto a . extender la «diplomacia del dólar» a todas las esferas en que las finanzas yanquis pudieran interesarse, informó al almiran- te Chester de que sentía un profundo interés en la voncesión ; y el subsecretario de Estado, Huntington Wilson, que llegó a Constantinopla en 1909 para asistir a las ceremonias de la co- ronación del nuevo Sultán, declaró públicamente que el objeto de su visita era apoyar las pretensiones de Chester (3). Ade.

(1) Bierstadt, Great Betrayal, pág. 97. (2) Current History Magazine, vol. 16, pág. 955. (3) Ibid., pág. 957.

LA DIPLOMACIA DEL DÓLAR 89

más, «después de que se sometió el convenio al Parlamento tur- co, todos los Gobiernos de Europa, por medio de sus Cancille- rías en Constantinopla, reconocieron la feliz terminación de la lucha, enviando felicitaciones a John Ridgely Carter, em- bajador norteamericano en Constantinopla, por los esfuerzos diplomáticos que había hecho para obtener la concesión» (1).

Pero los intereses de Chester encontraron nuevas dificulta- des. En rápida sucesión, Turquía se vió envuelta en la guerra con Italia (1911), en las dos guerras balcánicas de 1912 y, final- mente, en la guerra mundial. Pero esto no afectó a los planes del grupo Chester. En 1912, se organizó la Ottoman American Development Company, para explotar la concesión. Se organi- 75 la Compañía bajo la inteligencia de que «recibiría fuerte »ovo del Gobierno nacional», según Henry W'"ooddouse, quien agrega que «ningún intento de establecer comercio para ciuda- danos americanos en un país extranjero recibió jamás más cor- dial y eficaz ayuda del Gobierno federal que la. que se dió al grupo Chester» (2).

Durante la guerra mundial la concesión. Chester quedó en suspenso; pero en 1922 revivió. La Ottoman American Develop- ment Company fué reorganizada con «<l general George W. Goethals como presidente. El 11 de abril de 1923, la Asamblea Nacional turca aprobó la concesión Chester, y el 30 de abril se firmó en Angora un convenio sancionando la concesión entre el ministro turco de Obras Públicas y la Compañía americana. La nueva concesión era tres veces mayor que la antigua y una de las más ricas del mundo (3).

Según este convenio, el grupo Chester.ha de construir tres sistemas ferroviarios, con un total de 2.714 millas, de tal manera que hagan conexión con los actuales ferrocarriles. Una línea ha de correr de la bahía Alexandretta a Harput, luego a Arga- na, en donde están situadas las grandes minas de cobre; des- pués, a Bitlis, y, por último, a través de Mosul a Kerkuk y a Su- leimanieh. A esta línea debía agregarse un ramal que corriera de Harput 'a Sivas, vía Chalty, y de Harput a Van, atravesando dos grandes yacimientos de petróleo.

(1) Current Seba Magazine, vol. XVI, pág. 957. (2) Ibid., pág. 95 (3) Ibid., vol, XVIII, págs. 393-400,

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- «La -segunda división ha de correr de Angora a Sivas y a Samsun, que está destinado a convertirse en la puerta de en- trada y de salida del comercio en el mar Negro, y de Chalty al mar Negro, con un ramal paralelo de Trebizonda a Erzerum.

La tercera división debe unir Angora con Samsun, vía Yoz- gad, y la línea Angora-Sivas con el terminal Uhr Kishla, del ferrocarril de Bagdad, vía Cesarea, con un ramal a Sivas y una sección que corra de Erzerum a Bayezed, en la frontera persa (1). Con esto el grupo yanqui conetruiría una red de ferro- carriles que abarca todo el paíe.

Pero aun hay más: los intereses de Chester obtuvieron los derechos mineros para un territorio de 20 kilómetros a cada lado de las vías. Estos recursos minerales están valuados en 10.000 millones de dólares. Se calcula que los yacimientos petro- líferos de Erzerum, Bitlis y Van contienen potencialmente más de 8.000 millones de barriles de mineral. Las minas de cobre de Argana están calculadas en 200 millones de toneladas de mi.- neral de cobre de buena calidad. Estos territorios son también ricos en oro, platino, plata, hierro, plomo, cinc, estafio, mercu- rio, cobalto, manganeso, níquel, antimonio, carbón y sal (2).

A

12.——LA LUCHA POR EL PETRÓLEO

- En 6u avance en el Extremo Oriente, el capital yanqui en- contró oposición principalmente de parte del Japón; y en sus intentos de explotar el Cercano Oriente, tenía que chocar con la Gran Bretaña, que durante muchos años ha tenido allí una esfera de influencia. La suerte de la concesión Chester se vió complicada con el conflicto entre la Standard Oil Company y los intereses petroleros ingleses, por la enorme riqueza petro- lífera de Mesopotamia. Mosul, que se hallaba incluído en la concesión Chester, estaba también comprendido en una conce- sión que antes de la guerra obtuvo la Turkish Petroleum Com- pany, Sociedad inglesa. Además, esta región estaba señalada como esfera de influencia inglesa por un convenio anglofran-

(1) Véase mapa en Current History Magazine, vol. XVII, pá- gina 395. (2) Ibtd., páge. 393 y siguientes,

LA DIPLOMACIA DEL DÓLAR 91

cés firmado durante la guerra, y después del armieticio, cuan- do las tropas inglesas ocuparon Mosul. Por el tratado de Sevres, redactado por la Conferencia de San Remo en 1920, para arre- glar la cuestión turca, Mesopotamia, que después se convirtió en el reino de Irak, se declaró independiente. La Liga de las Naciones confirió a Inglaterra el mandato sobre ella, y así el área de Mosul, incluída en la concesión Chester, se convirtió en territorio inglés. Además, en San Remo, Francia e Inglate- rra firmaron un convenio el 25 de abril de 1920, por el cual se concedió a Francia el 25 por 100 de interés en la Turkish Petro- leum Company, con una concesión sobre los derechos petro- leros de Mosul (1). En este punto, la Standard Oil Company reclamó su participación en la explotación del campo de Mosul, a base de la política de la puerta abierta. Toda la maquinaria del Gobierno de Wáshington apoyaba las intenciones de la Stan- dard Oil de penetrar en los campos del Cercano Oriente. El 12 de marzo de 1920, el Senado pidió informes acerca de las res- tricciones que las naciones extranjeras estuvieran imponiendo a ciudadanos de los Estados Unidos «en la cuestión de la busca de petróleo o de la adquisición y explotación de terrenos que lo contuvieran», y sobre las medidas que había adoptado el Go- bierno para eliminar estas restricciones. Durante el verano de 1920, se cambió una vigorosa correspondencia sobre dicha cues- tión entre Wáshington y Downing Street. Cuando se publicaron las noticias del convenio de San Remo, el secretario de Estado, Bainbridge Colby, envió, en 20 de noviembre de 1920, una pro- testa a la Gran Bretaña por la exclusión de intereses america- nos de los mandatos establecidos por la Liga de las Naciones, aun cuando los Estados Unidos no eran miembros de la Liga (2). IZ) secretario Colby sostenía que el convenio petrolero de San Remo violaba el principio de la puerta abierta y constituía un reconocimiento prematuro de las concesiones de la Turkish Pe- troleum Company, con lo cual el Gobierno de los Estados Uni- dos no estaba de acuerdo. Lord Curzon contestó que la conce- sión en Mesopotamia había sido obtenida por la Turkish Petro- leum Company antes de la guerra; a lo cual Colhy replicó que

(1) Great Britain, Miscellaneons, núm. 11 (1920). Political Science Quarterly, vol. XXXIX, pas 265-279. (2) London Times, abrit 6 1921, pág. 9.

02 SCOTT NEARING Y JOSEPH FREEMAN

«la información que este Gobierno ha obtenido, indica que an- tes de la guerra la Turkish Petroleum Company no tenía en Mesopotamia derecho alguno a concesiones petrolíferas ni a la explotación del petróleo» (1).

La disputa ee agudizó al inaugurarse la administración Har- ding. El Departamento de Estado también hizo enormes esfuer- z08 por introducir en Palestina a la Standard Oil Company, que allí tenía pretensiones, y también libró una lucha con el Minusterio de Negocios Extranjeros de Inglaterra acerca de los campos petrolíferos de Djambi, también a favor de la Standard Oil (2). El Departamento llegó hasta pedir el 1.2? de febrero de 1921 que el Consejo de la Liga de las Naciones, que: se reunía en París, volviera a examinar la cuestión de los mandatos sobre antiguas colonias alemanas. Mientras tanto, la Standard Oil Company llevaba a cabo negociaciones particulares con los magnates del petróleo en Londres, con el resultado de que en julio de 1922 se ofreció al trust yanqui una participación en la Turkish Petroleum Company (3). De este modo se disputaban a Mosul la Turkish Petroleum "Company, en que tenía parte la Standard Oil Company, y la Ottoman American Development Company de Chester. Para colmar la medida, los turcos pidie- ron que se les devolvieran los yacimientos petrolíferos, no so- lamente de Mosul, sino también otros dos comprendidos en la concesión Chester, mientras que los franceses presentaron las pretensiones que tenían desde antes de la guerra a un ferro- carril de Samouv a Sevas, que también estaba incluído en la concesión Chester. La validez de los derechos de la Turkish Pe- troleum Company depende, en parte, del arreglo final que se haga con Mosul (4).

La primera Conferencia de Lausana, que se reunió de no- viembre de 1922 a febrero de 1923, se dedicó en primer lugar a arreglar las reclamaciones petroleras del Cercano Oriente, que estaban en conflicto. El Departamento de Estado ya había invo- cado la política de la puerta abierta a favor de la Standard Oil Company. Ahora, en la Conferencia de Lausana, Richard

(1) Davenport v Cooke, Oil Trusts, pág. 103.

(2 U.S. Congress, 68: 1; Sen. Dor., 97.

(3) L'Fspagnol, World Struggle for Oil, pág. 170; Political Science Quarterly, vol. XXXIX, pág. 275.

(4) Ibid., pág. 276.

LA DIPLOMACIA DEL DÓLAR 93

Washburn Child, embajador yanqui en Roma, que asistía como «espectador no oficial», declaró que el Gobierno yanqui repu- diaba una vez más el convenio de San Remo y «protegería sus derechos y aseguraría la puerta abierta». La Conferencia arre- gló muy poco, y se convocó otra Conferencia en Lausana de abril a julio de 1923. Lo más notable de esta Conferencia fué la pública declaración de que la concesión Chester había recibido su final aprobación del Gobierno de Angora. Mosul se convir- tio otra vez en el campo de batalla de los intereses angloyanqui- franceses, unidos en la Turkish Petroleum Company, y el grupo Chester. El Departamento de Estado apoyó oficialmente los intereses de este grupo, dando instrucciones a su representante «no oficial» en la Conferencia, Joseph C. Grew, para que rati- ficara que los Estados Unidos no reconocían la validez de la concesión de la Turkish Petroleum Company. |

En esa época, el secretario Hughes negó que al grupo Ches- ter «se le hubiera prometido apoyo moral o político, o que se le hubiera asegurado, en caso de una disputa (1), que este Go- bierno se obligaría a defender la validez de la concesión».

Informes recientes indican que, después de una lucha de dos años entre los capitalistas yanquis e ingleses en la Ottoman American Development Company, el control ha eido definitiva- mente puesto en manos de los yanquis dirigidos por el almi- rante Chester y sus hijos. Del capital de la Compañía, 3.000 acciones están en manos de yanquis, contra 7.000 acciones con- troladas por intereses ingleses. Se están llevando a cabo nego- ciaciones para tomar la mayor parte de las 7.000 acciones, y dar así al grupo Chester casi el 100 por 100 del control de la Compañía. Habiendo sido aprobada la concesión de la Compa- ñía por el Gobierno de Angora, el grupo Chester está tratando de llevar a cabo sus planes para la construcción del ferrocarril de Bagdad y la explotación de sus derechos petroleros y mi- neros (2).

En marzo de 1925 se anunció oficialmente que el Gabinete del reino de Irak había firmado un convenio con la Turkish Petroleum Company, otorgándole una concesión para explotar los yacimientos petrolíferos de Mosul y Bagdad durante setenta

(1) Current History Magazine, vol. XIX, pág. 485. (2) New York Times, mayo 28 1925, pág. 29 : 2.

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y cinco años. Las negociaciones iniciadas en 1922 para admitir grupos yanquis en la Turkish Petroleum, han quedado termi- nadas. La Compañía, tal como está organizada actualmente, comprende el grupo anglopersa, con 25 por 100 de representa- ción; los grupos franceses, con 25 por 100; la Royal and Shell, con 25 por 100; la Standard Oil Company y la Sinclair Con- solidated Oil Corporation, con 25 por 100 (1). Así, pues, el grupo Chester y los grupos de la American Oil han establecido defini- tivamente una esfera de influencia en el Cercano Oriente.

13.—UN «TRUST» INTERNACIONAL

La política de lucha encarnizada por «esferas de influencia» en el Extremo Oriente ha sido subetituída por la política yan- qui de la formación de un trust internacional para la explota- ción de China. En este trust, conocido por el consorcio chino, el grupo yanqui de banqueros desempeña el papel más impor- tante, debido a la predominante posición económica de los Es- tados Unidos en el mundo. Este trust manejará todos los emprés- titos y concesiones futuras en China. Ha sido apoyado por los tratados de las nueve potencias, firmados en la Conferencia del Desarme de Wáshington. Este intento de anexión financie- ra de China por el grupo de bancos de Morgan, dejará a los Estados Unidos y al Japón como rivales principales en el Extre- mo Oriente.

En el Cercano Oriente, el Departamento de Estado ha logra- do establecer una zona de influencia para la Standard Oil Company. Además, se han colocado allí buques vanquis para ayudar a los negociantes y capitalistas norteamericanos. Tam- bién se ha formado un trust internacional de intereses ingleses, franceses y yanquis, bajo la forma de la Turkish Petroleum Company, para explotar los yacimientos petrolíferos del Cer- cano Oriente.

«Es de seguro evidente—escribía en 1920 Franklin K. Lane, ex secretario del Interior—que si no sólo los ciudadanos, sino también las naciones mismas, representadas por sus Gobiernos,

(1) Inverstor's Review, vol. XLVITI, pág. 273.

LA DIPLOMACIA DEL DÓLAR 95

toman parte en la lucha económica, y se convierten en casas de comercio o Compañías industriales, no hay esperanza de poner fin a los conflictos que surgirán constantemente de las rivalidades comerciales» (1).

(1) L'Espagnol, World Strugyle for Oil, pág. 183.

CAPITULO HI

La política «reguladora»

1.——BASES ECONÓMICAS Y ESTRATÉGICAS

Las naciones que invierten capitales, al tratar de proteger sus intereses económicos, se encuentran a menudo en situacio- nes en que las consideraciones estratégicas y económicas las llevan a intervenir en los asuntos internos de países débiles y no desarrollados. Esta intervención puede ser provocada por las empresas privadas, por los funcionarios del Gobierno o por ambos a la vez. Las relaciones entre los Imperios europeos y los continentes de Asia y Africa durante los pasados sesenta años, suministran numerosas pruebas de este principio (1). Du- rante la generación pasada se encuentran múltiples ejemplos de este mismo principio en los anales de la diplomacia yanqui.

La intervención en la política interna de Estados extranje- ros, que no llega a la intervención y ocupación militar, puede designarse acertadamente con la palabra «regulación» (2). En- tre el considerable número de casos en que los Estados Unidos han «regularizado», ein recurrir a la ocupación e intervención militar, podemos señalar como ejemplos notorios la revolucióz del Hawai en 1893, la de Panamá en 1903 y las revoluciones me jicanas posteriores a 1911.

(1) Woolf, Economic Imperialism, págs. 40-88. (2) Blakeslee, Mexico and the Caribean, pág. 19 y siguientes,

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A rn

JA DIPLOMACIA DEL DÓLAR 97

2.—LA REVOLUCIÓN DE HAWAI DE 1893

. Hawai ha sido objeto durante imucho tiempo de la aten- ción de las empresas yanquis. En 1875, se firmó un tratado re- cíproco bajo el cual, y con ciertas graduaciones, el azúcar de Hawai era admitida libre de derechos en los Estados Unidos (1). Cos resultados de este tratado fueron inmediatos. Antes de su firma, las importaciones de azúcar de Hawai nunca habían legado a 20 millones de libras en un año. «Alcanzaron esta ci- fra el primer año; después, el crecimiento fué extraordinario... En 1882 las importaciones pasaron de 100 millones de libras; en 1887, de 200 millones» (2).

El efecto del tratado recíproco fué el de colocar a los agri- cultores de Hawai en igualdad de circunstancias, fiscalmente, con los de Luisiana, y como las tierras de Hawai estaban es- pecialmente adaptadas para la explotación del azúcar, pudie- ron tener siempre una ventaja sobre sus competidores yanquis. Los hombres de negocios rápidamente se dieron cuenta de ello, «Los agricultores que obtenían grandes utilidades, eran prin- cipalmente nortesmericanos» (3). Ellos fueron los que lograron una posición dominante en los asuntos económicos de Hawai.

La tarifa arancelaria de McKinley, de 1890, consideró libre de derechos el azúcar, obligando a los cultivadores de Hawai

a competir directamente con Cuba, Java y el Brasil. Inmedia- tamente vino una mala época para los negocios de las islas.

Después de la aprobación de la ley McKinley, el precio de la caña de azúcar en Honolulu bajó, en un día, de 100 a 60 dólares por tonelada. El valor de los terrenos azucareros y de - las reservas de azúcar bajaron correspondientemente. El minis- tro de los Estados Unidos Stevens, refiriéndose a la eituación, ¡ escribió el 20 de noviembre de 1892: «Las pérdidas de los pro- - pietarios de las plantaciones de azúcar e ingenios... no han sido inferiores a 12 millones de dólares, pesando una gran parte de ellas sobre norteamericanos residentes aquí y en California.

(11 U. S. Trealies Convrentions, ete., 1776-1909, vol. 1, pá- ginas 915-917. | (2) Tauesig, Some Aspects of lhe Tariff Question, pág. 59. (3) Ibid., pág. 60. 7

98 SCOTT NEARING Y JOSEPH FREEMAN

Mientras no se decreten algunas medidas prácticas de ayuda, | las propiedades azucareras seguirán bajando. Una pronta e inteligente acción por parte de los Éstados Unidos evitará a los propietarios enormes pérdidas» (1).

Dos medidas eran necesarias para lograr la restauración de la prosperidad de Hawai: la primera, la anexión de Hawai. a los Estados Unidos, y la segunda, la imposición de derechos al azúcar, que trataba, en competencia con Hawai, de apo- derarse del mercado de los Estados Unidos.

Los intereses comerciales yanquis de Hawai estaban dis- puestos a una acción conjunta, con el propósito de establecer un protectorado yanqui o conseguir un reconocimiento. Fué, ; pues, muy sencillo excitar la opinión pública yanqui en Hawai para la formación del Comité de Seguridad Pública, que fué organizado en enero de 1893, bajo la dirección del ma- gistrado Dole, que renunció a su puesto para ocuparse del Comité (2). |

El embajador yanqui Stevens, que había estado informando a los miembros del Comité, pidió al Departamento de Estado e! establecimiento de una base naval en Honolulu, para prote- ger la vida y propiedades de los norteamericanos. El 16 de ene- ro de 1893, de acuerdo con las indicaciones de Mr. Stevens, el comandante del Boston hizo un desembarco de marinos (3). In- mediatamente el gobernador de la isla de Oahu y el ministro de Relaciones Exteriores dirigieron sendas comunicaciones ofi- ciales al representante norteamericano, protestando contra el desembarco de tropas «sin permiso de la autoridad correspon- diente». En contestación, el embajador Stevens asumió toda la responsabilidad.

Al día siguiente del desembarco de los marinos, el Comité de Seguridad Pública se dirigió al Palacio del Gobierno, y alí, protegido por los cañones y fusiles de los marinos yanquis, que fueron colocados para proteger al Comité contra cualquier ataque posible, se leyó una proclama, derrocando la Monarquía hawaiana y estableciendo n Gobierno provisional hasta «la ne- gociación de bases de unión con los Estados Unidos». Una

(1) U. S. Foreign Relations, 1894; Appendizx II, páge. 3823. (2) Foreign Relations, 1894: Appendizx TM, pág. (3) Jbid., pág. 388.

LA DIPLOMACIA DEL DÓLAR 20

hora después de la lectura de esta proclama, y cuando todavía la Reina y su Gobierno exietían, con plena autoridad y en po- sesión del palacio, de los cuarteles y de la estación de Policía, el embajador de los Estados Unidos reconoció al Gobierno pro- visional (1).

Inmediatamente un grupo de comisionados se dirigió a los Estados Unidos, recibiendo del presidente Harrison y de su secretario de Estado, Foster, una amigable acogida hacia el nuevo Gobierno. Redactaron un tratado de ane::ión, lo firma- ron y lo presentaron al Senado el 15 de febrero, o sea un mes después de que la revolución estalló. El 4 de marzo se inauguró la administración de Cleveland, retiró el tratado del Senado y llevó a cabo una investigación del asunto. Aunque hubo alguna discusión respecto a los detalles, el acuerdo fué com- pleto en los hechos fundamentales (2).

Siguióse una larga lucha entre los «expansionietas» y los «antiexpansionistas». Finalmente, Hawai fué anexionado por una resolución, durante el calor de la guerra hispanoameri- cana (7 ¡julio de 1898). Pero mientras tanto, en 1894, la tarifa arancelaria de Wilson estableció de nuevo un impuesto sobre el azúcar, y como el azúcar de Hawai fué admitida libre de derechos, se restableció la prosperidad en las islas. «El cultivo del azúcar, que apenas había podido eubsistir en 1890) a 1894, reanudó su marcha ascendente. Se establecieron nuevas planta- ciones y las antiguas fueron ampliadas, dando como resultado un aumento en el envío de azúcar a los Estados Unidos y una era de prosperidad en las islas» (3).

Los historiadores consideran esta revolución francamente como obra de los yanquis. «En Hawai, las clases más influyen- tes y ricas ayudaron a la revolución y desearon la anexión. En los Estados Unidos, el deseo de expansión fué estimulado por el temor de que alguna otra nación pudiera apoderarse del botín» (4).

«Fué una revolución ampliamente fomentada por los inte- reses yanquis locales»—escribe el profesor S. A. Beard (5). Los

(1) Foreign Relations, 1894; Appendizx 11, pág. 388. (2) U.S. Congress, 52 : 2; Sen. Ex. Doc., 76.

(3) Taussig, supra, pág. 63.

(4) Lingley, Since the Civil War, pág. 295.

(5) Beard, Contemporary American History, pág. 20.

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mismos revolucionarios declararon que «del capital invertido en las islas, dos tercios pertenecían a americanos», y que «la revolución no era la obra de aventureros y filibusteros, sino de los más conservadores y pacíficos ciudadanos, de los prin- cipales contribuyentes y de loe directores de la industria, et- cétera» (1). .

El embajador de los Estados Unidos, Stevens, confirmó este punto de vista al referirse a los autores de la revolución, en los siguientes términos: «Cuatro hombres eminentemente respeta- bles, con el juez Dole a la cabeza... P. C. Jones es natural de Boston (Maes.), rico propietario de importantes intereses en las islas y reside en ellas desde hace muchos años» (2).

Una revolución perfectamente organizada, patrocinada por negociantes yanquis, sostenida por el representante diplomático de los Estados Unidos y fortalecida por una nueva tarifa aran- celaria, fué, en conjunto, suficientemente eficaz para impedir las grandes pérdidas de propiedad previstas por Mr. Stevens.

3.—LA REVOLUCIÓN DE PANAMÁ

Otro ejemplo del principio de «regulación» puede encontrar- se en los episodios que rodean a la revolución de Panamá, de 1903. Los esfuerzos por construír un canal a través del istmo de Panamá se cuentan por siglos. Los franceses que iniciaron una ambiciosa tentativa para llevar a cabo esta obra, fueron al final derrotados por las enfermedades y la penuria econó- mica. Después de largas negociaciones con Colombia y de un arduo debate sobre los méritos relativos de las vías de Panamá y Nicaragua, el Congreso autorizó al presidente para llevar a cabo las negociaciones necesarias, a fin de construír el canal a través del istmo de Panamá, agregándose que si esto no era factible durante un tiempo racional, el presidente quedaba auto- rizado para emplear la ruta de Nicaragua. El tratado, prepa- rado de acuerdo con esta decisión y ratificado por el Senado, establecía que los Estados Unidos pagarían a Colombia diez mi-

-

(1) Hawaian Branches of the Sons of the American Re- volution, etc., Address. (2) U. S., Foreign Relations, 1894; Appendix II, pág. 387.

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llones de dólares por un arrendamiento perpetuo en una zona de seis millas a lo largo de la línea en que el canal sería cons- truído (1). El Congreso colombiano, después de una larga sesión convocada para la ratificación del tratado, se disolvió sin resol- yer el 31 de octubre de 1903. Mucho antes de esto se hizo eviden- te que ninguna decisión sería tomada, y gran parte del pueblo de Colombia, y particularmente del Estado de Panamá, critica- ban abiertamente el fracaso del Congreso. Dos de los más noto- rios ciudadanos del istmo, José Aguetín Arango y el Dr. Manuel Amador Guerrero, conferenciaron con el capitán J. R. Beers, agente de Fletes del ferrocarril de Panamá, acerca de la conve- niencia de organizar una revolución. Después de esta confe- rencia, el Dr. Amador fué a Wáshington y conferenció con el secretario Hay. Al mismo tiempo, Felipe Bunau Varilla, antiguo ingeniero en jefe de la Compañía francesa del Canal, llegó a Nueva York y se unió al proyecto revolucionario (2). Entonces Amador regresó a Panamá; pero sus amigos no estaban aparen- temente convencidos de la determinación de los Estados Unidos de llevar las cosas a una solución.

A. M. Beaupré, embajador de los Estados Unidos en Bogotá, notificó al secretario Hay el 31 de octubre que el Congreso de Colombia se había disuelto sin ratificar el tratado, y agrega- ba: «El pueblo aquí está en gran ansiedad por las noticias con- tradictorias del movimiento de secesión en Cauca y en Pa- namá.» Dos días después reiteró su afirmación en una carta respecto a la ansiedad que se hacía sentir en Colombia por una posible insurrección en Panamá (3).

Mientras tanto, los acontecimientos se eucedían con dramá.- tica rapidez en el ietmo. El 2 de noviembre, el secretario de Marina cablegrafió al comandante del Nashville, en Colón: «Impida el desembarco de cualquier fuerza armada, con inten- tos hostiles, ya sea del Gobierno o de los insurgentes.» Al mis- mo tiempo se enviaron sendos mensajes a otros tres navíos de guerra: «Mantengan tránsito líbre y sin interrupción. Si el libre tránsito es amenazado por fuerza armada, ocupen la línea

(1) Johnson, Four Centuries uf the Panamá Canal, cap. IX.

(2) Ibid., páge. 162-171.

(3) U. S. Foreign Relations, 1903, págs. 218, 221, 223 y el- guientes. " |

132 SCOTT NEARING Y JOSEPB FREEMAN

del ferrocarril. Impidan el desembarco de cualquier fuerza ar- mada con intentos hostiles, ya sea del Gobierno o de los insur- gentes, en cualquier punto dentro de 50 millas alrededor de Panamá. En el casó de que no pueda precisarse la intención de cualquier fuerza armada, ocupe fuertemente con artillería Ancon Hill... Tenemos noticia de que las fuerzas del Gobierno se aproximan en navíos al istmo. Impida su desembarco, ei a su juicio esto puede precipitar un conflicto» (1). Así, la víspera del día en que Ja revolución debía' iniciarse, la Marina america- na fué ampliamente autorizada para impedir el desembarco de las fuerzas colombianas en el istmo.

Entretanto se hacían los preparativos para la revolución que debía estallar en Panamá. Parece, sin embargo, que los futuros rebeldes vacilaban en el último momento, y el secretario de Estado, Loomis, telegrafió de Wáshington a Ehrman, en Pana- má: «Se nose informa de la sublevación en el istmo. Tenga a este Departamento pronta y completamente informado.» Este mensaje fué enviado a las 3,40 p. m. La contestación de Ehrman fué recibida en la noche, a las 8,15: «No hay rebelión todavía. Tengo noticias de que será en la noche; situación crítica.» Dos horas después llegó otro telegrama de Ehrman: «La sublevación estalló esta noche, a las seis, sin derramamiento de sangre; log oficiales del Iijército y de la Marina han sido presos; el Gobierno será organizado esta noche.» A las 11,18 de la misma noche, Loomis ordenó a Ehrman que «obrara rápidamente», im- pidiendo a las tropas colombianas trasladaree de Colón a Pa- namá (2).

El mismo día, 400 soldados colombianos habían desembarca- do en Colón. Los oficiales, que se dirigieron inmediatamente a Panamá, habían caído en manos de los insurgentes. Colón esta- ha en tan completa ignorancia de la situación, en la otra extre- midad de la línea del ferrocarril, que el comandante Hub- bard, del Nashville, telegrafió al secretario de la Marina el 3 de noviembre: «Ninguna revolución ha sido declarada en el ietmo. No hay disturbios... Es posible que el movimiento se lleve a cabo esta noche en Panamá.» Al día siguiente pudo informar

3) U. S., Foreign Relations, 1903, pág. 247. 2 U.S.

Foreign Relations, 1903, pág. 231.

( (

LA DIPLOMACIA DEL DÓLAR 103

del establecimiento, la noche anterior, de un Gobierno revolu- cionario en Panamá (1).

La situación era verdaderamente crítica para los insurgen- tes, que no tenían ni ejército ni pertrechos. Las tropas de Co- lombia, en plena fuerza, estaban en Colón, y el Gobierno colom- biano hacía todos los esfuerzos por levantar un ejército de emer- gencia para sofocar la rebelión. La Marina de los Estados Uni- dos manejó el agunto con raro tacto. Persuadió u las tropas desembarcadas en Colón de que se reembarcaran y salieran para Colombia, y ee impidió que un navío que ee aproximó a Pana- con nuevas tropas, las desembarcara, haciéndole regresar a Cartagena.

Beaupré, embajador de los Estados Unidos en Bogotá, pasó momentos muy difíciles. El 4 de noviembre informó al Depar- tamento de Estado acerca de la insurrección, y el 6 de novienm- bre comunicó al Departamento que el general Reyes, investido de poderes especiales, deseaba saber si los Estados Unidos se hallaban dispuestos a ayudar a Colombia para conservar su so- beranía en el istmo. Si los Estados Unidos permitían a Colom- bia desembarcar tropas en el istmo, el general Reyes ofreció declarar la ley marcial y ratificar el tratado por medio de un decreto, o bien cohvocar otra sesión del Congreso a gusto de los Estados Unidos. Nuevamente el 7 de noviembre Beaupré tele- grafió que Reyes tenía amplios poderes e insistía en saber si los Estados Unidos cooperarían con él para mantener la soberanía en el istmo, de acuerdo con el artículo 35 del tratado de 1846 (2).

La oferta llegó demasiado tarde. Ya los Estados Unidos ha- bían tomado su decisión. El 6 de noviembre, tres días después de que la revolución estallara, el secretario Hay telegrafió a Beaupré: «Habiendo disuelto el pueblo de Panamá, por un mo- vimiento al parecer unánime, su unión política con la Repúbli- ca de Colombia y recobrado su independencia, y habiendo adop- tado un Gobierno propio, de carácter republicano, con el cual el Gobierno de los Estados Unidos de América ha entrado en re- laciones, el presidente de los Estados Unidos, de acuerdo con los lazos de amistad que durante tanto tiempo y tan felizmente han existido entre sus respectivas naciones, recomienda con todo

(1) . Foreign Relations, págs. 249 y 250. (2) . Foreign Relations, 1903, págs. 224-6.

104 3COTÍ NEARING Y JOSEPH FREEMAN

interés a los Gobiernos de Colombia y Panamá que lleguen a un pacífico y equitativo arreglo de todas las cnesHones pendientes entre ambos» (1).

Beaupré parecía no haber entendido. Una vez más telegrafió preguntando ei Reyes tendría libertad para dirigir operaciones militares en Panamá. Hay replicó el 22 de noviembre que “el general Reyes obtendría «una cortés recepción y se le escucha- ría con toda consideración. No se cree deseable permitir el des- embarco de tropas colombianas en el istmo, pues esto precipita- ría la guerra.» Y después: «Telegrafié a usted el 6 de noviembre que habíamos entrado en relaciones con el Gobierno provisio- nal.» No le quedaba a Colombia otro camino que elevar una protesta y amenazar con Apr sus relaciones : diplo- máticas (2). | e

El proceso del reconocimiento de la nueva República «de Panamá se caracterizó por una sorprendente suavidad e insólita rapidez. El 6 de noviembre, tres días después de iniciada la re- volución, el secretario Loomis notificó a Ehrman, en Panamá, que: «Tan pronto como esté usted seguro de que se ha estable- cido en el Estado de Panamá un Gobierno de facto de carácter republicano y sin oposición substancial de su pueblo, entrará usted en relaciones con él, como Gobierno responsable del te- rritorio» (3).

El mismo día 6 de noviembre, Ehrman comunicó al secre- tarío de Estado que Felipe Bunau-Varilla había sido desig- nado enviado extraordinario y ministro plenipotenciario cerca de los Estados Unidos. El día siguiente, 7 de noviembre, Bunau- Varilla, desde Nueva York, comunicó su nombramiento al ee- cretario Hay y agregó: «Tendiendo tan espontáneamente 6u generosa mano a su último vástago, la Madre de las naciones americanas prosigue su noble misión de libertadora y educada- ra de los pueblos. Al desplegar sus protectoras alas sobre el te- rritorio de nuestra República, el águila norteamericana lo ha santificado.» El secretario IHav contestó inmediatamente, y .el 13 de noviembre, diez días después de iniciada la revolución, que comenzó el 3 de noviembre de 1903, el presidente Roosevelt

1) U. S. Foreign Relalions, 1903, págs. 2246. 2) U. S. Foreing Relations, págs. 9 3) U.S

( . Foreign Relations, 1903, págs. 233.

LA DIPLOMACIA DEL DÓLAR 105

recibió oficialmente a Bunau-Varilla como representante de Panamé (1).

El apresuramiento demostrado en el reconocimiento y otras circunstancias que rodeaban el incidente, dieron pábulo al ru- mor de que todo el asunto había sido arreglado por los Estados Unidos. El presidente Roosevelt había atizado el fuego de esta controveréia al escribir al doctor Alberto Shaw el 10 de octubre de 1903: «Deseché la proposición en esta época de fomentar la secesión de Panamá; no obstante lo que puedan hacer otros Gobiernos, los Estados Unidos no pueden intentar obtener la cesión por estos procedimientos «bajo cuerda». Privadamente, debo declarar a usted que estaría encantado de que Panamá fue- ra un Estado independiente, o de que así se hiciera en eetos momentos» (2). (

Siete años después, en Berkeley (California), en un discurso en. relación con sus actos oficiales, Mr. Roosevelt, según se re- fiere, describió el episodio de Panamá en estos pintorescos tér- minos: «Estoy interesado en el canal de Panamá, porque yo lo inicié. Si hubiera yo seguido los métodos conservadores tradi- cionales, hubiera sometido al Congreso un solemne documento oficial, probablemente de 200 páginas, y el debate. no habría terminado todavía. Pero adquirí la zona del canal y dejé al Congreso discutir, y mientras el debate sigue eu curso, el canal también lo sigue» (3).

Una tempestuosa discusión pública siguió a este discurso, y por vía de aclaración Roosevelt escribió: «Yo estaba dispuesto, si era necesario, a someter al Congreso urna recomendación de que debería precederee a la obra, a pesar de la oposición de Colombia, y al efecto había preparado el horrador de un men- saje con ese fin. Después vino la repudiación del tratado por el Congreso de Colombia. «Si yo hubiera adoptado una inacti- vidad juiciosa respecto a lo que pasaba en el istmo, dejado que las cosas siguieran su curso y sometido después un minucioso informe al Congreso, hubiera proporcionado la oportunidad para que se desarrollara un magnífico debate en el Congreso, que todavía continuaría ; pero el canal tendría aún que esperar

(1) U. S. Foreign Relations, 1903, págs. 234, 240, 245. (2) Literary Digest, vol. XXIX, pág. 851. (3) Washington Post, marzo 24 de 1911.

106 SCOTT NEARING Y JOSEPH FREEMAN

cincuenta años.» Después describió los acontecimientos de la revolución, y agregó: «Reconocimos a la República de Panamá ; sin disparar un tiro evitamos una guerra civil; rápidamente negociamos un tratado con arreglo al cual el canal se está construyendo... Debe recordarse que si no hubiera obrado exac- tamente en la forma que lo hice, no habría ahora canal de Pa- namá. Es absurdo adheriree a un fin y al mismo tiempo conde- nar el único camino por el cual puede alcanzarse éste» (1). La doctrina de que «el fin justifica los medios» nunca fué admitida con mayor franqueza (2).

«Nuestro Gobierno se apresuró a aprovecharse de las venta- jas que los dioses le ofreciían—escribe el profesor Paul L. Ha- worth (3)—. Tres días después de iniciada la revuelta, el secre- tario Hay cablegrafló al cónsul americano en Panamá que re- conociera al Gobierno de facto, y una semana más tarde el presidente Roosevelt "recibió formalmente a Bunau-Varilla como enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de la Repú- blica de Panamá. Algunos días después (18 de noviembre), Hay y Bunau-Varilla firmaron un tratado por el cual Panamá pro- metió ceder el control perpetuo de una zona de diez millas de ancho a través del istmo, mientras que los Estados Unidos acor- daron pagar por él 10 millones de dólares al contado y una anualidad de 250.000 dólares, a partir del término de nueve años.»

Menos de tres semanas después de la disolución del Congre- su colombiano, se había efectuado la revolución de Panamá, «con la simpatía, si no con el apoyo, de la Administración yan- qui» (4). El Gobierno revolucionario había eido reconocido por cable. Se había convenido y firmado un tratado. Y la mayor parte de estos acontecimientos tuvieron lugar solamente en quince días (5).

(1) Outlook, vol. 99, págs. 314 y 138.

(2) 1 took the Isthmus.

(4 Haworth, United States in Our Own Times, pe 306. E Beard, Contemporary American History, pág. 278

(5 U. S. Congrese, 68: 2; Sen. Doc., 471.

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4.——MÉJICO, DÍAZ Y EL PETRÓLEO

La revolución hawaiana de 1893 y la revolución de Panamá de 1903 se encuentran tan alejadas de nosotros, que han llegado a constituír parte aceptada de la historia norteamericana. Los hechos, en cada uno de estos casos, están de tal manera com- probados, que pueden servir como formidable precedente para li «regulación», por los intereses yanquis, de la política interna de nuestros débiles vecinos. Sin embargo, la «regulación» de los asuntos mejicanos, entre 1910 y 1917, suministra amplia y contemporánea evidencia de la manera como los intereses eco- nómicos yanquis y los agentes del Gobierno federal intervienen en la vida interna de un Estado vecino, cuyos recursos y capi- tal están principalmente en manos de capitalistas yanquis.

Las ambiciones de Napoleón 111 de formar un Imperio latino- americano fracasaron en 1867. Durante los cuarenta años si- guientes, las relaciones entre los Estados Unidos y Méjico cre- cieron en amistad e inteligencia, haeta culminar en el tratado general de arbitraje de 1908 (1). En 1910, este excelente enten- dimiento cristalizó en una entrevista personal, en la frontera internacional, entre el presidente Taft y el president Díaz. Al año siguiente, la «controversia mejicana» fué precipitada por la revolución de Madero.

Bajo la administración de Díaz, Méjico disfrutó de paz y de una prosperidad superficial; pero los beneficiarios principales de esta prosperidad fueron los ricos mejicanos y las empresas extranjeras. «Méjico era rico, pero los mejicanos eran po- bre8» (2). Díaz levantó el edificio de su poder mediante conce- siones otorgadas a aquellos que poseían los medios de llevar a cabo el desenvolvimiento de los inmensos recureos naturales de Méjico. Naturalmente, gran parte de este capital provenía de capitalistas extranjeros. En 1911, se computaban las inversio- nes en Méjico de la manera siguiente: ingleses, 321 millones de dólares; franceses, 143 millones; norteamericanos, 1.058 mi-

(1) U.S. Treaties, Conventions, etc., vol. I, pág. 1.204. (2) Ogg, National Progress, pág. 286.

1089 SCOTT NEARING Y JOSEPH FREEMAN

lones; mejicanos, 793 millones; todas las demás, 119 millo- nes (1).

Cuando Díaz subió al Poder en 1876, Méjico era un Estado feudal en el cual algunos terratenientes poseían propiedades que abarcaban cientos, millares y u veces millones de acres, en los que los peones o siervos hacían el trabajo. El otorgamiento de concesiones u las empresas de ferrocarril, mineras, etc., contri- buyó al establecimiento de una clase de hombres de negocios en el norte y este de Méjico, en donde se efectuaba la mayor parte del desarrollo industrial. Francisco Madero, que fué el caudillo titular de la revolución de 1911, era miembro de esta clase mercantil, y fué de ella misma de donde obtuvo apoyo en los primeros tiempos de la revolución.

Por inevitable que se considere el rompimiento entre los gran- des terratenientes y el grupo de hombres de negocios, hubiera sido pospuesto por algún tiempo, a no ser por el descubrimien- to de petróleo a lo largo de la costa del Golfo, en las proximida- des de Tampico y Tuxpan.

Edward L. Doheney y un grupo de capitalistas yanquis com- praron la hacienda del Tulillo en 1900. Esta propiedad abarcaba 280.000 acres, y se compró en 325.000 dólares. Más tarde, los mismos personajes obtuvieron una extensión de 150.000 acres más. «El primer petróleo que se produjo y usó en Méjico en cantidad considerable» provino de un pozo de El Ebano, que empezó a brotar el 14 de mayo de 1901. La mayor parte de los petroleros veían con escepticismo el éxito de este nuevo yaci- miento; pero Doheney explica en detalle cómo creyó, perseveró y finalmente ganó una fortuna (2).

Clarence W. Barron nos da una idea del valor de la región petrolífera de Méjico: «El término medio de los pozos de petrú- leo de California produce de 100 a 200 barriles diarios, y 6) se consideran de un gran pozo» (3). La producción de Califor- nia está muy por encima del término medio de la industria del petróleo en los Estados Unidos. Comparados con estas cifras, los rendimientos de los yacimientos mejicanos eran asombro- sos. Casiano número 7 empezó con una producción de unos

(1) U. S. Congress, 66, 2; Sen. poa vol. X, pág. 3.322. (2) U. S. Congress, vol. IX, págs. 202-214. (3) Barron, Mexican Problem, pág. 110.

- “LA DIPLOMACIA DEL DÓLAR 109

70.000 barriles diarios el 10 de septiembre de 1910. El pozo fué cerrado parcialmente a la presión de 285 libras por pulga- da cuadrada, y entonces produjo 25.000 barriles diarios. «Ayer cumplió nueve años y está brotando con la misma intensidad que cuando fué descubierto. Ha producido más de cien millones de barriles de petróleo» (1). Los pozos en los Estados Unidos exigen casi siempre el bombeo. El petróleo mejicano brota bajo presión. «Cerro Azul», llamado el pozo de petróleo más gran- de del mundo, derramó 1.400.000 barriles antes de que pudiera . ser captado, y luego, bajo una presión de 900 libras, produjo entre 45.000 y 50.000 barriles por día. En ese tiempo, «Cerro Azul» llevaba corriendo más de tres años. Mr. Doheney aseguró además que un pozo perforado en 1904 «es capaz de producir 800 barriles diarios después de quince años de explotación con- tinua» (2).

Basta una ojeada a las cifras de la producción de petróleo para hacerse idea clara de la asombrosa transformación del petróleo desde sus insignificantes comienzos hasta alcanzar el primer lugar en la industria mejicana. El primer informe oficial establece una producción de 220.650 barriles en 1904; al año si- guiente, la producción aumentó poco; en 1906, pasó de 1.000.000 de barriles; en 1909 subió a 3.332.807 barriles; al año siguiente se cuadruplicó; en 1910 fué de 14.051.643 barriles. Año tras año continuó este aumento, hasta llegar a 25.902.439 barriles en 1913. En una década, Méjico se había elevado desde una posición sin importancia en el mundo del petróleo hasta llegar a ser, des- pués de los Estados Unidos, el mayor productor de este mine- ral. En 192, la producción mejicana superó a la producción combinada de todos los yacimientos petrolíferos, exceptuando la de tos Estados Unidos (3). En 1910, por lo tanto, era evidente que los yacimientos petrolíferos de Méjico constituían uno de los más ricos botines económicos del mundo.

Durante esos mismos años de 1905 a 1915, fué cuando el fo- mento de los motores de combustión interna y el uso de petró- leo como combustible en las calderas de los barcos indujo a los estadistas y hombres de negacios de Inglaterra a emprender

(1) U.S. Congress, 66 : 2; Sem. Dor., vol. TX, pág. 230. (2) Ibid., págs. 293-4. (3) Mineral Industry, 193, págs. 494-95.

310 SCOTT NEARING Y JOSEPH FREEMAN

una campaña mundial en bueca de reseryas de petróleo (1). Los

intereses de Doheney pronto tropezaron con poderosos rivales. Pero Doheney había sido el primero, y cuando sus importantes rivales se hallaron en condiciones de competir con él tenía vir- tualmente en sus manos el mercado petrolífero de Méjico. Lord Cowdray fué a Méjico para encargarse de las obras de determinados puertos por cuenta del Gobierno mejicano. En el curso de estas obras se interesó en algunas concesiones de pe- tróleo, y Díaz, que era amigo personal de lord Cowdray y que perseguía la astuta política de equilibrar los diversos intereses extranjeros, para evitar que cualquiera de ellos ejerciera una influencia predominante en los asuntos mejicanos, facilitó a lord

Cowdray la manera de obtener concesiones petrolíferas, que Je

convirtieron en serio competidor de los intereses yanquis (2). La simpatía que Díaz demostraba a lord Cowdray era un mal presagio para los intereses petroleros de los yanquis en Mé- jico, y cuando en 1910 Díaz fué elegido presidente por la octava -vez, parecía indudable que los intereses británicos en los yaci-

mientos petrolíferos mejicanos obtendrían una ventaja decisiva

sobre todos sus rivales. Pero Díaz no contaba con la nueva clase de hombres de ne-

gocios que había creado el desenvolvimiento industrial de Mégi-

co. Uno de estos hombres, Francisco Madero, había combatido la elección de Díaz en 1910, y habiendo sido inutilizado por la ma- quinaria de Díaz, había organizado una revolución en contra de éste, pidiendo ya fuera la renuncia de Díaz o la garantía de una elección legal (3). Como Díaz no quiso hacer ninguna de estas

dos concesiones, Madero acaudilló una revolución, que se exten-

dió rápidamente por todo el Norte de Méjico.

Existían toda clase de factores para crear una revolución con-

tra el régimen de Díaz: campesinos descontentos, explotados y

sin tierras; una nueva clase de astutos negociantes que trata-

ban de arrebatar el Poder a la aristocracia; un choque de inte-

reses entre las Compañías yanquis y las inglesas. Además, Ma- dero disponía de una fuerza sorprendente. Ogg hace notar que

(1) Delaisi, Oil, cape. 11 y III.

(9 U. S. Congress, 66 : 2; Sen. Doc., vol. 20, Dás: 2.58% y siguientes. World's Work, vol. XXVII, páge. 289-298.

(3) Ogg, National Progress, pág. 287.

LA DIPLOMACIA DEL DÓLAR 111

era «suficientemente rico para hacer popular su causa» (1).

Se ha discutido mucho acerca del origen de la fortuna de Ma- dero. Parece existir unánime acuerdo respecto a la buena si- tuación económica de la familia Madero; pero también es cier- to que la cuenta que aquélla presentó al Gobierno y que se pagó con fondos de la Tesorería cuando Madero subió al Poder, arro- jaba una cifra de más de medio millón de pesos, por gastos pro- vocados por la Revolución. El representante de los maderistas en Wáshington evaluó la suma en unos 600.000 pesos (2).

En la época de la revolución se hicieron abiertas acusacio- nes de que la mayor parte del dinero provenía de los intereses petrolíferos yanquis. Estos cargos se repitieron ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, por algunas de iS nas más allegadas a Madero.

Juan Pedro Didapp sirvió de testigo respecto a las acusacio- nes presentadas contra Madero por los partidarios de Díaz (3), y dos de las personas que lucharon con Madero declararon co- nocer el origen de los fondos de la revolución. Uno de eetos hom- bres fué Lawrence F. Converse, de Los Angeles, capitán del ejér- cito de Madero, de veintitrés años de edad y comisionado como correo, quien declaró en la siguiente forma (4) :

«Senador Smith.—¿Tuvo usted ocasión de saber si recibía ayu- da pecuniaria de aquí?

Converse.—Sé lo siguiente: que Abraham González...

Senador Smith.—¿El actual gobernador de Chihuahua?

Converse.—Sí; y Braulio Hernández, que era secretario in- terino de Estado en la revolución de Madero, y después secre- tario del Estado de Chihuahua, y el Sr. Madero, personalmen- te, me dijeron que tan pronto como los rebeldes pudieron mos- trar cierta fuerza, algunos de los principales banqueros de El Paso estuvieron dispuestos a hacer un anticipo—y entiendo que la suma fué de 100.000 pesos—; esas personas me dijeron tam- bién que la Standard Oil había adquirido bonos del Gobierno provisional de Méjico.

Senador Smith.—¿En grandes cantidades?

(1) Ogg, National Progress, pág. 287. (2) U. S. Sen. For. Rel. Com., Revolution in Mexico, 1913,

(3) Ibid., pág. 462. (4) Ibid., págs. 1045.

112 SCOTT: NEARING "Y JOSEPH FREEMAN

MF. Converse.—Ignoro en qué cantidades; —péro'sé que añr- maban que la Standard Oil los apoyaba en su revolución.

Senador Smith.—¿Llegó usted a saber bajo qué condiciones?

Mr. Converse.—Se me consideraba oficial de su ejército, y como a tal se me hacían confidencias; el asunto surgió en el curso de una conversación. E

Senador Smith.—¿Se llegó a decir algo respecto a lo que debían recibir a cambio los agentes de la Standard 0il?

Mr. Converse.—Habrían de percibir un alto tipo de interés; además, existía el proyecto de una concesión de petróleo en los Estados del Sur de Méjico.

- Senador Smith.—¿Hubo algunas otras Compañías asociadas con Madero en esa empresa?

Mr. Converse.—No, que yo sepa. Ninguna ' fué menciona- da. La Standard Oil fué la única Compañía PacIonsd ací como los banqueros de El Paso. |

Senador Smith.—¿Sabe usted si recibieron alguna ANdds pe- cuniaria por intermedio de esos bancos o de otras personas?

Mr. Converse.—Sé que el Sr. Madero, así como sus oficiales, llevaban consigo grandes cantidades de dinero, y que con mu- cha frecuencia llegaban grandes sumas de dinero del otro lado del río.»

Por otra parte, algunos mejicanos, como José Vasconcelos, que tuvo íntima conexión con Madero durante la revolución, aseguran que el partido de Madero no dispuso de dinero yanqui.

Sea de ello lo que fuere, no hay duda alguna de que la opi- nión en los Estados Unidos era grandemente favorable a Made- ro, y de que el Gobierno norteamericano aprovechó la primera oportunidad para otorgarle su reconocimiento. En qué propor- ción restringió Madero los intereses petroleros ingleses y fa- voreció los de los Estados Unidos es asunto que todavía no se ha puesto muy en claro (1). |

(1) U. S. Sen. For. Rel. Com., Revolution in Mexico, 1913, páginas 273 y siguientes.

LA DIPLOMACIA DEL DÓLAR 113

5.—HUERTA Y EL PETRÓLEO INGLÉS

El régimen de Madero duró dos años; Madero fué derroca- do y ejecutado después por Victoriano Huerta.

Madero había sido considerado como amigo de los Estados Unidos. Después de su elección en 1911 fué inmediatamente re- conocido por los Estados Unidos, a pesar de que en ninguna época «el régimen maderista tuvo el apoyo completo del pue- blo mejicano». El 14 de mayo de 1912 el presidente Taft prohibió la compra de municiones y armas en los Estados Unidos a las facciones que combatían al nuevo Gobierno. A pesar de esta buena disposición, Madero fué derribado en febrero de 1913 por Félix Díaz, sobrino del ex presidente, y Victoriano Huerta, co- mandante en jefe del Ejército federal (1).

Al asumir el Poder, el presidente Wilson se encontró fren- te a un Méjico desgarrado por la guerra civil, con Huerta en el Poder como representante de los terratenientes feudales y dispuesto a continuar la vieja política de Díaz. Parte de esta política consistía en favorecer los intereses petroleros britá- nicos, controlados por el Sindicato de lord Cowdray. «Que las fuerzas de Huerta han mantenido la política de Díaz, de opo- sición a los intereses petroleros yanquis y de amistad hacia lord Cowdray es inconcuso—opinaba un espectador de la épo- ca. Según las propias declaraciones de lord Cowdray, eu firma suscribió el 3 por 100 del empréstito lanzado por Huerta... Es un rico botín por el que están luchando los capitalistas ingle- ses y yanquis...» (2).

La naturaleza del interés mostrado en aquella época por las principales potencias hacia el petróleo mejicano la describe Edward L. Doheney en los siguientes términos: «Desde el mo- mento en que Alemania y la Gran Bretaña buscan y adquie- ren fuentes de aprovisionamiento de grandes cantidades de pe- tróleo, me parece que los Estados Unidos no deben vacilar en aprovechar el espíritu de empresa, capacidad e iniciativa de sus ciudadanos para adquirir y conservar una porción razo-

-(1) Ogg, National Progress, pág. 288. (2) World's Work, vol. XXVII, pág. 294.

114 SCOTT NEARING Y JOSEPH FREEMAN

nable de las reservas petrolíferas del mundo. Si no lo hacen así, 6e verá que las reservas de petróleo no situadas dentro de los límites del territorio norteamericano serán adquiridas rá- pidamente por ciudadanos y Gobiernos de otras naciones... Existen de cincuenta a cien Compañías norteamericanas, gran- des y pequeñas, que tienen derechos sobre supuestos terrenos petrolíferos de Méjico, adquiridos por compra o arrendamien- to... Este campo petrolífero, descubierto por norteamericanos..., que tiene una potencialidad productiva diaria casi equivalen- te a la de los Estados Unidos, pudiendo evaluarse en varios bi- llones de barriles, es la fuente a la cual deben recurrir los Es- tados Unidos para abastecerse del petróleo en cantidades que juetifiquen la creación de una flota comercial que pueda com- petir, por el costo de su explotación, con cualquiera otra flota que las grandes naciones del mundo puedan tener o crear... Mé- jico no es la única fuente de petróleo en grandes cantidades; pero tiene las mayores reservas conocidas y explotadas, y to- das las demás fuentes probables de importancia ee encuentran en condiciones menos favorables, política, nacional y geográfl- camente que las pertenencias petrolíferas norteamericanas en Méjico» (1).

Al mismo tiempo, el Gobierno británico había adquirido in- tereses petrolíferos (2), y, por consiguiente, intereses en Méji.- co. Durante 1913 y 1914, la Prensa de los dos países discutió libremente la lucha petrolera que se ocultaba tras la diploma- cia del presidente Wileon y del conde Grey. El petróleo yan- qui colocó a Madero como presidente de Méjico, declaró el London Mail; pero los intereses petroleros británicos sostuvie- ron a Huerta en el Poder (3). Las discusiones sobre la situación mejicana se convirtieron en discusiones sobre las reservas pe- trolíferas. «Actualmente—declaraba una revista yanqui en 1913— la situación está vitalmente afectada por la aparición de los navíos de la marina real inglesa que usan combustible de pe- tróleo. La posición de Inglaterra como reina de los mares está en peligro. El petróleo es rey ahora, como lo fué el algodón du-